viernes, 31 de diciembre de 2010

2011



Se aferra al volante como quien se aferra a un recuerdo, pero al poco afloja los dedos y parpadea, sin dejar de mirar al frente. Sus palabras tienen un tinte de dolor, y están empapadas de preguntas, que no tienen respuesta. Le duele saber que unas puertas que nunca se habían abierto tanto tienen que cerrarse aunque ella no quiera. Saber que en este momento de su vida no se trata de entender sino de aceptar. Alrededor todo es lluvia y farolas aburridamente alineadas que dan un tono anaranjado a la calle desierta. Es cierto. Olvidar, volver a empezar, hacerse independiente y vivir con uno mismo de nuevo suena bonito y sabe que lo hará, pero cuesta, cuesta horrores. "Es esa heridita que tengo abierta, la que tanto duele, y no se puede hacer como que no existe". Y guardamos silencio. Es una herida más. La cuestión no es no mirarla, sino coserla con paciencia, y después apreciar la blanca cicatriz que recuerda amablemente a una experiencia pasada y un presente más completo. Limpiarse la sangre,sin miedo.

Somos corredores en una pista salvaje. En la vida están los héroes que corren, son los que toman decisiones, los que se lanzan a la piscina aunque a veces esté vacía, los que aguantan los rasguños, a veces profundos, pero que persiguen una meta, para la que son necesarios esos pasos agigantados y esa potencia para la que estamos capacitados y que dibuja un camino liso y recto. Luego están los corredores mediocres, que corren por la pista con el testigo del miedo, esquivando las ramas y así desviando su camino, porque no tienen una meta fija, o si la tienen simplemente consiste en no hacerse daño. En un tiempo fueron iguales que los héroes, pero se han ido encogiendo, hasta hacerse pequeños, muy pequeños. Y uno puede siempre enderezarse, correr, respirar bocanadas de aire llenando sus pulmones en lugar de respirar lo justo para no morir asfixiado; pero el tren no espera, y como bien dice la frase de "sólo tú puedes decidir qué hacer con el tiempo que se te ha dado".

El peligro es grande, puedes vivir de manera gris que no vivirás mal. Estarás sobreviviendo. Es fácil distinguir lo que es malvivir de lo que es vivir bien, pero es difícil muchas veces ver que estás siendo espectador de tu vida. Puedes pensar que estás bien porque en tu camino te encuentras a gente sentada con la cabeza agachada o que a tu parecer está haciendo el pino, pero quien te dice que no están reflexionando para saber cuando correr y cuando caminar. Y es que hay corredores de todo tipo, al igual que tienes a los que no respetan las líneas de la pista, que son blancas y muy finas, y se convierten en animales que corren a cuatro patas siguiendo un instinto. Pero no se trata de compararse con otros, no se trata de contentarse con no ser el último. Se trata de perseguir ser el primero, sabiendo que si quedas segundo porque tus condiciones ocupan el lugar serás feliz besando esa medalla.

Es normal sentir miedo al dolor, siempre que no dejemos que ese miedo guíe nuestros pasos. Depende de nosotros que el dolor nos haga bien o mal. El dolor puede revivificar, puede hacer que repensemos muchas cosas, el dolor despierta a los adormecidos porque es lo que nos recuerda que estamos vivos, pero el dolor también puede matarnos, si lo observamos como un monstruo y no como un amigo. Y si tenemos miedo a quedar los últimos en la lista de papel que mañana morirá, seremos unos verdaderos perdedores. Porque para pisar fuerte hay que tener muchas piedras en los bolsillos. Y si cuesta es bueno, dejate ayudar, unas palmaditas en la espalda, el agua de la gente que te quiere y a seguir caminando sobre las ampollas de lo vivido.


domingo, 26 de diciembre de 2010

Cerrando los ojos, un poco de Diciembre y Enero




Norah Jones. Limpiar vasos pintados a mano, mientras el frío te mira por la ventana sin poder entrar. Leer un libro, que no cualquiera, acompañada del chasquido de la leña muriendo en el salón. Abrazos, felicitaciones y turrón envueltos en sonrisas. Bailes improvisados, bromas típicas y pendientes largos. Negro, verde, rojo, dorado y plata. La colonia de ocasiones especiales, los gemelos y zapatos brillantes. Blanco para la nieve y las emociones frescas. Momentos solemnes, lágrimas sinceras y el borbotar de una risa. Chocolate caliente.

La ilusión de los niños, los puntos de inflexión de los no tan niños, los recuerdos que se quedan en cristales empañados con dibujos de árboles y declaraciones de amor, de cualquier tipo. El cariño de quien más que darse la mano nunca se la ha soltado, vuelta a casa y diálogos entre familia. Quedadas de siempre y únicas. Charlas de horas y saludos de palmadas en la espalda. Las pascualas que rodean al Niño y los Christmas que abarrotan la mesa de la entrada. Pipas húmedas. La zanahoria hecha nariz en el blanco de un muñeco que observa el romper de los paquetes y los gritos de emoción. Tumbarse en la nieve en una noche silenciosa, bajo las estrellas limpias de un cielo azul oscurísimo, mirarse y decir tan sólo dos palabras, dos palabras que no se gastan nunca : Feliz Navidad.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Asomarse al mundo


Una tarea difícil: hacer que la bicicleta, esa que pesa nada más salir de casa, se esté quieta. La usa como taburete pero en realidad es el muro el que le ayuda a asomarse al mundo. Una rodilla sobre el sillín, los brazos sobre la piedra y unos ojos intrépidos miran el mar.
Una luz de las siete de la tarde edulcora el aire e inunda las nubes de un naranja rojizo con tal vez algún toque de color caramelo poco tostado en las cortezas de los árboles. El viento enfría esas mejillas rosas y esponjosas y convierte la punta de la nariz en la bombilla de Rudolf. Los rayos del sol ya no calientan y su intensidad ya no duele.

Asómate, niño, que el mar hoy ha dado tregua, que tu madre se ha despistado, que la rueda de la bicicleta tiene como tope una piedra, que la curiosidad te invade y te llama a mostrar tu cabecita por encima del muro de la ceguera infantil.

Pero no te tires, pequeño, que el golpe de la realidad es muy duro. Sigue en tu mundo de fantasía, donde lo factible es el surrealismo, donde los amigos imaginarios son como perros fieles. No digas que ya eres mayor y no te lo creas cuando tu madre te intenta chantajear. Sé un Peter Pan temporal. Aprovecha ahora que puedes de esa inocencia regalada porque luego el mundo te pedirá demasiado y llegará un momento en que no quede nada por ofrecer. Ríe y llora. Cree en lo imposible, pícate y no respires y haz lo que te salga de dentro. Espontaneidad. El primitivismo infantil en su esencia. Respira esta ingenuidad que te impregna la piel, no cierres los ojos llenos de candor. Vive estos años de completa impunidad.
Y solo asómate un ratito, que el agua no te moje o quedarás infectado ¡Corre tierra adentro!, que las mejores aventuras son aquellas en las que no sabemos el final .

Y por desgracia en la vida te dan el fin antes de que sepas por dónde vas a empezar.

martes, 30 de noviembre de 2010

Crisis


A veces soy solo en los reflejos pero me alejo y sigo aquí. Solo me veo en los espejos, miro esta máscara que tengo por cara, un rostro que transmite parte de mi interior, parte. Y aunque el resto esté dentro, en ocasiones hasta yo misma lo desconozco.


No existe el siempre ni el nunca y ese término medio que me inunda carece de virtud y no me satisface. No te conoces nada ni te conoces del todo. Triste que no pueda mirar mi cara sin un reflejo, fotografía o dibujo. Triste que esta piel sea lo primero que miren y conozcan, que yo también mire y aparentemente conozca. Es el pellejo de estos gestos y muecas, son los ojos y los labios los que conversan con el mundo.


Yo no soy piel, músculos, sangre, vísceras y huesos. Yo soy algo desconocido para el mundo, para mi mundo, para mí.


No podré saber si lo que creo que es verdad, verdad en sí misma, es verdad absoluta. No podré saber si lo que yo creo que es lo correcto, es en sí bondad absoluta.

Y no podré hasta que no me conozca de verdad.

Vuelta a la rutina

Me envuelve la rutina otra vez o visto de otro modo los recuerdos del año pasado. Hojas que parecen cereales con ese ruido crujiente y baldosas que escupen agua cuando paso con mi bici. De vuelta a las ruedas pinchadas y a las prisas para coger el bus. Vuelta a la riñas de mi madre porque no llevo zapatos buenos para la lluvia. A las manos congeladas, al pelo mojado y a las gafas empañadas con gotitas de agua en los cristales. Vuelta a los días deprimentes afrontados con sonrisas que desaparecen en cuanto te das cuentas que los exámenes de avecinan. Al estrés, a los nervios, al ansia. Otra vez me convertiré en una rata de biblioteca, prisionera de libros o estudiante de clausura. ¡Cómo me gusta el otoño!

lunes, 22 de noviembre de 2010

Espejos


Huele a hojas mojadas. Los árboles susurran canciones sin letra y las farolas comienzan a despertarse mientras el cielo se apaga.

Camina erguida, mirando al frente. Entre sus dientes mastica un cigarrillo mojado y esconde sus manos bajo un jersey enorme y desgastado. Echa la cabeza hacia atrás despejando la capucha y dejando que su cabello rubio se empape . Le gusta sentir el agua en los ojos, y sonríe mientras los cierra sintiéndose más niña. El camino que sigue lleva a un destino que no abandonará nunca. La sensación es parecida a la de haber vivido en un agujero negro, en una estrecha madriguera llena de espejos. Sólo se veía a sí misma, y lloraba mientras sus manos embarradas escarvaban en la dirección equivocada. Pero bastó con una luz certera, que no rebotaba en niguno de los espejos de su yo. Una luz fina y fuerte, una luz que daba calor, que aclaraba su mente y espantaba fantasmas.

A veces esa luz es un consejo, un ánimo, una verdad enorme personificada en un amigo, algo que descubres tú mismo, algo tan pequeño como una bronca o tan inmenso como una sonrisa. Suelen hacer que te replantees algo, algo que en tu vida era gris aunque no lo supieras. Algo que por debajo de esas cenizas mates esconde oro, sólo tienes que soplar suavemente y admirar el brillo, como se admiran los cristales, el agua o una mirada sincera. Y esque a veces la cuestión no está en romper los espejos, la cuestión no está en matarse. A veces la cuestión es darles la vuelta, y mirar lo que ocurre alrededor. Y quien sabe, igual con el espejo dado la vuelta, puedes dirigir los rayos del sol y levantar polvo en muchos corazones.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Zombis



Si lo reconozco, tengo miedo a los zombis. Tengo horror a esos cuerpos muertos andantes. No hablan solo emiten sonidos bastante aterradores. Para mí hay varios tipos de zombis en este mundo. En una división general están los que existen de verdad y los que solo salen en las películas.
Casi todo el mundo ha pertenecido alguna vez al primer grupo, los que viven en este mundo terrenal. Tienen las características básicas: una cara demacrada y casi en estado de descomposición; ojeras bien pronunciadas; aroma a putrefacción y emisión de sonidos incomprensibles para los vivos. Más que con el nombre de zombis son conocidos como: los resacosos. Y dan miedo. Estos no comen carne humana pero vomitan varias veces, se tumban en el suelo y mienten: “Nunca más, lo juro”. Menos mal que ese estado es pasajero.
El segundo grupo, los que solo salen en las películas son todavía peores. Básicamente en el aspecto físico no cambia demasiado excepto si han sido mordidos por otros zombis les faltará alguna parte del cuerpo o un trozo de piel. En general no suelen ser muy buenos amigos y no te dan conversaciones enriquecedoras. Huelen muy mal y tienen líquidos extraños mezclados con sangre cayéndose como babas de la boca. No se lavan los dientes y tienen las uñas largas. Y lo reconozco, a mi me dan miedo.
El origen de mi fobia se remonta al año 2007. Yo feliz iba otra ve al cine a ver un película de miedo. Era de zombis. Soy leyenda con Will Smith de protagonista acompañado de un adorable pastor alemán que le acompaña en su aventura. Irónicamente los zombis que aparecen en esa película no dan tanto miedo porque no les falta ninguna parte del cuerpo (creo recordar). Pero matan al perro, bueno lo hieren y no cuento más por si alguien quiere verla. A partir de ahí les tengo pánico y es gracioso porque me encantan los orcos y su maquillaje. Yo creo sinceramente que es debido a que los zombis antes eran personas como yo y los orcos no. Los zombis contagian y te comen, los orco solo te matan(aunque según María También te comen). Y los zombis son más populares en el mundo cinematográfico.
Lo admito me asustan y me dan escalofríos pero he encontrado una solución. Veo todas y cada una de la películas y series que tengan zombis. Y creo que está funcionando porque ya no me dan tanto asco y hasta me compadezco de su causa. Es un paso, al menos es algo.

martes, 16 de noviembre de 2010

Hablar o no hablar, esa no es la cuestión


Procura siempre que cada una de tus palabras sean dulces y suaves, para el día en que te toque comértelas. Ya sabes que el hombre es dueño del silencio y esclavo de sus palabras. No por eso te tienes que quedar callado, tampoco se trata de que lo cuentes todo. simplemente..haz una simpática selección, ágil y discreta, que deje buen sabor.


Porque a veces comprometemos hablando demasiado, y perdemos amistades por callar. Lo más fácil de todo esto es cómo hacer para llegar a saber cuando las palabras valen más que el silencio, la receta: Simplemente habla o deja de hablar, y después mira a ver qué pasa, no sólo en quien te está mirando y te ha escuchado, sino en ti mismo, porque en realidad sabemos qué si y que no, cuando sí y cuando mejor no. Y no te olvides de apuntar, por aquéllo de la próxima vez.

Hielo



Está ahí, de pie, mirandome. Me río por dentro, me río de su truco de niños. Sé todo lo que pasa por su cabeza, sus gestos le traicionan, hace tiempo que le arranqué el escudo que ahora se apoya en la esquina del olvido y el recuerdo. Y no es porque sea listo, es porque la conozco. Y punto.

El daño es ya un puño que se arroja sobre piedra, las lágrimas se han congelado y sólo queda un duro hielo y frío, un helador cinismo del que me siento orgulloso en mi penosa silla ocre. Y sé que a ella no le importa. Ha estado a tiempo, y ha perdido el tiempo. De él solo queda una pasa oscura que no masticamos ninguno de los dos, y que descansa sobre el aburrido suelo, huérfana de casi todo. ¿Hay algo que se pueda rescatar entre todas estas hojas de otoño? Seguramente sí, todo es ponerse. Pero el tema es que no me da la gana. Mi cuerpo, mis ganas y mi orgullo me inclinan a mirarle con la expresión más neutra del cero absoluto. ¿Llora? Que llore, sólo me hace sentir más fuerte.

Me levanto de mi sitio, paso por delante y la ocasión me regala una sonrisa, que ella sabe igual que yo, es de plástico. Pero entonces el frío de mi mano al tacto de su suave brazo siente morir. Me retiene y yo enfadado descubro que mis ojos, que no la miran, lloran de nuevo. Me está pidiendo el cielo, me pide una palabra que mi boca se niega a crear en este aire cargado de blancos, negros, azules...sus ojos como el cielo aplastan el mio, me abren uno nuevo, que curiosamente... es el que tanto echaba de menos.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Más allá de los números



Se ha escondido. Me pregunto dónde la ha metido. Igual en el cepillo de dientes, olvidada en los últimos granos de azúcar de la cuchara, o tal vez en el viento de esta mañana, que está dando un paseo de la mano de árboles y de cabellos despeinados. Lo único que sé es que hoy la sonrisa no está en su sitio.

Sentado justo en diagonal,me deja observarle. Puedo contar las veces que levanta los ojos del papel, con expresión seria, que no concentrada. Normalmente se levanta cada rato para merodear por ahí y saludar entablando conversaciones agradables. Hoy no. Se frota las sienes, pero sé que no es el cansancio. Intenta reunir todos ésos fantasmas que revolotean, intenta ponerles nombre. Luego baja la mano, rápido, como queriendo espantarlos. Aunque cada vez hablamos más, no tengo la confianza para preguntar. Intento tranquilizarme, pidiéndo que el aburrimiento le aplaste la cabeza y le haga salir de la sala, aunque sólo sean unos minutos.
Solemos reír. Me da miedo lo que me conoce en tan sólo unos meses. Pero es un miedo que me gusta, me da seguridad. Me atrevo a calcular y me doy cuenta de que yo también le conozco algo. Eso creo... Ay, nosé. Intento concentrarme en los números. Aburridos, tremendamente aburridos. Ahí, quietos, sin decir nada. El ocho se cruza de brazos y el siete está de perfil, huyendo de mis ojos, parece que no van a entrar hasta que me levante de la silla y solucione lo que realmente ocupa mi mente. Levanto la cabeza para bostezar mejor y me doy cuenta de que él acaba de terminar de hacerlo, frotándose los ojos.

Salgo a por un zumo de naranja. Después de pelearme con la máquina y de volver con un batido de chocolate no deseado, me lo encuentro en el pasillo. Su respuesta cuando le pregunto directamente, es que está cansado. Ya, y yo desayuno puros con leche condensada. Giro la cabeza mientras le miro, como si desde otro ángulo fuera a ver algo nuevo o iluminador, pero está claro que lleva puesto un yelmo de acero sobre la cabezota, y que no me lo va a decir. Bueno, no soy quien para decirle lo que tiene que guardarse y lo que no, pero si es dolor cuanto antes se vomite, mejor.

No compensa tragar cosas sin haberlas ni siquiera masticado. Y tiene pinta de que el chico se ha pegado más de un atracón esta semana. Unas palmaditas en la espalda, y giro sobre mis pies para volver a mis ahora sumisos números, que memorizo con el ceño fruncido. Al rato se sienta quitándose el abrigo, que respira tabaco por los cuatro costados. Me mira y sonríe. Al menos la muy pilla ha salido de su escondite, no tengo por qué preocuparme. No está mal, nada mal, digo mientras redondeo repetidamente el resultado de mi operación. Compruebo y correcto.

martes, 9 de noviembre de 2010

Lo que recorre un pensamiento




Sus ojos de carbón están puestos en la nada mientras sostiene el teléfono. Pregunta por ella. Al otro lado de la línea, la secretaria se lima las uñas mientras bosteza. Cerca, un chico repeinado con una gomina que no consigue ponerle un puñetero año más de sus escasos 17, come con sus colegas a poyado en una ventana, tras la que se aprecia el parque de entrada. Por él, la chica de falda corta y labios brillantes mira de reojo a cualquier sitio que le asegure un buen reflejo para su figura, desde las lunas de los coches de segunda mano del parking hasta cualquiera de las pintarrajeadas mamparas que rodean la zona de recreo. Gira la esquina donde un par de niños intercambian cromos en el suelo, rodeados de polvo. Un negocio en el que siempre uno de ellos sale perdiendo.

En otro grupo chicos y chicas ríen mientras se reparten globos de agua. En el baño, los papeles mojados cuelgan del techo regalando gotas de jabón al suelo embarrado, y cerca en una clase se juega con plastilina. Los colores se mezclan y a veces salen muñones grisáceos que acaban rodando en la papelera de plástico e infancia. En el piso de arriba huele a raíces cuadradas, y luego está el pasillo del fondo. En él cuelgan fotos de clases graduadas.Uniforme verde, pelos generalmente oscuros y caras poco fieles pero en cualquier caso inmortales. La época de exámenes es la madre de gritos histéricos, mal humor y discusiones absurdas. Hoy es miércoles, y en 2º de letras la gente espera al profesor de la última clase. El fin desemana, un enfado, opiniones, problemas, consejos y chácharas sobre nada en especial flotan entre carpeta y mochila. Y en una mesa cualquiera, ella apoya la mejilla blanca en su mano, al lado de un idiota que saca punta a un lápiz de mina rota. Y ella piensa, piensa en unos ojos negros y en la noticia que se esconde tras ellos.

jueves, 28 de octubre de 2010

Son cien


Zanahoria:
Son cien ratos a la luz del sol, o en una oscura habitación, cien ratos tristes o alegres, pensativos o eufóricos, cien ideas que son recuerdos o sueños que tecleamos con fuerza para que se cumplan, cien historias entre las que creamos un amigo, un llanto o una sonrisa, plasmamos lo que dos ojos y los otros 4 sentidos captan, al caminar por la calle o sentados en un banco. Cien momentos de palabras que bailan,chocan, se armonizan o se hablan. Cien pequeñas esquinas llenas de telarañas y susurros de colores...

Espárrago:
Son cien veces frente al teclado, deseos o anhelos. Son cien (o más) las veces que hemos aconsejado este blog. Son cien y no son nada todavía. Son cien ilusiones, decepciones, alegrías y tristezas. Son cien, filosofías baratas, poesías, cuentos, teorías alocadas. Son cien pero no las suficientes. Son 100 posts amigos y esperamos cumplir muchos más

lunes, 25 de octubre de 2010

Para una zanahoria

Las gilipolleces más serias se dicen en los momentos más inesperados. Son como duendecillos saltarines, de la boca al aire, del aire a los oídos. Y sus consecuencias varían desde muecas de sorpresa hasta gestos de desprecio. Entonces, el origen del duendecillo maligno, la boca, se cierra de repente y aprieta labio contra labio, pero la gilipollez ya está dicha.
Maldito presente que ya es pasado. Maldito pasado que se queda en la memoria. Y ya de paso maldita memoria que no recuerda (a tiempo) la última vez que metiste la pata y no te avisa que lo vas a volver a hacer. .
Lo dicho culpen a la boca, al duendecillo o a la memoria.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Una rosa es una rosa


Quise cortar la flor
más tierna del rosal,
pensando que de amor
no me podría pinchar,
y mientras me pinchaba
me enseñó una cosa
que una rosa es una rosa es una rosa...

Y cuando abrí la mano
y la dejé caer
rompieron a sangrar
las llagas en mi piel
y con sus pétalos
me las curó mimosa
que una rosa es una rosa es una rosa...


"Una rosa es una rosa" Mecano

Los dedos tu mano sangran palabras de promesas fallidas, palabras de perdón. Respira el dolor. Y tú que pensabas que no hacía daño. Ingenuo, nadie te enseñó a soportarlo. Solo cuando caes aprendes a levantarte.

Llevas la rosa y vas quitando las espinas del tallo como si fuese un rosario. Crees que con su olor cicatrizarán las heridas pero no te das cuenta que has que entregar algo más, algo que no se compra, algo que no se ve. Pero nadie te enseñó ese secreto.

Romperán a sangrar las llemas de tus dedos. Duelen, escuencen. Cuando vuelvas a llevar una rosa ya abrás aprendido la lección con solo mirar las cicatrices de tus llemas.


viernes, 8 de octubre de 2010

Smoke your ideas


¿Cuánto pesa el humo? La película de los directores Wayne Wang y Paul Auster, Smoke (1995) me llevó a pensar en esta pregunta. El largometraje da su respuesta pero yo ofrezco la mía.
El humo pesa lo que pesan los pensamientos del que fuma, del que sostiene el cigarro. Como serpientes negras y resbaladizas en el aire se elevan desde la punta del pitillo. En esta habitación pequeña y cerrada danzan, contorsionándose. Difuminan la claridad y llenan esta sala con sus bailes desenfrenados. Son los pensamientos los que se disuelven, los que desde la punta de este cigarrillo se esparcen por la habitación afirmando su presencia en el ambiente.
Los pensamientos son el humo negro, cargan el aire, lo inundan. Hay ideas fugaces que son aquel humo que desaparece tan pronto como das la siguiente calada, son esas reflexiones que no se piensan demasiado. Pero las más importantes son las ideas arraigadas, aquellas a las que les damos vueltas y vueltas. Ésas son el humo del techo, el humo que se queda suspendido, inquieto y confuso que intenta salir pero el cuarto, como nuestra cabeza con esas ideas, lo retiene y hace que lo volvamos a respirar, que las volvamos a pensar. Esos pensamientos son el suspiro negro de mi boca, el bostezo de humo espeso de ondulas formas que nos acaricia la mejilla antes de difuminarse en el ambiente. Esas ideas, aquellas que llenan nuestras cabezas son el olor, pero no el perfume del aire que se desvanece cuando se apaga el cigarrillo sino el aroma que se queda en la ropa, en la mano, en los labios, en la memoria.
Y luego está la nicotina. Te vuelve adicto y quieres volver a fumar, necesitas volver a pensar. Pero eso es otro tema, otra cigarrillo que me haga reflexionar sobre la próxima entrada.

domingo, 3 de octubre de 2010

Al son del vals desafinado


El salón cada noche era más oscuro. Las cortinas sufrían el paso del tiempo, y las innumerables visitas ilustres habían machacado el algodón de las alfombras, que se quejaban dejando al aire sus carnes membradas. Había sombras de vaho quemado en las pantallas, y las flores dormían el eterno y seco sueño, inclinadas en una solemne reverencia a aquella mujer, alta, esbelta y con un aire melancólico de nostalgia en su gesto. Sus manos delgadas jugaban con un encendedor de plata, que se abría y cerraba con un incansable ruido metálico. Aquella cajita era lo único que brillaba con destellos tiritantes y fugaces, en aquel gris y muerto lugar.

El silencio era casi insoportable, la dejaba sorda de dolor. Caminaba de un lado para otro, intentando recordar. De vez en cuando salía al exterior, para ver si las montañas, las ovejas y el sol seguían en su sitio.

Puso su canción favorita. A él le volvía loco cada vez que esas notas del piano daban comienzo al vals. Abandonó la copa de vino en una mesilla elegante y ahora escondida bajo la suciedad espesa. La copa se apoyó, levantando un polvo sutil, que parecía querer dibujar noches de ensueño y banquetes pasados.

Sus pies pequeños y finos comenzaron a dar los pasos al son de aquel vals desafinado, y sus manos, en el aire, le invocaban. Los ojos miel de aquella joven comenzaron a llorar silenciosamente, sin querer hacer ruido, mientras un nudo se asentaba en su garganta de mármol. Pero sonrió, elevando la cabeza y llevando sus negros rizos hacia atrás. La madera crujía al descompás de la melodía. El sol, ya despierto, atisbó aquel baile a través de las rendijas de madera abrigadas por el musgo. La mujer enseñó sus párpados hinchados al nuevo día, y suspiró.

Su vestido blanco se manchaba, poco a poco. A medida que el vals cobraba fuerza, ella revivía en la estática visión de su padre. ¡Era tan pequeña! El la cogía y la elevaba, riendo. Se tropezó, pero continuaba bailando, quería ver. El piano, ella sentada en sus rodillas...

Un jarrón cayó al suelo, pero la bailarina no abrió los ojos. Vio aquel infernal agujero negro, el plomo y la sangre. Oyó los gritos, y también ella corrió, cegada por el pasado, hacia ninguna parte. Al impactar con el suelo, al fin despertó de su enfermizo sueño. Seguía en el estático salón oscuro.
Cruzó el umbral de aquella casa sin puerta que cerrar, bajó las escaleras, y dedicó una última mirada a la lápida. Le lanzó un beso mientras le decía por dentro: " La próxima vez escojo yo la canción".

lunes, 27 de septiembre de 2010

Amigas





Con la bolsa golpeando mis piernas y la caja de bombones bajo el brazo, mastico y sonrío. No pienso en nada en especial. Tal vez en algunos momentos. Todos ellos-y cuando digo todos, son todos-han sido buenos, han sido como estar en casa. Llego a mi piso y escucho el silencio. Para evitar la tristeza y pensar que seguís aquí, me pongo a teclear.

Nuestros gustos, manías, maneras de hablar y vestir, de pensar, de disfrutar, de enfadarnos y pedirnos perdón, de sonreír, nuestras maneras de mirar, de entendernos y hacernos entender, de coger el boli, gesticular, caminar, nuestras maneras de llorar y nuestras maneras de reír. Todas ellas son distintas, pero todas queríamos lo mismo este fin de semana: estar juntas. No me preguntéis cómo nos aguantamos, me he puesto a pensar, pero no llego a tanto. Me paro en el paso que dice "porque nos queremos" y he decidido añadirle el "y punto".

En el mundo hay muchos tipos de amistades. Amistades nuevas que prometen y amistades de siempre. Amistades con continuos altibajos, y amistades en las que los dos siempre están bien. Algunas son amistades independientes en las que los amigos saben que se tienen. Otras son más bien al revés. Hay muchos tipos de amigas. Las hay que te llaman siempre, y las que no lo hacen nunca. Las hay que se acuerdan de todas las fechas y las que te felicitan con un perdón añadido. Las hay que te insultan con cariño o sin él y las que se pasan de cursis. Las hay de pocas palabras y las hay que no se callan. Las que ríen por todo y las que hacen reír. Las que te entienden y otras que miran tu dedo cuando quieres que miren lo que apuntas con él. Serias y alegres. Animadas y tranquilas. Las que escriben largas cartas o mails y las que te mandan el símbolo de una carita sonriente. Las que te cuentan todo lo que les pasa y las que hablan de todo lo que curiosamente no tenga nada que ver con ellas. Hay amigas que te dicen tus defectos, y otras que te recuerdan todo lo bueno.

Y todas, todas ellas te quieren a su manera. Todas te dan la mano y llegan a tu corazón. A mi, personalmente, me encanta todo ello. Me encanta porque es la esencia de lo que somos. Me siento alegre cuando me acuerdo de cada momento juntas y el hecho de pensar que habéis venido todas aquí para vernos, es algo que hace llorar.

Muchisimas, muchisimas, muchisimas gracias por haber venido. Por lo que habéis dicho y habéis hecho. Por seguir siendo vosotras. Doy gracias por haberos conocido. Por los regalos, los bailes y las risas que devuelven a uno la vida. Desde hoy queda instaurado este plan agotador como...digamos...necesidad.

Dicen que la amistad es como una conversación que siempre resulta demasiado corta. Creo que por eso se nos pasa tan rápido el tiempo cuando hablamos. También dicen que 9 amigas son como un alma en 9 cuerpos. Y es verdad. Por eso nos cuesta tanto estar lejos. El amor a veces le pregunta a la amistad ¿Tú para qué existes si ya estoy yo? Y la amistad le responde: "Para poner una sonrisa donde tú dejas una lágrima". Pero sobre todo la amistad es muchas veces una razón para vivir con ilusión, con seguridad de que hay personas que te quieren por lo que eres y nada más. Es crecer juntas, es el paraguas de nuestras peores lluvias o el acantilado donde el grito rebota y vuelve suave como en un susurro. Esto lo digo yo y estoy segura de que pensais lo mismo. (Sino, me enfado y no respiro). Desde aquí os mando un sonoro beso a todas, porque os quiero!GRACIAS.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Disculpen

Volver a la rutina después de un increíble verano siempre cuesta y admitámoslo aunque nos pregunten qué tal la vuelta y contestemos que bien, es mentira. Pero claro, esto no es un cuento y a nadie le crece la nariz por mentir, algunos ya la tenemos demasiado grande por naturaleza. Y toda vuelta trae sus cosas buenas y otras no tan buenas. El estrés, el que no estoy en la lista de matriculados, el que no me gustan las clases por la tarde y una larga lista de quejas podrían extenderse sobre esta entrada. Pero lo primero es lo primero y para empezar antes de empezar a publicar cualquier divagación de la mente, alguna “neoparanoia” o simplemente tonterías, me gustaría disculparme. Primero porque, aunque la gente puede que no entre todos las semanas ni mucho menos, tuve ciertos problemas para abrir mi cuenta de blogger. No me aceptaba mi contraseña o más bien debería decir que no me acordaba de ella. Patético, pero cierto. Por último durante el verano no pude escribir porque siempre estaba de aquí para allá, pero guardo las experiencias para poder materializarlas en palabras.
Espero que este año sea aún más especial que el año pasado. Que la inspiración nos pille trabajando como dijo Picasso y que podamos publicarla en ZahahoriasyEspárragos.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Nunca se está lo suficientemente loco



La hierba es como una moqueta mullida y fresca que se expande por el parque como una plaga. En estos momentos te sirve de cama para echar la siesta. Te sientes parte de una sociedad troceada que comparte el gusto por un pequeña siesta después de comer. Pero no tienes sueños. Tumbado en aquel manto verde te dan ganas de hacer el ángel como recordatorio de este frío invierno. Piensas que si alguien te viera pensaría que estás loco pero te da igual porque todos, en cierto modo, estamos locos. La locura no es nada más que lo extraño, diferente de lo común pero, ¿no es la locura una manera de evadirse de lo normal? Nos extraña porque es diferente y, ¿quien te dice que lo tuyo es lo correcto? Y divagas intentando diferenciar entre los locos y los más locos que forman este mundo.
El cielo es el tope de los sueños. Desde pequeño pensaste que soñar era ir lo más arriba mejor, durante un tiempo, donde todo es posible y nada es lo suficientemente raro. Te encantan esos viajes mentales que tu no controlas. Es eso lo que los hace especiales. Intentas recordar qué has soñado esta noche pero lo único que te viene a la memoria es la sensación de relajación, como la que experimentas ahora.
El cielo está azul pero salpicado de pequeñas manchas blancas y tú no eres más que otra mancha, un loco tumbado en la hierba intentando hacer un ángel.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Es ella

Es ella quien en medio de una clase te suelta "me gustaría ahora mismo estar en una terraza italiana escuchando un concierto". Es ella en su esencia despistada y detallista, cariñosa y con determinación, generosa y abierta pero nunca lo suficientemente loca. Siempre se sorprenderá. Es ella quien se ríe y hace reír, llora y hace llorar. La manzanas verdes ácidas. Patatas fritas, huevo y chistorra. Canelones de carne. Cookies. Pinchos de tortilla. Tú y solo tú, nadie te supera. Es ella quien hace verte el lado positivo de todo, quien en una situación de estrés te enseña que hay algo más. Es ella quien se acuerda de frases ingeniosas. Es simplemente ella
Es ella quien hoy cumple 19 años, la edad "sexy". Más guapa que nunca, más ingeniosa, más espontánea, más feliz. Tu día es hoy y mañana y pasado mañana y siempre serán tus días.
Eres única María Lachiondo.

jueves, 24 de junio de 2010

Fight


Peaceful, strong and pure.

Beauty is all around us. You just have got to look. Notice the smiles, feel the sun and stop to listen. We're here to explote it all, to love and fight for our dreams in which we must always believe. Because it is worth to fight for goodness.

sábado, 19 de junio de 2010

Sonrisa en los ojos


Hace sol. Un sol que quema las cabezas y derrite los zapatos. Yo, de negro. Triste. Pero nada más. Con las manos cruzadas en la espalda,oigo el sermón sobre ella, pero es un poco más tarde cuando comienzo a escucharlo.

blablablá, todo son obviedades y palabras huecas, seguro que las ha leído en alguna parte, suenan a discurso idealista .En el fondo sé que habla mi yo sangrante y llorica, ese yo que quiere gritar sin descanso la palabra injusticia, pidiendo razones que no podría comprender. En realidad, el pastor está diciendo cosas bellas, cosas que son verdad. Su sociabilidad, su disponibilidad, la grandeza de su corazón...Peino mi cabello con una mano nerviosa y sin color. No, no, faltan cosas. Falta la serenidad de su mirada, la llamada exacta en el momento adecuado, sus bromas ingeniosas y su forma de enfadarse...Qué mas dá.Hay cosas que sólo yo sé y nadie más conoce. Y esta vez cruzo mis brazos por delante de mi torso, en un gesto rápido y casi violento.

La tierra está cubriéndolo todo, también está sellando mis labios, noto como mi corazón se enfría. Así es mejor, duele demasiado si está vivo. No se si voy a ser capaz de salir de nuevo. Estoy dentro de mí. Es el momento de la bendición. Pero mi cabeza no está inclinada ni mis ojos cerrados por ella. Estoy huyendo, nadando entre las olas de vacío en mi alma.

Dentro de mí hay muerte, odio, rencor, confusión, recuerdos agolpados, un llanto que no oye ni siquiera el silencio..Estoy perdido, completamente perdido. Llego a un precipicio sin fondo, y antes de caer balanceo mis brazos sollozando. Por fuera no soy más que un alto pasmarote que medita cabizbajo, con una mano en la frente tapando mis ojos.

Pero entonces la veo. Justo delante mío, con una sonrisa en los ojos. No es un espejjismo que me inyecte una felicidad impulsiva. Ya no necesito verla más. Sé que está conmigo. Quién me manda reducir las personas al cuerpo que las envuelve. Abro los ojos, y sonrío a cada pésame. Luego, pido volver sólo de vuelta, fumando en una meditación tranquila, como una nana. Bueno, sólo...

miércoles, 16 de junio de 2010

Musgo


En el puente de musgo, tumbada boca abajo, Susan hundía su dedo índice, jugando con las ondas que el agua le brindaba. Con la otra mano sostenía su cabeza, que por una vez, no pensaba en tantas cosas. Ya no. ¿Para qué? Mientras movía su dedo como un péndulo, sonreía con la mirada perdida. Contemplar. Eso era lo mejor en aquel momento.

Los patos también parecían felices. De repente, pensó Susan, todo el mundo tenía que dar gracias.Todos. Pero el minuto que seguía a este pensamiento le susurró la palabra suerte. Ella la tenía. Le costaba creerlo, pero por primera vez, no necesitaba más para ser feliz. De hecho, podría serlo sin muchas cosas que llenaban su día a día. Se rió por dentro, primero se rió de su estado en ese momento, parecía que le habían dado dosis de éxtasis en aquel restaurante francés, en lugar de pato a la brasa con salsa de frambuesa. Pero era más que eso. Luego se rió de ella misma, simplemente. Somos tan pequeños y tan grandes a la vez... Pequeños en nuestros cambios de humor,en nuestras limitaciones, en el orgullo que unas veces impide que sonríamos más anchamente, pero que otras muchas desaparece y nos permite dar ese abrazo a alguien que comenzaba a ser un desconocido...eso es grande.

Se dió la vuelta y se encontró con las estrellas. Las barcas pasaban cerca, con su aire enmaderado y llevando a jóvenes enamorados, alguno que creía estarlo. "tú que sabes Susan" le dijo la noche. Se encogió de hombros. Sólo sabía que tenía que cambiar sus bailarinas blancas por otras nuevas, que comenzaba a refrescar y que sus ojos se cerraban a ratos. Se levantó, aspirando el frescor de la hierba para llevarlo consigo.

Antes de salir del gran parque, se dió la vuelta. Escrutando su lugar favorito del puente, le ordenó quedarse allí, para siempre.

viernes, 11 de junio de 2010

Las notas que tú no escuchaste


La violinista de la calle está tocando nuestra canción. Las notas son seda en mis oídos y tu ausencia es la más áspera lija en mi corazón. Parece como si se hubiese colocado estratégicamente en frente de mi balcón para que me quede ensimismada mirándole cómo toca. La funda del instrumento en el suelo recoge un improvisado sueldo matinal y el perro acurrucado a los pies de su dueña es una fiera domada por la armonía de nuestra canción. Sí, tuya y mía. Esa que tú ya no escuchas por miedo a arrepentirte de tu marcha, esa que yo ya no escucho por miedo a que vuelvas a mis pensamientos más sentidos.


Pero toque quien la toque, donde sea, a quien sea y por lo que sea, siempre será nuestra canción.

miércoles, 9 de junio de 2010

Cuando me siento


Es mi paseo favorito. Cada tarde me sorprendo más de lo que me gusta el juego de luces proyectado en la piedra del paseo, la fuente que emana un chorro dorado propio de las siete de la tarde, y los bancos blancos a cada quince metros, que enseñan el inmenso mar. El tabaco, apelmazado a causa de la humedad, es de un oscuro hipnotizador.

Enciendo la pipa, despacio, mientras escruto la orilla con ojos cansados, que se han parado en un par de niños. Con pantalones cortos de tirantes y gorra redonda con visera de color ocre, juegan con su perro gris. No paran de reír. Son como las personas mayores, sólo que éstas ríen por dentro. Me recuesto en el asiento de madera. Si, es cierto, cuando pensamos en el anciano, nos vienen las quejas a lo nuevo, la autoridad, las manías...pero eso es sólo el tiempo y sus secuaces. En realidad, los viejos somos nosotros, soy yo, el jovencito.

Sonrío mientras encajo la pipa fuertemente entre mis dientes, estirando los brazos. Lo sé, tenemos un corazón pequeño, el pobre s ha acostumbrado a recibir, recibir y recibir. Y no le hemos enseñado a dar. Tiene un miedo atroz a darse, tiene miedo al fracaso, pero en realidad sé que su mayor pérdida es quedarse sin jugar, sin apostar por nada. Porque, a ver ¿qué es una vida si no se entrega? Me encanta filosofear, soltar palabrejas complicadas o sentenciar, pronunciarme apoteósicamente entre mis colegas, desgraciadamente una negación es más convincente que la afirmación bondadosa de muchas cosas. Pero a la hora de actuar... qué cobarde he sido. Todos nosotros soñamos con la libertad. A veces parezco idiota. De verdad que sí. Sé demasiado bien, que la libertad está hecha para darla, sino no vale ni el cordón de mis zapatos sucios. La confundo con el egoísmo caprichoso, que sólo obedece a mis instintos más inmediatos. Ydespués, ¿qué? Llorar, hacernos los que no entendemos nada, que la vida es injusta, que a unos tanto y a otros tan poco... Era todo tan fácil, y nos empeñamos en hacerlo todo más complicado, hasta que se vuelve en nuestra contra, entonces alzamos los brazos, ofendidos. Todavía no he conseguido echarme la culpa de muchas cosas.

Pero todo esto me gusta. En una mano tengo mis errores, y en la otra las oportunidades. He aprendido, ya sean muchas o pocas cosas. Aún así, noto que estoy nervioso, el tiempo no perdona, y tan pronto tengo veinticinco como tendré cincuenta, se habrá esfumado más de la mitad de mi vida. Todavía puedo rescatar esas personas a las que quiero, decirle a ella que la quiero, y escribir el resto del libro que tanto me gusta. La entrada de la noche me enfría la cabeza. A ver, yo... ¿a qué tengo miedo, todas esas veces que mis pies, mi lengua o mi cabeza se han parado en seco? Miro mis manos. La vida está cobrando un sentido diferente, de repente vale más que nunca. Es un regalo enorme que me ha puesto en estas dos manos.

Estoy solo, sólo si quiero. Soy mi único miedo. Me levanto lentamente, escuchando la melodía sorda de un acordeón en la lejanía. La última humareda de mi pipa huele distinto. Bajo una tormenta de verano, corro en la victoria de ser el dueño.

lunes, 7 de junio de 2010

Nadie muere simplemente deja de ser leído

-¿Parezco muerta?
Se quedó en silencio unos segundos.
-Bueno, en este momento –dijo-, no estoy muerta. Pero cuando lo estoy, es como… No sé, supongo que es como estar dentro de un libro que nadie está leyendo. Sólo puedes esperar que alguien lo saque y empiece a leer.

Este es un fragmento del libro "Las cosas que llevaban los hombre que lucharon" de Tim O'Brien. En realidad estas frases no tienen nada que ver, en una vista general, con el libro.


Nadie puede describir qué es estar muerto, qué se siente, si se siente algo. Para algunos la muerte es el paso a otra vida mejor, otros creen que alcanzaránla la paz espiritual; para otros la muerte es como un favor, un castigo, algo inevitable, algo inombrable. La muerte da sentido a la vida, hace que amemos las cosas porque sabemos que algún día ya no estarán.

Pero lo que viene a decir en este fragmento es que en realidad nadie muere simplemente deja de ser leído. Un olor, una foto, un gesto, una palabra puede revivir a una persona. No se van si les recuerdas, no se van porque dejaron huella en nuestras vidas, no se van porque su nombre no se nos olvida, no se van porque por mucho que te empeñes en pasar página ellos son parte del título de tu libro.

Es en vano luchar contra ello porque es la ley de la naturaleza y algún día nos tocará descubrirla

jueves, 3 de junio de 2010

Fascinante declaración

Tras haber estado una semana en la cama he llegado a una increíble conclusión: no me gusta estar enferma. Puede que parezca estúpido y evidente y sí lo es pero como una vez dijo Paul Valery: “Sólo las preguntas estúpidas pueden enseñarnos algo y todo lo que parece evidente oculta algo que no lo es en absoluto”. Con esta fascinante declaración no quiero aminorar el dolor de otras personas ni la gravedad de otras enfermedades.
Yo no suelo caer enferma con facilidad, pensaba que tomando Actimel todos los días era inmune a los catarros, virus, bacterias y demás pero resulta que ni las L. Casei Inmunitas son invencibles. Qué decepción. Primero descubrir que Obama no está tan dispuesto a salvar el mundo y ahora esto.
El problema no fue caer enferma, el problema fue ponerme con 38'9 de fiebre justo después de los exámenes. Muchos pensarán que mejor después que no durante y sí tienen razón. Pero cuando estás un mes hasta arriba de estrés, que te parece el día se acorta cuanto tienes que hacer millones de cosas y se alarga cuando solo tienes que estudiar, cuando llevas tanto tiempo como estudiante de clausura en la biblioteca que perece que tu cara empieza a adquirir la forma de rata, lo único que quieres es que cuando todo se acabe las vacaciones hagan acto de presencia. Solo las vacaciones, no vacaciones más fiebre, más garganta irritada, más ganglios hinchados, más desgana infinita etc.
No voy a describir detalles escabrosos como los síntomas ni tampoco diré el nombre de la enferma ( entre otras razones porque ni yo ni los médicos lo saben). Hay anécdotas graciosas como hablar por teléfono con amigas cuando mi garganta parecía un cuello hinchable y mi voz la de una niña con retraso mental; o intentar desentaponarme los oídos y luego tener la intención de llamar a BP para advertirles de otra fuga de petróleo, este vez en España, concretamente en mi nariz.
Lo mejor de todo ha sido la increíble experiencia de conocer ese lado de la noche sin dormir eso sí, esta vez sin música, sin humo, sin alcohol y sin amigas pero con sudores, mocos y acompañada de un peluche que ha sufrido tanto como yo (créanme). He intentado descubrir el lado positivo y esto es todo lo que he conseguido: recibir una gran cantidad de mimos de mis padres, a veces en exceso ( yo creo que aprovechan estas ocasiones), descubrir que mi casa está llena de alfombras y dónde se encuentran los pañuelos, saber exactamente por dónde sale el sol y a qué hora, dormir la siesta sin tener que ponerte despertador y estar exenta de broncas sobre cómo de desordenado está mi cuarto.

Rendición


Mátame con ese beso que tú solo sabes. He perdido la batalla, me rindo. Pero antes acuérdate del porqué de esta guerra. Como un credo nuestra arrogancia se estancó como un muro que nos impide hablar. La vanidad se convierte en acero y pinchos que hacen de cada palabra una arma mortal. Pero ahora mi bandera blanca ondea pacífica entre tú y yo. Parece que tú no quieres verme, yo solo espero ver cómo tu orgullo se desvanece.

lunes, 10 de mayo de 2010

Desde mi peldaño




Era uno de esos días en los que el sol comienza a estar justo arriba, calentando las coronillas. El ceño fruncido, además de proteger sus ojos oscuros, cargaba con pensamientos espesos , de frases largas, con puntos suspensivos.


Preguntas y más preguntas. A la puerta de exámenes finales, no salía de la biblioteca más que para fumar, llamar o abandonarse en un diálogo fácil. Hasta aquéllas dos semanas se había olvidado de lo que era estudiar enserio, con presión y peso. Sentía sus neuronas en funcionamiento, y el despertar de continuos porqués que buscaban una respuesta. En cuestión de minutos, su cabeza rascaba filosofías profundas para luego irse a los pensamientos más vagos y absurdos, en un popurrí de ideas.


La biblioteca estaba casi desierta. Los inteligentes y los bobos con suerte estarían disfrutando de una piscina propia del mes de Junio. Y ahí estaba ella, carpeta en la mano y lápiz en la oreja. Miraba algún punto por encima de las montañas, sin ver nada más que su pintoresca desgracia. Prefería reírse de su suerte antes de que ella. La burla sería insoportable. ¡Si al menos hubiera sido aquélla asignatura gorda y difícil! Tendría más sentido, pero no, era la más fácil, predadora de la gente confiada.


El sentido le lleva a pensar qué cosas de su vida llevan ese apellido; de ahí a darse cuenta de los resultados, de su desgracia o de su simple pesimismo. Y llegó a la frontera, cambiar su modo de pensar. Menuda estupidez. La comodidad aprieta sus neuronas y no le deja pasar, a ese mundo que atisba. Puf, ese otpimismo es demasiado alegre, parece ruido, no es real. Pero a saber qué entiende ella por real. Se ríe, ocultando su sonrisa en el hombro turquesa de gasa.


Y bueno, no pasa nada por atisbar un poco ese mundo que a veces ve y desprecia. La cabeza entre las manos, y los ojos bien abiertos. Si, hay más gente que ella en el mundo. A su lado hay una chica, sentada un peldaño más arriba. Escribe sin levantar los ojos de un folio color ocre. Qué color más feo. Sacude la cabeza y mira a su izquierda. Dos chicos fuman despacio, visten con el mismo estilo. Además se parecen. Sí, deben ser hermanos. Hablan de un partido de fútbol(Qué típico) de una serie de humor de la que se ríen demasiado alto (¿Se puede ser más patético?) y del jersey que su madre ha encogido al más guapo de ellos. Poco a poco se empieza a dar cuenta del color de sus pensamientos y de la tonalidad de sus opiniones. Son tan... ¡Grises!
Pero por hoy ya ha visto demasiado. De repente la idea de volver a los apuntes llenos de números se hace más agradable. Se levanta con los pies ardiendo, pero más ligeros. Poco a poco. En el fondo sabe que lleva tiempo intentándolo, y detrás de un paso hay otra baldosa. "Bah, que el optimismo me espere sentado, un rato".


domingo, 2 de mayo de 2010

La cordura no conoce el "Te quiero"

Perdona, porque esta loca no sabe callarse, porque su boca es independiente a la cordura. Perdona por insultarte con la mirada y pegarte con mis gestos. Perdona por no haberte mirado a los ojos cuando me hablabas, por no haber sonreído lo suficiente; por haber idealizado demasiado. Tú te lo creías todo. Perdona si levanté la voz más de lo debido y moví los brazos como si estuviera pidiendo auxilio.

Perdona si no te digo te quiero pero estos labios tienen miedo de pronunciar las palabras. Lo siento, te amo por dentro y no creo que haga falta exteriorizarlo.

viernes, 30 de abril de 2010

La gran ovación



Es una enorme tapa negra que aplasta el ambiente que su majestuosidad. Es como si un humo negro inundase el techo y amenazase con atacar. Hoy el cielo me saca furiosas fotos y yo mojada huyo de sus aplausos. Una vez en casa me llama con ira exaltada, me silba y me ilumina como una gran faro celestial. Pero yo no hago caso y la contemplo desde mi cama con una estufa canina a mis pies.

martes, 27 de abril de 2010

No me importa


Sigue. Continúa, no me importa. Creo que ya lo he oído antes. El hastío me ayuda a no tomarme enserio lo que escucho. Sólo es ruido.

Al principio me creía todo eso que soltaba tu negra perspicacia, mi razón agonizaba sin querer que tu lengua sutil y torturadora le tocara. Dolía fuerte, dentro, hasta que sólo me ayudaba cerrar los ojos reteniendo las lágrimas. Verlas es algo que no te mereces.

Pero ya me lo sé de memoria. Que detrás de A está B. Atento, he descubierto algo: tu corazón está muerto. Eso es triste, muy triste. Lo vi vivo, lo vi morir, y casi me mata. He intentado besarlo, pero golpeaste mis labios. Sellaste tu mismo esas heridas con el hilo de la amargura. Ahora me las enseñas. Pero nunca, nunca, nunca lograrás confundirme. Ese hilo no es mío.

Y sigues hablando. No sé si es la locura pero acabo de sonreír, te miro con mis ojos vacíos. No entiendo por qué lo he hecho, pero me gusta. Sólo hay espacio y odio entre los dos. No me da la gana de llorar, sólo si es porque una vez pude curarte y no lo hice. Por algo que defendíamos como entusiastas. Por algo que no sé que es.

Lo peor de todo es que las veces que me ves llorar y me miras desde tu belleza espectral, gritas por dentro hasta tocar la tapa del orgullo, que no lo deja salir. Cuando cierras la puerta, te derrumbas. Lloras cuando no te veo, cuando no estoy delante,

Y así, viviremos a puerta cerrada, dormiremos mirando a paredes distintas.

martes, 20 de abril de 2010

Lo siento, fue culpa mía

Sí esta vez fue culpa mía y lo siento.
Todo sucedió bajando la cuesta subterránea de la plaza de los fueros. Iba tranquilamente al sol, con la bici y la predisposición a pasar otra tarde de estudio en la hemeroteca como estudiante de clausura. Entonces vi a aquella niña tan feliz enseñando el bolso a su madre y frené pero no a tiempo. Era justo después de la cuesta. Lo siento, apreté el freno que no va del todo bien y le di en la cabeza. Perdón. Esta vez fue culpa mía, lo reconozco. Me paré y le froté la cabeza como mi madre hacía conmigo cuando me daba un coscorrón pero no sirvió de nada porque ella se echó a llorar. Y yo casi lloro por dentro.
Seguramente ni ella ni su madre leerán esto pero siento que no dije suficientemente "perdón".

Lo siento de verdad, esta vez fue culpa mía.

domingo, 18 de abril de 2010

La Llamada



Time it was, and what a time it was, it was
A time of innocence, a time of confidences
Long ago, it must be, I have a photograph
Preserve your memories, they're all that's left you.


Y te crees que lo habías superado, que aquellos recuerdos estaban en un limbo entre el olvido y la realidad. En ese lugar inmaterial donde los sentimientos están en pausa y no duelen. Pero recibes esa llamada y todo aquello que creías haber dejado atrás vuelve a la velocidad de la luz y te golpea en el corazón. Duele pero no lo quieres admitir. Pero no es la llamada lo que hiere sino saber que lo más próximo que estás de esa persona es a través de un teléfono.


Delante de todo el mundo has jugado una gran papel, eres una maravillosa actriz. Pensaste que hacer como si no pasaba nada iba a solucionar las cosas, que iba a hacer que todo eso fuese más fácil. Pero, lo siento, malas noticias, te equivocaste. Y ahora te planteas si todo fue un error si aquella decisión era la correcta y te culpas.

Pero recuerdas las razones que te llevaron a hacerlo. Recuerdas el porqué de la distancia. Fuisteis los dos. Fue un pacto o por lo menos te intentas convencer de ello.


No lo admitas, di que no te duele y esa mentira te resguardará del dolor hasta que llame otra vez.


Cómo duele recordar que te había olvidado.

jueves, 15 de abril de 2010

Neoparanoias de par de mañana



Los edificios se vuelven gigantes, parecen que se inclinan hacia ti como una avalancha. Todo lo que te rodea hasta lo más insignificante se vuelve imponente y su simple presencia te achanta. El cielo se vuelve bajo, las manadas de nubes te aprisionan, el aire te comprime. Las calles se vuelven estrechas, todas las ventanas están cerradas. Te sientes vacío, incompleto, solo y con miedo. El ruido del mundo se vuelve molesto, el olor de putrefacción inunda el lugar, todas es agrio y picante. Todo tan lleno y gigante alrededor y tú tan vacío y solo.
Pero es tan fácil como cerrar los ojos. Es ta fácil como poner tu canción favorita. Ahora todo es negro, los edificios no te comprimen, el ruido no te acoquina, las calles no te presionan. Ahora todo es negro y lo único que queda de aquel mundo feroz, lo único que te mantiene en tierra es tener los pies en el suelo.

miércoles, 7 de abril de 2010

Un parásito amarillo


"La envidia es tan flaca y amarilla porque muerde y no come". Francisco de Quevedo


Así es. La envidia es una de esas señoras por las que la compasión llora más amargamente, pues su razón de ser es lamentable. Este espécimen amrillento no tiene aspiraciones, y nunca se contenta con nada. Su felicidad es aplastar la de aquél que tiene a su lado, o no tan a su lado; De matar a personas que quiere y a otras que no tanto, simplemente porque posean defectos o cualidades que ellos no tienen.


Uno de sus hijos es el odio, que es otro parásito que se propaga a una velocidad de vértigo. Tan pronto como descubres que el equipo de baloncesto contrario te abuchea cuando a ti ni se te había pasado por la cabeza, y sólo animabas al tuyo propio, te dan ganas de levantarte envuelto en ira, y de dar su merecido a aquéllas personas que no saben nada, que son tan paletas que creen crecerse al desmoralizar, y que lamentablemente a veces lo consiguen. Pues el odio no tiene amigos, y divide incluso a aquéllos que comparten un mismo odio. Así, la envidia se sirve de muchos otros sentimientos para estrujar vidas, corazones, hasta sacarles el jugo, del que no pueden ni beber. No sirve para nada.


Pero sí que encuentra razones para mantenerse y retroalimentarse. Es la máxima declaración de una inferioridad absurda, pues por el simple hecho de ser tú y yo humanos, somos exactamente iguales. Puede que nos parezca que otra persona ha nacido con más suerte, o que la vida le presenta más oportunidades, pero si uno se para a pensar por unos momentos, se da cuenta de que la felicidad no está ahi, con lo cual no compensa. Es simplemente una deformación de lo que vemos, y ser feliz depende, a parte de otras cosas grandes, de una bastante importante: encontrarte. ¿Cómo vas a hacerlo si estás continuamente con el ojo izquierdo en el jardín de al lado y el derecho en la lamentación del tuyo?Abre los ojos, mira lo que tienes alrededor, porque de tanto mirar a los lados no te paras a mirarTE, y a apreciar.


Y lo peor de todo es que además de no dar frutos, la evidia mata otros muchos: la amistad puede resbalar bajo un suelo de palabras envidiosas que se ocultan en la realidad, por muy fuerte que ésta sea. No hay nada más peligroso como una persona envenenada de envidia. Ésta se alimenta de suspuestas injusticias, y mira tú por dónde pare constantemente las que resulta que sí que lo son. Critica, injuria e inventa, es una lengua viperina que sisea porpulsada por un cerebro rápido y ávido de machacar. Incuba rencor en las personas.Todavía me pregunto por qué, si al final a ninguno nos gusta.


También tiene mucha imaginación.En un grupo de amigos, por ejemplo, hay parejas de novios, amigos entre ellos. Suena bien. Dos de ellos concretamente, Se quieren mucho, pero de verdad, y están durando más de lo que nadie pensaba. Pero la señorita esquilmada se forra, y pretende arrebatar ese equilibro que va madurando , inventando historias para matar a esa chica. Le intentan quitar a su mejor amiga, y a lo que ella más quiere en el mundo, su alma gemela y amigo.Es increíble como una cosa tan miserable y baja puede acabar con cosas tan grandes y fuertes como el amor, la amistad, o simplemente una persona.


Pero un momento, ¿Quién ha dicho nada de acabar? Hay una manera de erradicar ela envidia, de no dejar que asome su nariz amarilla en la rendija de nuestras vidas, y de incluso curarla en aquéllos que la padecen. Y se resume en una palabra muy infravalorada hoy en día: el bien.


El bien es hacer las cosas por algo, por alguien. Es pensar, aprender, discernir, perdonar y ser feliz. Básicamente, es vivir intensamente cada día, de manera que busquemos ser un poco mejores, aceptando lo que somos: pequeños elementos de cuatro extremidades, hambrientos de verdad, inflándonos unos a otros el corazón, que siempre tiene heridas-ya sean buenas o malas- para que pueda latir mejor.

martes, 6 de abril de 2010

Lo que no pudo ver el barbero





Por fin he llegado. Doblo la esquina, apartando con la mano las espaldas que me interrumpen el paso, para evitar desaparecer entre ellas. Mientras doblo el mapa torpemente,observo con avidez el pequeño y hundido semicírculo cargado de arte. Nerviosa, me apresuro a buscar un sitio en las escaleras que sirven de gradas, y no es difícil, pues la mayoría de gente está de pie, inmortalizándose unos a otros con cámaras de todo tipo y condición, o caminando alrededor para observar la fontana desde todos los ángulos posibles. Asiento mi cuerpo cansado en el escalón oscuro y dejo que mis sentidos, castigados por la nostalgia de aquel lugar, disfruten por completo.

Primero cierro los ojos. Una vez he ensordecido el ruido de diálogos en tantísimos idiomas que flotan, chocándose unos contra otros en el aire, llego al brote de las fuentes. Unas son grandes y poderosas, y visualizo el agua pura y transparente que cae hundiéndose en la masa de agua de la que emergen ñas esculturas. Otras más pequeñas, ofrecen un tono más agudo y estridente, como una segunda voz inmersa en un coro de voces que salpican. Un empujón en el hombro me hace parpadear. Es la pierna de algún turista fanático que chilla a su hijo para que deje de hacerse fotos en el borde de mármol mojado. Después de mirarle retirándome la solapa del sombrero, vuelvo a acomodarme en el asiento rectangular, esta vez me centro en Neptuno, apoyando mi cara entre las dos manos, los codos clavados en las rodillas. Con la capa ondeante, y el pie adelantado, parece que vaya a salir de la escena, llevándose al agua consigo por todas las calles de Roma.

La fuerza sale por sus brazos. Bien rodeada, la gran figura central está flanqueada por dos mujeres: la abundancia y la salubridad. Son bellas, sus cuerpos arqueados hacia un lado les dan un aspecto muy femenino. Está mirando a algún punto a su izquierda, más abajo. Oh, claro, a su lado rebelde. Obvio. A mi también me encanta. Este lado está reflejado en la escultura que enseña a uno de los jóvenes que anuncian la presencia del dios de las aguas. Este hombre ha detenido la marcha intentando controlar a su jamelgo desbocado. El trompetero de la derecha, que agarra con su mano izquierda las crines del salvaje y dócil caballo a la vez,representa el lado pacífico en la personalidad de neptuno. Me parece más aburrido. Será porque...sí, una amiga me dijo una vez algo que me recuerda a lo que siento ahora. Le falta el factor sorpresa, la esencia inesperada que pueda esconder. Es...predecible.

La fuente es como un gigante que se ha comido a aquélla plaza que resulta enjuta al final. Se ha comido incluso parte de la fachada del edificio en que se apoya la fontana. Las plantas-hay más de treinta tipos diferentes-aparecen aquí y allá en un juego que te invita a buscarlas. Finalmente observo las tres lenguas de agua en forma de escalones de tamaño gradual que comienzan a los pies del dios de las aguas. el agua que descansa en la base de la fuente parece que vaa rebosar y a mojar a todos aquéllos personajillos que se apilan elevando el brazo y arrojando monedas que lanzan brillos dorados. Todos sonríen.

Yo también sonrío. Estoy viendo las tinajas esculpidas en un peñasco que surge en un extremo de la fuente, como venganza de las críticas del barbero ,que trabajaba en la plaza de la fontana di trevi, y sus ideales de perfección de medidas y espacio. Estoy segura de que aquélla mente estrecha desearía no haberlo dicho, pues ninguno de sus clientes pudo deleitarse con la visión de la fuente. Sólo veían dos tinajas insulsas. Realmente me gusta Bernini.

Sacando algunos céntimos, más que menos por diversas peticiones, estiro mi cuerpo y me acerco a la fontana. Apoyo mi mano izquierda en el borde, repleto de inscripciones con nombres y fechas, mientras con la derecha formulo un deseo despreocupado, y bastante predecible por cierto.

viernes, 26 de marzo de 2010

El Timbre

"El guión y luego van los géneros, los programas y la programación... el golpe es punto y aparte, y la ráfaga punto y seguido...; la entonación es el conjunto de rasgos tonales que conforman la curva melódica... esto no me lo estudio pero como caiga... me quiero ir a casa... ¡quiero vacaciones ya! ....".

¡¡RIIIING!!

"Tranquilidad, esta es una buena universidad, no va a pasar nada, seguramente haya sido algún capullo fumando en el baño. Bien, levántate y sal despacio como el resto. ¿Por qué no se mueve nadie? Bien, calma, están en estadoshock, no todos los días se sale de un edificio en llamas. Calma".

-¡Tranquilos! Todo va a ir bien- dijo de pie y en voz alta- levantaos despacio, ¡no os preocupéis de las cosas ahora lo más importante es salir del edificio!

Nadie se movía todo el mundo estaba alucinando. Todo el mundo miraba a aquella alumna que estaba de pie, buscando la salida de emergencia. Todo el mundo con los ojos bien abiertos seguían sin mover ni un músculo.

-Sé que esto puede parecer duro pero salgamos por la puerta muy despacio, sin pánico.
"Siguen en estado de shock, bien tengo que hacer algo".

Uno de los alumnos se levantó y se dirigió hacia ella y dijo:
-Son las siete menos cuarto y ese timbre es el aviso porque la hemoreteca cierra a las siete.

Ahora ella tenía una verdadera cara de alucinación.

martes, 23 de marzo de 2010

Estos ojos no lloran más por ti















Este adiós no maquilla un hasta luego,
este nunca no esconde un ojalá,
estas cenizas no juegan con fuego,
este ciego no mira para atrás.

Este notario firma lo que escribo,
esta letra no la protestaré,
ahórrate el acuse de recibo,
estas vísperas son las de después.

A este ruido tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre
un corazón podrido de latir.

Este pez ya no muere por tu boca,
este loco se va con otra loca,
estos ojos no lloran más por ti.
Joaquín Sabina



Tú que entrenabas esos lloriqueos ya no te sirven conmigo. Este corazón se ha vuelto fuerte, como el fénix tras las cenizas. Tu atractivos se han vuelto odiosos, tus curiosidades, manías. Tus ojos no sirven en las coartadas de tus engaños, los míos están secos de alegría y agrado.
Que me sigas queriendo no me desvela mis sueños. Mis ateridas sábanas celebran la despedida. Tus palabras edulcoradas ya no son más que los posos de este café amargo. Tus excusas de ida y venida parecen las falsas evasivas de una mujer que disfruta haciendo daño.



Que tus manos no toquen estas manos; que tus labios se resfríen; que tus caderas duerman sin alguien a su lado; que tu voz no perfore más oídos ni cuente chistes de los que nadie se ríe; que tus mentiras sean papeles mojados.

jueves, 18 de marzo de 2010

Pereza



La pereza es el ecologismo de las fuerzas llevado al máximo. Es la ausencia de pellizcos de realidad. La pereza es vagancia. La pereza es perder la ilusión, es dejar de preocuparse por las cosas. Es pasar horas sin hacer nada y no lamentarse de perder el tiempo. La pereza es la enfermedad de las personas sin voluntad y sin determinación. Lo síntomas: los brazos y piernas te pesan; estar sentado es el paraíso; la expresión de la cara es neutra con un toque amargo; las palabras se vuelven enemigas de la boca y las responsabilidades se convierten en condenas. La pereza es ver la felicidad y el trabajo como utopías.

martes, 16 de marzo de 2010

Escucha




La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha.
Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad, la locuacidad y la laringitis.(W.G Ward)

Algunos oyen con las orejas, algunos con el estómago, algunos con el bolsillo y algunos no oyen en absoluto.(K Gibran)

lunes, 15 de marzo de 2010

El erotismo de la calada

A contraluz, tu silueta desnuda
en la ventana, fumando caladas de deseo
tus caderas finas en esta bruma
negro tu cuerpo en el erotismo del momento.

Luz perezosa se cuela por tu pelo
los rayos de sol en mi piel dibujan
las más bellas letras de un te quiero
y difuminan las intensidad más pura.

Besas el cigarrillo consumiendo todo
bebes el aire que nos rodea
echas un suspiro negro y sinuoso.
Me miras y casi creo que me deseas.

sábado, 13 de marzo de 2010

Pasillos blancos



Para un ángel en la tierra

El móvil estaba esperando esa hora maldita, para gritar con todas sus fuerzas y despegar los párpados de la enfermera, que se queja soltando un largo y grave bostezo.

No ve nada y algo le oprime la barbilla. Tanteando y como puede encuentra el interruptor, que inunda la estancia de una luz clara, molesta. Debajo de su boca yace uno de sus libros favoritos.

El agua fría despierta su cuerpo adormecido y congela esas ideas que brotan sin avisar. Se mira al espejo, sonriendo anchamente justo después de lavarse los dientes. Es una chica de aspecto nórdico, con la piel clara enmarcada por un cabello grueso y rubio de reflejos pelirrojos. Tiene unas ojeras incipientes, sus ojos azul apagado despiertan del todo al conocer el frío de la mañana al salir de casa. El resto de la casa duerme. Camina a buen paso, dejando bailar al pensamiento y trasladando su mente a otra parte. No puede evitar reír disimuladamente al recordar su arrebato de genio con una compañera, que tira siempre de su paciencia con todas las armas imaginables. Se ajusta el bolso mientras esquiva a los madrugadores que andan en dirección contraria a la suya.

Sus pies resuenan en los pasillos blancos, mientras se ajusta la cofia. Se para frente a una puerta, y gira lentamente su cabeza hacia ella. Las mantas recogidas en el extremo de la cama le bastan para saber que su paciente se ha ido, como temía. Los objetos personales de aquella amiga sabia y anciana esperan de alguna mano familiar para ser llevados al recuerdo. Se apoya pesadamente en el marco de la puerta, sin apartar sus ojos de la estancia, como dando un minuto de silencio a aquél alma cándida. Vuelve al pasillo blanco, vacío y en el que pasan tantas cosas al mismo tiempo.

viernes, 12 de marzo de 2010

Recuerdos




Nada.La comida quemaba tanto como antes. Por mucho que sopláramos la sopa, el humo volvía a emerger, desafiante. Estábamos las dos en la mesa de madera, vestida de cuadros rojos y blancos, riendo mientras porcurábamos no catapultar ninguna miga de pan. Mis tíos hablaban de la rata que se había colado en el garaje, y que pondrían más veneno. Sus voces se fueron apagando mientras bajaban las escaleras que llevaban a la primera planta.

Después de quitar las migas del mantel, cogimos cada una una fruta y una zanahoria cruda. En aquella casa magnífica y tranquila, el jardín era todo humedad y verdor. Caminábamos del brazo a buen paso en una cuesta arriba, que terminaba en un trozo de tierra parduzca sembrada de altos pinos. El sol dibujaba sombras grotescas que se movían con el viento, mientras las ardillas correteaban para escalar algún pino que les salvara de nuestra repentina presencia.

Cogimos un baúl de mimbre que siempre había estado allí para la leña. Ahora estaba vacío. Después de sacudir las astillas, lo pusimos boca abajo y se convirtió entonces en un pequeño mirador. Con sólo trece años, y siendo mi prima un palo vivo, cabíamos en aquel baúl cómodamente. Esperamos a que las ardillas se dejaran ver.

Nunca había hecho eso, esperar. Algunas veces corría detrás de las gordas palomas en verano, hasta que levantaran el vuelo, y otras veces gritaba para ahuyentar a todo bicho relativamente pequeño. Pero observar en el silencio me parecía un tanto absurdo, aunque confiaba en las palabras de mi prima, que siempre disfrutaba haciéndolo.

El sol de la tarde se filtraba en los gusanos de mimbre que tejían el baúl, y tuve que cerrar el ojo izquierdo. Si movía la cabeza, me encontraría con la de Pilar.

-No veo nada- dije al fin, suspirando.
-¡Shh! ¡sacrilegio!- dijo en tono bromista y sonriendo- Vas a ahuyentarlas.

Sonreí, y seguimos esperando. De repente, me di cuenta del inmenso silencio que nos rodeaba. Sólo las hojas bailando en el viento y el canto de los pájaros se atrevían a romperlo. Si me olvidaba de mi postura y de la paciencia que no tenía, realmente era un buen sitio para pasar el rato. Retorcí la zanahoria fresca con mis dedos. Cuando se estaban tiñendo de naranja, mi prima golpeó con su codo suavemente el mío. Levanté la vista, y vi algo precioso: a menos de un metro de nosotras, dos ardillas roían frenéticamente una piña.

Observé sus manos pequeñas y juntas, recogidas por delante de su cuerpo redondo, y la cabeza en forma de triángulo, de aspecto suave. Para mi sopresa, se acercó un poco más, hasta que estuvo lo bastante cerca como para oír un suspiro. Me tensé, y procuré no respirar. Era bastante emocionante, cada vez más.

-¡Niñas!¡Vamos a poner Fraiser!

Como era de esperar, las ardillas desaparecieron, y en su lugar, el rostro sonriente de mi tía en la ventana nos invitaba a entrar en la casa.Salimos corriendo y riendo hacia la puerta.

-Gracias- y tiré el último trozo de la zanahoria antes de cerrar la puerta.

jueves, 11 de marzo de 2010

Acojonante


El ruido de los petardos excita a los hombres y acojona a la mayoría de las mujeres. Es la noche de San Juan. Hay hogueras esparcidas por la playa, son como pequeños puntos naranjas rodeados por personas hipnotizadas por la luz. El mar en su incansable acecho a las costas continúa lanzando olas, intentado alcanzar la tierra. Parece una masa negra, imponente en toda su extensión. El ruido del romper del agua contra la arena se mezclaba con los ridículos gritos femeninos y las carcajadas masculinas.

No me acuerdo si había luna llena, pero lo que sí sé es que la temperatura era la perfecta y el estado anímico del grupo, también. Era la cuarta noche que pasábamos en Salou y cada tarde llegaba la decisión crucial: ¿qué hacer?
Llegamos a la playa y nos hicimos paso entre la multitud enloquecida por el fuego y los cohetes. En un círculo nos pusimos a hablar (bueno, en realidad gritábamos porque era imposible hacerse escuchar entre tanto bullicio). En un momento dado alguien dijo:

-Estaría bien bañarse. Ahora. En el mar.

Seguidamente se escucharon las risas burlonas de las demás, excepto la mía. Dijeron que era una locura y que se les iba a correr el maquillaje y a rizar el pelo. Entre sus voces me levanté. Permanecí allí de pie un buen rato. El cielo estaba negro y yo era incapaz de ver las estrellas. Eso es muy triste. Si alguien se levanta y no puede ver la estrellas, se siente desorientado. Entonces vi el mar, color ébano, oscuro, misterioso, voraz; la plena naturaleza ante mis ojos. “Allí sí que las veré”.

Sin pensármelo, empecé a quitarme la ropa muy rápido, como si tuviese la necesidad de zambullirme en el agua cuanto antes. Corrí hacia ese inmenso gigante negro que en aquel momento me pareció una gran mandíbula con ansias de tragarme. La arena al principio estaba seca y hasta casi templada. Cuanto más me acercaba a la orilla más húmedo se volvía el suelo. El contacto con la mar hizo que un escalofrío recorriese mi cuerpo, pero no tenía frío. No paré hasta que el agua me cubrió las caderas. Sentí cómo el mar mue acariciaba. Notaba cómo las olas me abrazaban. Aquella magnitud al tacto era suave y cálida y el reflejo de la luna dejaba ver sus rugosidades. El ruido de los petardos quedaba lejos, las voces, los gritos... Yo estaba en el mar. La tierra detrás de mí seguía su vida, como si mi marcha no hubiese significado nada. Pero daba igual porque ahí estaban estáticas, fieles como cada noche, las estrellas.

Entonces la cabeza se me llenó de cosas. Me acordé de mis abuelos, de mis padres y hermanos. Imaginé todas las cosas que quería hacer ese verano, de lo que tenía planeado para el futuro. Pensé hasta en filosofía, en la religión, en la suerte que tengo de vivir. Pensé en la muerte. Aquel lío mental fue curiosamente una liberación, ahora veía las cosas claras. Y tras un breve silencio en mi cabeza, pensé en la libertad. Para mí aquello era libertad. Para mí aquello era felicidad. El mar me acunaba y el ronroneo de las olas era una nana.

Extendí los brazos y miré hacia arriba. Allí estaban las estrellas y yo era el público que las admiraba. Más tarde, me paré a pensar en aquellas personas que vieron a la luz de la luna a una joven en medio del mar, en posición de cruz y en ropa interior. Más acojonante que un petardo.

lunes, 8 de marzo de 2010

Felicidad


Sería muy patético no saber cuál es el momento más feliz de mi vida. Y esta búsqueda se está volviendo absurda y lamentable al pasar las horas y ver esta hoja en blanco.




Primero pensé en mi familia e intenté rescatar algún encuentro emotivo pero solamente fui capaz de recordar todas las desgracias que han sucedido últimamente. Después me vino a la cabeza Tersac y sí, es verdad tengo escenas maravillosas allí, pero ya pasaron y al no guardar contacto con casi nadie me pongo triste al recuperar memorias lejanas.




Luego vino la desesperación y el agobio mezclado con rabia y pereza. Y así, después de varios días de búsqueda, he decido que mi vida en mi memoria es patética o más bien yo y mi memoria somos patéticas.




Por fin tras varios intentos encontré mi momento feliz y de lo contenta que me puse pensé que iba a escrbir sobre la búsqueda de mi felicidad y el alegre encuentro de ella ( esa idea se fue enseguida de mi cabeza).




Si nos paramos a pensar : ¿Qué es realmente la felicidad? ¿es un momento? ¿es una sensación? ¿es un éxtasis efímero? Yo creo que la felicidad es muy especial para cada uno. La felicidad puede durar un segundo o una vida; puede ser solitaria o compartida; puede convertirse en una esperanza para el futuro o ser el ancla de un pasado; la felicidad son tantas cosas que se escapa de nuestras manos.




Yo espero que el momento más feliz de mi vida sea el último, los últimos momentos. Entonces después de haber hecho todo, después de haber vivido, echas la vista atrás y ves todo aquello que conseguiste. Recordaré todos aquellos momentos felices y esa misma recopilación es un momento feliz en sí mismo porque me sentiré orgullosa de lo que hize (o eso espero).


Yo no necesito grandes cosas para ser feliz, simplemente quiero vivir.