sábado, 25 de junio de 2011

Medinaceli

Había un pez en la Ciudad del cielo que surcaba las corrientes de aire.

martes, 21 de junio de 2011

Tormenta





La explanada. Pájaros de agua clavan el pico en las baldosas mientras decenas de brazos en jarra comentan el "espantoso tiempo cambiante" de la pequeña navarra. Las gotas salpican tus pies, y ves la lluvia caer, con una expresión que podría ser de soñadora o de alelamiento.


Ir a cenar, repaso del examen de mañana... de repente, el hecho de que llueva se convierte en una catástrofe y no puedes moverte de la terraza de bibliotecas ¡Está lloviendo! Sonríes de medio lado. Qué cara tienes. Pero se te ocurren otras. No tienes hambre, te duele en "cualquier sitio", estás saturada, duermes poco, quieres morirte...basta. Los ojos de tu amiga te miran con el ceño fruncido mientras señala la cortina que ahora es más fuerte y que hace nacer música allá donde golpea con sus líquidos pies.


No le has escuchado ni una palabra.De hecho ahora se te hacen latentes los tremendos truenos. Parecen pasos de un gigante, o simplemente el cabreo en estado puro. Pero debes haberle asentido, porque se empieza a quitar los zapatos. "¡Venga! ¡Que llegamos tarde!". No es mala idea, no señor.


Saléis corriendo y al poco estáis empapadas. Madre mía, es como ducharse, pero diferente. Es rompedor. Te sale reír, y mirarte sonriendo. Estúpido, sencillo y encantador. Echas la cabeza hacia atrás-con los ojos cerrados, claro que sí- y pides a la lluvia que te limpie, que borre tus ojeras y te refresque el humor. Por qué no. 


"Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir siempre". Mohandas Karamchand Gandhi

miércoles, 15 de junio de 2011

Perdóname


Quiero que te vuelvas flor. La que tú quieras. Ser flor y ser tú. Una flor de primavera.

Te recogeré del suelo y te acogerán las hojas de mi cuaderno. Serás guardián de mis palabras escritas. Estático sobre el papel, inamovible, presente.

Y no me perderé ningún cambio porque no podrás cambiar.

Y no te dejaré nunca porque siempre vendrás conmigo.

Perdóname.




Es demasiado frío este momento cuando siento que te pierdo” Amaral, Perdóname.

martes, 14 de junio de 2011

Sin que te des cuenta

Cuando me vaya con las alas rotas cruzaré el charco. Un charco que yo misma habré creado. Cuando me vaya y sin que te des cuenta, intentaré robar tu dolor.

Esta será nuestra segunda despedida. Porque: “La última vez que te vi acababan de partirnos en dos. Tú me mirabas y yo te miraba. Tenías un aire tan familiar y yo no podía reconocerte porque había sangre en tu cara y yo tenía sangre en mis ojos. Pero podría jurar por tu expresión que el dolor de tu alma era similar al mío. Y ese es el dolor que corta una línea recta a través del corazón que nosotros llamamos amor.” Hedwig and the Angry Inch "The Origin of Love"

martes, 7 de junio de 2011

Más allá, más alto


Para ti

"El silencio es muchas veces elocuente" Mercedes Lachiondo


Callas. Con los ojos cerrados y una sonrisa juguetona naciendo en tu comisura, guardas el momento en esa esquina interior. Lo sellas con el silencio, lo haces inmortal. Eso mismo hiciste ante el dolor. Tu cabeza, albergue de fuegos artificiales y de impotencia, pedía que gritaras y escupieras toda serie de argumentos. Conexos inconexos, eso era lo de menos. Pero entonces, guardabas silencio. La ira, poco a poco se transformaba en reflexión. El monstruo se dormía, tus ojos victoriosos cobraban más brillo. Brindo por la paz que habita en los dueños de sus pensamientos.

Ayer vi una mirada que lo decía todo. Era una mirada de amor, un amor que parecía salir de las cuencas de sus ojos, en forma de cascada, y aquél personaje resultaba bello. Era un actor. Ay, palabras que matáis al hombre haciéndole pobre en expresión. Fijáos en aquéllas que dialogan con el silencio, precisas y justas.

El silencio es ese fantasma que se mece en las últimas notas de una obra maestra. Es el habla de una lágrima que rueda por la desazón aliviando esa amargura y dejándola serena. El silencio lo es todo. Me gusta el silencio de los ojos que miran al cielo y de las preguntas sin respuesta. El silencio que precede a aflojar el gatillo y a una sonrisa maravillosa. Ese inquilino que se mete en las aceptaciones y en la sabiduría de los ancianos. Luego está el silencio que prosigue a haberlo dicho todo o el que alimenta desprecio.

Mi puño te aprieta ahora, magnífico amigo callado, no me dejes nunca.


El bostezo


O era negro con manchas blancas o de piel blanca con pecas negras. Sobre las piernas de su amo una barra de madera. Tan desgastada y vieja como las heridas en la cabeza de aquel elefante. Yo quise pensar que estaba bostezando, pero en realidad parecía más un grito de auxilio.
Tras la subida, aquel elefante exhausto, viejo y derrotado tenía unos segundos de descanso apoyando su trompa sobre el bordillo. Unos segundos, el tiempo que tardaba su amo en pedir más propina disimuladamente mientras acariciaba al elefante haciendo ver el esfuerzo que había hecho.
Yo quiero pensar que estaba bostezando, que pedía una caricia a los pasajeros, que suspiraba porque había desayunado demasiado aquella mañana.