domingo, 24 de enero de 2010

Palabras traviesas

Una linea blanca dibuja en la noche el aro por el que veo tu rostro. Soplo sobre el humo, y no puedo evitar sonreir. Después de todo lo que digo, las palabras que manifiestan dia a dia mi odio hacia a ti, son al final , palabras traviesas, que no obedecen al pensamiento. Sé que piensas que siempre me tendrás, y yo sé que me toca jugar al papel de dura. Pero estoy cansada...

Me recuesto en la hamaca, recordando, que al final es una medicina, una adicción que más que curarme, me mata, suavemente, y no quiero dejarla.

Aunque sabes que no podemos, te gusta el riesgo más que a mi, me da miedo. Son tantas las veces que no se lo que piensas!Con pasos nerviosos, empiezo a pensar que no quiero jugar. La vida es corta, y más aún si quiero pasarla junto a ti.

Soles de la noche

Sales afuera para estar sola aunque en realidad te gustaría estar con él. Las luces de la ciudad te parecen astros iluminando las calles. Ves las estrellas fugaces rojas y blancas que van en parejas y se mueven veloces por el asfalto. Pides un deseo y te lo susurras a ti misma.
Cierras los ojos durante tres segundos contados y cuando los vuelves a abrir ves que también hay estrellas naranjas como focos entrecortados. Las farolas te parecen soles con sus rayos saliendo disparados hacia el vacío. Sin esperarlo, te visita una brisa que te congela las mejillas y te despeina el flequillo, pero permaneces inmóvil como una estatua más de la cuidad.
Hace frío, pero no quieres entrar. Te apoyas en la pared helada pero te gustaría que fuese él quien estuviese detrás tuyo. Te gustaría que él te calentase las manos en vez de tener que meterlas en los bolsillos. Te gustaría que te abrazase por detrás y que apoyase sus barbilla en tu hombro mientras te acuna de un lado para otro.
Pero estás sola, pasando frío y viendo cómo lo que tú pensabas que eran estrellas se convierten en los faros e intermitentes de los coches. Encoges el cuello para esconder tu boca en la bufanda. Te separas de la gélida pared y en tu camino hacia el bar piensas:
"Sería gracioso ver tu cara ahora"

jueves, 21 de enero de 2010

Exaltación del amor

Luis Cernuda es un gran poeta que en su día no fue tan reconocido como se lo merecía. La tensión entre el amor y el deseo se refleja en toda su obra.
"Si el hombre pudiera decir" es la exaltación amorosa, es el amor que sobrepasa barreras puesto en palabras, es la expresión de esa impotencia, de esas bacterias que afectan al corazón y que nos hacen vulnerables. Cernuda era un genio con las palabras. Cernuda nació enamorado.
Leed poesía porque en momentos en los que uno no sabe cómo decir lo que siente, puede acudir a ella porque es el diccionario de los sentimientos.
Estos son los últimos versos de "Si el hombre pudiera decir"

Tú justificas mi existencia
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

martes, 19 de enero de 2010

Buenas noches, mi niña

Un portazo.
Se apoya contra la puerta, mientras la manga de su abrigo absorve las perlas temblorosas de su frente. Otra sentencia terminada. El veredicto: Pena de muerte.

Su cára pálida se contrae cuando a su mente vienen estas palabras negras, y siente vomitar, pero cerrando los puños, comienza a subir las escaleras. Nadie se ha despertado a pesar del ruido, de manera que, más calmado, asciende en silencio, y sin los zapatos.

El pasillo parece tranquilo, todo en la casa, hasta las humedades y las cortinas viejas parecen acogerle.

Antes de entrar en su cuarto, se para delante de una puerta sin mirarla. Pega la oreja, y siente la respiración de su niña. Una respiración de inocencia, de bondad, de dulzura.

Su ojos se llenan de lágrimas, y gira el pomo de la puerta. Sabe que es egoísta despertarla, pero quiere estar cerca de eso que tanto echa en falta, cada día. Odia el corredor de la muerte, lo odia!Le está matando a él también, y está compartiendo algo inhumano...

Pero con la cabeza fría, para evitar confusiones que sólo le volverían loco, y pensando en su bebé mas que en nada,se gira cambiando de idea, y con una sonrisa triste comienza a alejarse.

-Papá?
Sus manitas se asoman por encima de los barrotes de la cama, y adornada por unos rizos negros, sus ojos oscuros vivarachos le miran con alegría.


Su padre le abraza sin soltarla, con suavidad, queriendo que ese momento no se acabe nunca.

-Buenas noches, mi niña.

lunes, 18 de enero de 2010

Borracha de ti

Emborracharme de tu olor, de tu esencia. Emborracharme del roce de tu piel en la mía.
Que mi cabeza de vueltas y tú seas el centro.
Larzarme al vacío y caer en tus brazos.
Estar ebria de tus miradas y colocada por tus palabras susurradas en mis oídos.
Ser adicta a ti y no querer rehabilitación.


Nunca tendré resaca, tu eres la droga y el remedio.

domingo, 10 de enero de 2010

Humo de fresa


Besos de fresa y humo. Te sugiero que me beses pronto. El humo se desvanecerá en este aire que nos envuelve y la fresa será raptada por el roce de mis labios y una lengua ladrona de sabores.

viernes, 1 de enero de 2010

Te estaré esperando


Aunque era pronto, y el frío invitaba a quedarse dormitando, aquella mañana era para ella una amenaza asesina de su vida.


El té ascendía silencioso, intentando hacerle compañía, pero el viento lo hacía tiritar, y desaparecía a intervalos. Enfrente de la mesa, la ventana le enseñaba un paisaje imponente que ahora miraba con indiferencia. Sus ojos vidriosos estaban puestos en la nada propia de la incomprensión. Tan bella, y tan destrozada al mismo tiempo. Miró de soslayo la armadura, que parecía burlarse de ella. Giró la cabeza violentamente, y entonces le vió, una vez más, una de tantas, una especial.


Desayunaba en silencio, sin mirarla. Ella lo agradecía. Sabía lo grande que era el enemigo, pero no quería adivinar, nunca le había gustado, desde que era niña, y no por impaciencia, sino por miedo a lo oscuro, al misterio...


Un cuerno sonó en la distancia. Era el grito de dolor que hizo que los dos se miraran, con más intensidad que nunca.


Ésta era la mayor declaración de amor. Nad tenían que jurar que no hubieran jurado, no había verdades que contar, ni secretos que desvelar, y sin embargo, la situación lo exigía.


Se pusieron en pie. Le ayudó con la armadura, despacio, muy despacio, mientras se ahogaba en un mar de lágrimas internas. No, ¡NO! No podía llorar, sería lo peor para él.


La despedida fue un abrazo largo, en el que se decían muchas cosas, y ninguna a la vez. Ella le apartó, y sacando fuerzas de otro lugar que no era ella, le cogió fuertemente por los hombros, diciendo triunfante "te estaré esperando". En él se dibujó una sonrisa grave, mientras le apartaba un mechón rubio, y el sol les bañaba. De repente, todo era bueno, porque todo lo había aceptado.


"No mires atrás"Le susurró antes de que se alejara.


Y entonces si, lloró, en paz.