martes, 31 de mayo de 2011

A golpe de teclado





Al final nada importa. Cuando importan las cosas pequeñas el camino se difusa. A veces nos inventamos problemas, hacemos humo de cosas que no tienen fuego en ninguna de sus esquinas, y hacemos que lo más cálido nos enfríe por el hecho de no compartirlo.

Yo pienso correr lo más rápido que pueda, no porque la meta llegue antes, sino porque llego a ella dando el máximo de mi. Y como hay tantas metas como personas, sólo nosotros sabemos si hemos sido los primeros.




Si pasa, ¿Qué importa? Y si importa, ¿Qué pasa? S.J

martes, 10 de mayo de 2011

Será...



Me está mirando y sonríe. Es lo único que hace y me empieza a poner nervioso. Estoy solo en casa. Si, a ése bicho no le cuento como persona. Bah, me recuerda a mi hermano pequeño. Siempre fue un trasto. Le echo de menos. Qué mas da.

Me mira atento mientras me enciendo un cigarro. "¿Quién te crees?" Le susurro mientras miro a esos ojos... ¿Tiernos?

Exhalo el humo y con él ese pensamiento insulso, o no tan insulso, pero sigue dándome igual.

El mocoso empieza a llorar. Vaya, lo que me faltaba, y para esto no hay manual de instrucciones. No hay derecho. Se le ha caído el chupete, y no hace más que gritar abriendo la boca con ese dientecillo inferior, haciendo un ruido infernal. Me agacho, cojo el chupete y se lo pongo de manera un tanto amorfa. Parece que se está calmando, decido cogerle entre mis brazos. Por lo menos ha comido hace tiempo, eso me garantiza pocos incidentes. Le pongo frente a mí. Se parece mucho a ella. Sonrío y él comienza a dormirse. Ojalá no crezca mucho. Luego somos todos idiotas. Corremos de un lado para otro, sin pararnos a mirar alrededor, como burros con orejeras y una zanahoria en las narices. Y si eres útil, no te pienses que por eso eres importante. Que asco. Si, me da la gana de generalizar. Porque estoy harto.

Nah, los niños no saben nada. "Esto es mío, quiero eso.."No han visto ni conocido, ¡no tienen experiencia! ¿Qué es la felicidad si no tiene consciencia?. Sin embargo éste ya sabe amar. Y a mí me sigue quedando un trecho. Y no sé como lo hace el muy cabrito, pero es sencillo y sincero. ¿Será posible...?

Me entra la risa, pero mi cabeza está seria, y más lo está mi corazón. Miro por la ventana, intentando apartar los pensamientos. Parece tan fácil ser como niños...




domingo, 8 de mayo de 2011

En mi casa de plástico



Todas las mañanas un beso en mi cara amarilla, todos los días mis cabellos blancos al compás del viento. Mi casa de plástico llena de agua, cada día menos, y las vistas desde tu hogar a toda mi familia en el verde, que me mira inerte. Pero yo aquí soy feliz contigo.

Pero se te olvida, niño, se te olvida cuidarme. Poco a poco voy muriendo, y no oyes mi voz. Porque a mi no me dieron el ruido. Yo sólo se brillar o morir, esa es mi forma de hablar. Mi cuerpo ya no es de un verde intenso, mi cuerpo va perdiendo color. Me voy arrugando y hoy sólo quedan dos gotas en el suelo.


No queda agua en mi cuerpo para llorar. Agacho la cabeza, bajo mis pétalos. El sol de agosto me ayuda a expirar. Cuando me veas, no llores pequeño, que pronto volveré. Búscame en el campo que yo te voy a reconocer.

sábado, 7 de mayo de 2011

La siesta

Tienes una peca en la oreja. Es pequeña, plana y de marrón chocolate. Duermes de lado y la manta te tapa hasta la nariz. Casi no te se oye respirar. Casi ni te mueves. Casi parece que nunca te vas a despertar. Pero de vez en cuando lanzas alguna mueca o algún beso al aire. Hasta dormida parece que me quieres.
Pretendes encoger las piernas para meter los pies bajo la manta pero ésta es demasiado corta. Yo te pongo mi chaqueta y cejas en el intento.
Un mechón de tu pelo te acaricia el oído y tapa tu curiosa peca. Creo que ni tú sabes que tienes una peca ahí. Posiblemente nunca lo sabrás porque yo no te lo voy a decir, delataría mi faceta de espía en tus siestas. Y to ya no volverías a dormir como lo haces ahora.

Finisterre



Me acabo de acordar. Ha sido al comerme esa zanahoria, olvidada entre frutas y otros recuerdos.

No,no. Ha sido porque estaba sonando esa canción que empieza con temblorosos acordes de un piano vestido de polvo y negro. Te he visto conmigo, mirando las ardillas, a través del silencio y de las rendijas de un baúl de mimbre roto, y de juguetes efímeros. La ardilla se acercaba, palmeando el suelo a la vez que nuestro corazón. Pero éramos impacientes. Yo lo era. Tú mantenías la mirada fija en aquél animal, pequeño, imitabas su sonido.

Dos vasos vacíos por la mañana. Huele a tabaco y alcohol. Sonrío. Fue un día de no olvidar, de confesiones y prometernos no abandonarnos nunca. Primas, hermanas, que más da. Dos almas gemelas, dos corazones unidos por la edad, la risa, los más y los menos, especialmente juntas en los menos.

Un abrazo, una torta, miradas heladas, y sonrisas interminables han pasado de una raqueta a la otra, y siempre seguirán bailando. Y no quiero cambiarlo. Porque me gustan los enfados. Acuérdate, cuanto más grandes son, más bellas son las reconciliaciones. Sí, verdaderamente, la vida está muy bien hecha.

Barney,hach, llorar por nada y por todo, reír por algo que sólo tu y yo entendemos. Que batallemos cada una nuestros complejos, esos que siempre resultan absurdos, pero humanos en definitiva. Y luchar juntas, aunque cada una contra un mostruo distinto. Ofrecer el hombro, compartir lo bello. Déjame levantar esa copa, y... yo que sé. Brindar porque nos queremos.

jueves, 5 de mayo de 2011

La estación de tren


De perfil sus labios dibujan un corazón caído. En la estación de tren de camino a Orchha. Una sonrisa fugaz en el objetivo de mi cámara que la persigue. A contraluz una inocencia que deslumbra. La chispa que perdura en unos ojos cansados de pedir. Sin palabras con dos manos y una mirada.