viernes, 30 de abril de 2010

La gran ovación



Es una enorme tapa negra que aplasta el ambiente que su majestuosidad. Es como si un humo negro inundase el techo y amenazase con atacar. Hoy el cielo me saca furiosas fotos y yo mojada huyo de sus aplausos. Una vez en casa me llama con ira exaltada, me silba y me ilumina como una gran faro celestial. Pero yo no hago caso y la contemplo desde mi cama con una estufa canina a mis pies.

martes, 27 de abril de 2010

No me importa


Sigue. Continúa, no me importa. Creo que ya lo he oído antes. El hastío me ayuda a no tomarme enserio lo que escucho. Sólo es ruido.

Al principio me creía todo eso que soltaba tu negra perspicacia, mi razón agonizaba sin querer que tu lengua sutil y torturadora le tocara. Dolía fuerte, dentro, hasta que sólo me ayudaba cerrar los ojos reteniendo las lágrimas. Verlas es algo que no te mereces.

Pero ya me lo sé de memoria. Que detrás de A está B. Atento, he descubierto algo: tu corazón está muerto. Eso es triste, muy triste. Lo vi vivo, lo vi morir, y casi me mata. He intentado besarlo, pero golpeaste mis labios. Sellaste tu mismo esas heridas con el hilo de la amargura. Ahora me las enseñas. Pero nunca, nunca, nunca lograrás confundirme. Ese hilo no es mío.

Y sigues hablando. No sé si es la locura pero acabo de sonreír, te miro con mis ojos vacíos. No entiendo por qué lo he hecho, pero me gusta. Sólo hay espacio y odio entre los dos. No me da la gana de llorar, sólo si es porque una vez pude curarte y no lo hice. Por algo que defendíamos como entusiastas. Por algo que no sé que es.

Lo peor de todo es que las veces que me ves llorar y me miras desde tu belleza espectral, gritas por dentro hasta tocar la tapa del orgullo, que no lo deja salir. Cuando cierras la puerta, te derrumbas. Lloras cuando no te veo, cuando no estoy delante,

Y así, viviremos a puerta cerrada, dormiremos mirando a paredes distintas.

martes, 20 de abril de 2010

Lo siento, fue culpa mía

Sí esta vez fue culpa mía y lo siento.
Todo sucedió bajando la cuesta subterránea de la plaza de los fueros. Iba tranquilamente al sol, con la bici y la predisposición a pasar otra tarde de estudio en la hemeroteca como estudiante de clausura. Entonces vi a aquella niña tan feliz enseñando el bolso a su madre y frené pero no a tiempo. Era justo después de la cuesta. Lo siento, apreté el freno que no va del todo bien y le di en la cabeza. Perdón. Esta vez fue culpa mía, lo reconozco. Me paré y le froté la cabeza como mi madre hacía conmigo cuando me daba un coscorrón pero no sirvió de nada porque ella se echó a llorar. Y yo casi lloro por dentro.
Seguramente ni ella ni su madre leerán esto pero siento que no dije suficientemente "perdón".

Lo siento de verdad, esta vez fue culpa mía.

domingo, 18 de abril de 2010

La Llamada



Time it was, and what a time it was, it was
A time of innocence, a time of confidences
Long ago, it must be, I have a photograph
Preserve your memories, they're all that's left you.


Y te crees que lo habías superado, que aquellos recuerdos estaban en un limbo entre el olvido y la realidad. En ese lugar inmaterial donde los sentimientos están en pausa y no duelen. Pero recibes esa llamada y todo aquello que creías haber dejado atrás vuelve a la velocidad de la luz y te golpea en el corazón. Duele pero no lo quieres admitir. Pero no es la llamada lo que hiere sino saber que lo más próximo que estás de esa persona es a través de un teléfono.


Delante de todo el mundo has jugado una gran papel, eres una maravillosa actriz. Pensaste que hacer como si no pasaba nada iba a solucionar las cosas, que iba a hacer que todo eso fuese más fácil. Pero, lo siento, malas noticias, te equivocaste. Y ahora te planteas si todo fue un error si aquella decisión era la correcta y te culpas.

Pero recuerdas las razones que te llevaron a hacerlo. Recuerdas el porqué de la distancia. Fuisteis los dos. Fue un pacto o por lo menos te intentas convencer de ello.


No lo admitas, di que no te duele y esa mentira te resguardará del dolor hasta que llame otra vez.


Cómo duele recordar que te había olvidado.

jueves, 15 de abril de 2010

Neoparanoias de par de mañana



Los edificios se vuelven gigantes, parecen que se inclinan hacia ti como una avalancha. Todo lo que te rodea hasta lo más insignificante se vuelve imponente y su simple presencia te achanta. El cielo se vuelve bajo, las manadas de nubes te aprisionan, el aire te comprime. Las calles se vuelven estrechas, todas las ventanas están cerradas. Te sientes vacío, incompleto, solo y con miedo. El ruido del mundo se vuelve molesto, el olor de putrefacción inunda el lugar, todas es agrio y picante. Todo tan lleno y gigante alrededor y tú tan vacío y solo.
Pero es tan fácil como cerrar los ojos. Es ta fácil como poner tu canción favorita. Ahora todo es negro, los edificios no te comprimen, el ruido no te acoquina, las calles no te presionan. Ahora todo es negro y lo único que queda de aquel mundo feroz, lo único que te mantiene en tierra es tener los pies en el suelo.

miércoles, 7 de abril de 2010

Un parásito amarillo


"La envidia es tan flaca y amarilla porque muerde y no come". Francisco de Quevedo


Así es. La envidia es una de esas señoras por las que la compasión llora más amargamente, pues su razón de ser es lamentable. Este espécimen amrillento no tiene aspiraciones, y nunca se contenta con nada. Su felicidad es aplastar la de aquél que tiene a su lado, o no tan a su lado; De matar a personas que quiere y a otras que no tanto, simplemente porque posean defectos o cualidades que ellos no tienen.


Uno de sus hijos es el odio, que es otro parásito que se propaga a una velocidad de vértigo. Tan pronto como descubres que el equipo de baloncesto contrario te abuchea cuando a ti ni se te había pasado por la cabeza, y sólo animabas al tuyo propio, te dan ganas de levantarte envuelto en ira, y de dar su merecido a aquéllas personas que no saben nada, que son tan paletas que creen crecerse al desmoralizar, y que lamentablemente a veces lo consiguen. Pues el odio no tiene amigos, y divide incluso a aquéllos que comparten un mismo odio. Así, la envidia se sirve de muchos otros sentimientos para estrujar vidas, corazones, hasta sacarles el jugo, del que no pueden ni beber. No sirve para nada.


Pero sí que encuentra razones para mantenerse y retroalimentarse. Es la máxima declaración de una inferioridad absurda, pues por el simple hecho de ser tú y yo humanos, somos exactamente iguales. Puede que nos parezca que otra persona ha nacido con más suerte, o que la vida le presenta más oportunidades, pero si uno se para a pensar por unos momentos, se da cuenta de que la felicidad no está ahi, con lo cual no compensa. Es simplemente una deformación de lo que vemos, y ser feliz depende, a parte de otras cosas grandes, de una bastante importante: encontrarte. ¿Cómo vas a hacerlo si estás continuamente con el ojo izquierdo en el jardín de al lado y el derecho en la lamentación del tuyo?Abre los ojos, mira lo que tienes alrededor, porque de tanto mirar a los lados no te paras a mirarTE, y a apreciar.


Y lo peor de todo es que además de no dar frutos, la evidia mata otros muchos: la amistad puede resbalar bajo un suelo de palabras envidiosas que se ocultan en la realidad, por muy fuerte que ésta sea. No hay nada más peligroso como una persona envenenada de envidia. Ésta se alimenta de suspuestas injusticias, y mira tú por dónde pare constantemente las que resulta que sí que lo son. Critica, injuria e inventa, es una lengua viperina que sisea porpulsada por un cerebro rápido y ávido de machacar. Incuba rencor en las personas.Todavía me pregunto por qué, si al final a ninguno nos gusta.


También tiene mucha imaginación.En un grupo de amigos, por ejemplo, hay parejas de novios, amigos entre ellos. Suena bien. Dos de ellos concretamente, Se quieren mucho, pero de verdad, y están durando más de lo que nadie pensaba. Pero la señorita esquilmada se forra, y pretende arrebatar ese equilibro que va madurando , inventando historias para matar a esa chica. Le intentan quitar a su mejor amiga, y a lo que ella más quiere en el mundo, su alma gemela y amigo.Es increíble como una cosa tan miserable y baja puede acabar con cosas tan grandes y fuertes como el amor, la amistad, o simplemente una persona.


Pero un momento, ¿Quién ha dicho nada de acabar? Hay una manera de erradicar ela envidia, de no dejar que asome su nariz amarilla en la rendija de nuestras vidas, y de incluso curarla en aquéllos que la padecen. Y se resume en una palabra muy infravalorada hoy en día: el bien.


El bien es hacer las cosas por algo, por alguien. Es pensar, aprender, discernir, perdonar y ser feliz. Básicamente, es vivir intensamente cada día, de manera que busquemos ser un poco mejores, aceptando lo que somos: pequeños elementos de cuatro extremidades, hambrientos de verdad, inflándonos unos a otros el corazón, que siempre tiene heridas-ya sean buenas o malas- para que pueda latir mejor.

martes, 6 de abril de 2010

Lo que no pudo ver el barbero





Por fin he llegado. Doblo la esquina, apartando con la mano las espaldas que me interrumpen el paso, para evitar desaparecer entre ellas. Mientras doblo el mapa torpemente,observo con avidez el pequeño y hundido semicírculo cargado de arte. Nerviosa, me apresuro a buscar un sitio en las escaleras que sirven de gradas, y no es difícil, pues la mayoría de gente está de pie, inmortalizándose unos a otros con cámaras de todo tipo y condición, o caminando alrededor para observar la fontana desde todos los ángulos posibles. Asiento mi cuerpo cansado en el escalón oscuro y dejo que mis sentidos, castigados por la nostalgia de aquel lugar, disfruten por completo.

Primero cierro los ojos. Una vez he ensordecido el ruido de diálogos en tantísimos idiomas que flotan, chocándose unos contra otros en el aire, llego al brote de las fuentes. Unas son grandes y poderosas, y visualizo el agua pura y transparente que cae hundiéndose en la masa de agua de la que emergen ñas esculturas. Otras más pequeñas, ofrecen un tono más agudo y estridente, como una segunda voz inmersa en un coro de voces que salpican. Un empujón en el hombro me hace parpadear. Es la pierna de algún turista fanático que chilla a su hijo para que deje de hacerse fotos en el borde de mármol mojado. Después de mirarle retirándome la solapa del sombrero, vuelvo a acomodarme en el asiento rectangular, esta vez me centro en Neptuno, apoyando mi cara entre las dos manos, los codos clavados en las rodillas. Con la capa ondeante, y el pie adelantado, parece que vaya a salir de la escena, llevándose al agua consigo por todas las calles de Roma.

La fuerza sale por sus brazos. Bien rodeada, la gran figura central está flanqueada por dos mujeres: la abundancia y la salubridad. Son bellas, sus cuerpos arqueados hacia un lado les dan un aspecto muy femenino. Está mirando a algún punto a su izquierda, más abajo. Oh, claro, a su lado rebelde. Obvio. A mi también me encanta. Este lado está reflejado en la escultura que enseña a uno de los jóvenes que anuncian la presencia del dios de las aguas. Este hombre ha detenido la marcha intentando controlar a su jamelgo desbocado. El trompetero de la derecha, que agarra con su mano izquierda las crines del salvaje y dócil caballo a la vez,representa el lado pacífico en la personalidad de neptuno. Me parece más aburrido. Será porque...sí, una amiga me dijo una vez algo que me recuerda a lo que siento ahora. Le falta el factor sorpresa, la esencia inesperada que pueda esconder. Es...predecible.

La fuente es como un gigante que se ha comido a aquélla plaza que resulta enjuta al final. Se ha comido incluso parte de la fachada del edificio en que se apoya la fontana. Las plantas-hay más de treinta tipos diferentes-aparecen aquí y allá en un juego que te invita a buscarlas. Finalmente observo las tres lenguas de agua en forma de escalones de tamaño gradual que comienzan a los pies del dios de las aguas. el agua que descansa en la base de la fuente parece que vaa rebosar y a mojar a todos aquéllos personajillos que se apilan elevando el brazo y arrojando monedas que lanzan brillos dorados. Todos sonríen.

Yo también sonrío. Estoy viendo las tinajas esculpidas en un peñasco que surge en un extremo de la fuente, como venganza de las críticas del barbero ,que trabajaba en la plaza de la fontana di trevi, y sus ideales de perfección de medidas y espacio. Estoy segura de que aquélla mente estrecha desearía no haberlo dicho, pues ninguno de sus clientes pudo deleitarse con la visión de la fuente. Sólo veían dos tinajas insulsas. Realmente me gusta Bernini.

Sacando algunos céntimos, más que menos por diversas peticiones, estiro mi cuerpo y me acerco a la fontana. Apoyo mi mano izquierda en el borde, repleto de inscripciones con nombres y fechas, mientras con la derecha formulo un deseo despreocupado, y bastante predecible por cierto.