jueves, 24 de junio de 2010

Fight


Peaceful, strong and pure.

Beauty is all around us. You just have got to look. Notice the smiles, feel the sun and stop to listen. We're here to explote it all, to love and fight for our dreams in which we must always believe. Because it is worth to fight for goodness.

sábado, 19 de junio de 2010

Sonrisa en los ojos


Hace sol. Un sol que quema las cabezas y derrite los zapatos. Yo, de negro. Triste. Pero nada más. Con las manos cruzadas en la espalda,oigo el sermón sobre ella, pero es un poco más tarde cuando comienzo a escucharlo.

blablablá, todo son obviedades y palabras huecas, seguro que las ha leído en alguna parte, suenan a discurso idealista .En el fondo sé que habla mi yo sangrante y llorica, ese yo que quiere gritar sin descanso la palabra injusticia, pidiendo razones que no podría comprender. En realidad, el pastor está diciendo cosas bellas, cosas que son verdad. Su sociabilidad, su disponibilidad, la grandeza de su corazón...Peino mi cabello con una mano nerviosa y sin color. No, no, faltan cosas. Falta la serenidad de su mirada, la llamada exacta en el momento adecuado, sus bromas ingeniosas y su forma de enfadarse...Qué mas dá.Hay cosas que sólo yo sé y nadie más conoce. Y esta vez cruzo mis brazos por delante de mi torso, en un gesto rápido y casi violento.

La tierra está cubriéndolo todo, también está sellando mis labios, noto como mi corazón se enfría. Así es mejor, duele demasiado si está vivo. No se si voy a ser capaz de salir de nuevo. Estoy dentro de mí. Es el momento de la bendición. Pero mi cabeza no está inclinada ni mis ojos cerrados por ella. Estoy huyendo, nadando entre las olas de vacío en mi alma.

Dentro de mí hay muerte, odio, rencor, confusión, recuerdos agolpados, un llanto que no oye ni siquiera el silencio..Estoy perdido, completamente perdido. Llego a un precipicio sin fondo, y antes de caer balanceo mis brazos sollozando. Por fuera no soy más que un alto pasmarote que medita cabizbajo, con una mano en la frente tapando mis ojos.

Pero entonces la veo. Justo delante mío, con una sonrisa en los ojos. No es un espejjismo que me inyecte una felicidad impulsiva. Ya no necesito verla más. Sé que está conmigo. Quién me manda reducir las personas al cuerpo que las envuelve. Abro los ojos, y sonrío a cada pésame. Luego, pido volver sólo de vuelta, fumando en una meditación tranquila, como una nana. Bueno, sólo...

miércoles, 16 de junio de 2010

Musgo


En el puente de musgo, tumbada boca abajo, Susan hundía su dedo índice, jugando con las ondas que el agua le brindaba. Con la otra mano sostenía su cabeza, que por una vez, no pensaba en tantas cosas. Ya no. ¿Para qué? Mientras movía su dedo como un péndulo, sonreía con la mirada perdida. Contemplar. Eso era lo mejor en aquel momento.

Los patos también parecían felices. De repente, pensó Susan, todo el mundo tenía que dar gracias.Todos. Pero el minuto que seguía a este pensamiento le susurró la palabra suerte. Ella la tenía. Le costaba creerlo, pero por primera vez, no necesitaba más para ser feliz. De hecho, podría serlo sin muchas cosas que llenaban su día a día. Se rió por dentro, primero se rió de su estado en ese momento, parecía que le habían dado dosis de éxtasis en aquel restaurante francés, en lugar de pato a la brasa con salsa de frambuesa. Pero era más que eso. Luego se rió de ella misma, simplemente. Somos tan pequeños y tan grandes a la vez... Pequeños en nuestros cambios de humor,en nuestras limitaciones, en el orgullo que unas veces impide que sonríamos más anchamente, pero que otras muchas desaparece y nos permite dar ese abrazo a alguien que comenzaba a ser un desconocido...eso es grande.

Se dió la vuelta y se encontró con las estrellas. Las barcas pasaban cerca, con su aire enmaderado y llevando a jóvenes enamorados, alguno que creía estarlo. "tú que sabes Susan" le dijo la noche. Se encogió de hombros. Sólo sabía que tenía que cambiar sus bailarinas blancas por otras nuevas, que comenzaba a refrescar y que sus ojos se cerraban a ratos. Se levantó, aspirando el frescor de la hierba para llevarlo consigo.

Antes de salir del gran parque, se dió la vuelta. Escrutando su lugar favorito del puente, le ordenó quedarse allí, para siempre.

viernes, 11 de junio de 2010

Las notas que tú no escuchaste


La violinista de la calle está tocando nuestra canción. Las notas son seda en mis oídos y tu ausencia es la más áspera lija en mi corazón. Parece como si se hubiese colocado estratégicamente en frente de mi balcón para que me quede ensimismada mirándole cómo toca. La funda del instrumento en el suelo recoge un improvisado sueldo matinal y el perro acurrucado a los pies de su dueña es una fiera domada por la armonía de nuestra canción. Sí, tuya y mía. Esa que tú ya no escuchas por miedo a arrepentirte de tu marcha, esa que yo ya no escucho por miedo a que vuelvas a mis pensamientos más sentidos.


Pero toque quien la toque, donde sea, a quien sea y por lo que sea, siempre será nuestra canción.

miércoles, 9 de junio de 2010

Cuando me siento


Es mi paseo favorito. Cada tarde me sorprendo más de lo que me gusta el juego de luces proyectado en la piedra del paseo, la fuente que emana un chorro dorado propio de las siete de la tarde, y los bancos blancos a cada quince metros, que enseñan el inmenso mar. El tabaco, apelmazado a causa de la humedad, es de un oscuro hipnotizador.

Enciendo la pipa, despacio, mientras escruto la orilla con ojos cansados, que se han parado en un par de niños. Con pantalones cortos de tirantes y gorra redonda con visera de color ocre, juegan con su perro gris. No paran de reír. Son como las personas mayores, sólo que éstas ríen por dentro. Me recuesto en el asiento de madera. Si, es cierto, cuando pensamos en el anciano, nos vienen las quejas a lo nuevo, la autoridad, las manías...pero eso es sólo el tiempo y sus secuaces. En realidad, los viejos somos nosotros, soy yo, el jovencito.

Sonrío mientras encajo la pipa fuertemente entre mis dientes, estirando los brazos. Lo sé, tenemos un corazón pequeño, el pobre s ha acostumbrado a recibir, recibir y recibir. Y no le hemos enseñado a dar. Tiene un miedo atroz a darse, tiene miedo al fracaso, pero en realidad sé que su mayor pérdida es quedarse sin jugar, sin apostar por nada. Porque, a ver ¿qué es una vida si no se entrega? Me encanta filosofear, soltar palabrejas complicadas o sentenciar, pronunciarme apoteósicamente entre mis colegas, desgraciadamente una negación es más convincente que la afirmación bondadosa de muchas cosas. Pero a la hora de actuar... qué cobarde he sido. Todos nosotros soñamos con la libertad. A veces parezco idiota. De verdad que sí. Sé demasiado bien, que la libertad está hecha para darla, sino no vale ni el cordón de mis zapatos sucios. La confundo con el egoísmo caprichoso, que sólo obedece a mis instintos más inmediatos. Ydespués, ¿qué? Llorar, hacernos los que no entendemos nada, que la vida es injusta, que a unos tanto y a otros tan poco... Era todo tan fácil, y nos empeñamos en hacerlo todo más complicado, hasta que se vuelve en nuestra contra, entonces alzamos los brazos, ofendidos. Todavía no he conseguido echarme la culpa de muchas cosas.

Pero todo esto me gusta. En una mano tengo mis errores, y en la otra las oportunidades. He aprendido, ya sean muchas o pocas cosas. Aún así, noto que estoy nervioso, el tiempo no perdona, y tan pronto tengo veinticinco como tendré cincuenta, se habrá esfumado más de la mitad de mi vida. Todavía puedo rescatar esas personas a las que quiero, decirle a ella que la quiero, y escribir el resto del libro que tanto me gusta. La entrada de la noche me enfría la cabeza. A ver, yo... ¿a qué tengo miedo, todas esas veces que mis pies, mi lengua o mi cabeza se han parado en seco? Miro mis manos. La vida está cobrando un sentido diferente, de repente vale más que nunca. Es un regalo enorme que me ha puesto en estas dos manos.

Estoy solo, sólo si quiero. Soy mi único miedo. Me levanto lentamente, escuchando la melodía sorda de un acordeón en la lejanía. La última humareda de mi pipa huele distinto. Bajo una tormenta de verano, corro en la victoria de ser el dueño.

lunes, 7 de junio de 2010

Nadie muere simplemente deja de ser leído

-¿Parezco muerta?
Se quedó en silencio unos segundos.
-Bueno, en este momento –dijo-, no estoy muerta. Pero cuando lo estoy, es como… No sé, supongo que es como estar dentro de un libro que nadie está leyendo. Sólo puedes esperar que alguien lo saque y empiece a leer.

Este es un fragmento del libro "Las cosas que llevaban los hombre que lucharon" de Tim O'Brien. En realidad estas frases no tienen nada que ver, en una vista general, con el libro.


Nadie puede describir qué es estar muerto, qué se siente, si se siente algo. Para algunos la muerte es el paso a otra vida mejor, otros creen que alcanzaránla la paz espiritual; para otros la muerte es como un favor, un castigo, algo inevitable, algo inombrable. La muerte da sentido a la vida, hace que amemos las cosas porque sabemos que algún día ya no estarán.

Pero lo que viene a decir en este fragmento es que en realidad nadie muere simplemente deja de ser leído. Un olor, una foto, un gesto, una palabra puede revivir a una persona. No se van si les recuerdas, no se van porque dejaron huella en nuestras vidas, no se van porque su nombre no se nos olvida, no se van porque por mucho que te empeñes en pasar página ellos son parte del título de tu libro.

Es en vano luchar contra ello porque es la ley de la naturaleza y algún día nos tocará descubrirla

jueves, 3 de junio de 2010

Fascinante declaración

Tras haber estado una semana en la cama he llegado a una increíble conclusión: no me gusta estar enferma. Puede que parezca estúpido y evidente y sí lo es pero como una vez dijo Paul Valery: “Sólo las preguntas estúpidas pueden enseñarnos algo y todo lo que parece evidente oculta algo que no lo es en absoluto”. Con esta fascinante declaración no quiero aminorar el dolor de otras personas ni la gravedad de otras enfermedades.
Yo no suelo caer enferma con facilidad, pensaba que tomando Actimel todos los días era inmune a los catarros, virus, bacterias y demás pero resulta que ni las L. Casei Inmunitas son invencibles. Qué decepción. Primero descubrir que Obama no está tan dispuesto a salvar el mundo y ahora esto.
El problema no fue caer enferma, el problema fue ponerme con 38'9 de fiebre justo después de los exámenes. Muchos pensarán que mejor después que no durante y sí tienen razón. Pero cuando estás un mes hasta arriba de estrés, que te parece el día se acorta cuanto tienes que hacer millones de cosas y se alarga cuando solo tienes que estudiar, cuando llevas tanto tiempo como estudiante de clausura en la biblioteca que perece que tu cara empieza a adquirir la forma de rata, lo único que quieres es que cuando todo se acabe las vacaciones hagan acto de presencia. Solo las vacaciones, no vacaciones más fiebre, más garganta irritada, más ganglios hinchados, más desgana infinita etc.
No voy a describir detalles escabrosos como los síntomas ni tampoco diré el nombre de la enferma ( entre otras razones porque ni yo ni los médicos lo saben). Hay anécdotas graciosas como hablar por teléfono con amigas cuando mi garganta parecía un cuello hinchable y mi voz la de una niña con retraso mental; o intentar desentaponarme los oídos y luego tener la intención de llamar a BP para advertirles de otra fuga de petróleo, este vez en España, concretamente en mi nariz.
Lo mejor de todo ha sido la increíble experiencia de conocer ese lado de la noche sin dormir eso sí, esta vez sin música, sin humo, sin alcohol y sin amigas pero con sudores, mocos y acompañada de un peluche que ha sufrido tanto como yo (créanme). He intentado descubrir el lado positivo y esto es todo lo que he conseguido: recibir una gran cantidad de mimos de mis padres, a veces en exceso ( yo creo que aprovechan estas ocasiones), descubrir que mi casa está llena de alfombras y dónde se encuentran los pañuelos, saber exactamente por dónde sale el sol y a qué hora, dormir la siesta sin tener que ponerte despertador y estar exenta de broncas sobre cómo de desordenado está mi cuarto.

Rendición


Mátame con ese beso que tú solo sabes. He perdido la batalla, me rindo. Pero antes acuérdate del porqué de esta guerra. Como un credo nuestra arrogancia se estancó como un muro que nos impide hablar. La vanidad se convierte en acero y pinchos que hacen de cada palabra una arma mortal. Pero ahora mi bandera blanca ondea pacífica entre tú y yo. Parece que tú no quieres verme, yo solo espero ver cómo tu orgullo se desvanece.