sábado, 29 de enero de 2011

Monedas de cinco céntimos


Por favor, sonríe. Vas caminando y te miras los pies, cuando tienes un sol, un cielo y un verde que está hecho para ti. Para que te tumbes, para que corras, para que te recrees como quieras. ¿Para qué estan tus ojos, para qué tienes un sentir?A por las cosas grandes.


La gente que pasa a tu lado, no pasa por casualidad. Si te chocas con alguien, será por algo, igual que alargar un minuto la conversación con la dependienta de aquélla pastelería que te abre su corazón. La vida son momentos. La vida es el presente, de ti depende que sea memorable o no. De ti depende que disfrutes porque merece la pena y lo sabes, de ti depende que cumplas tus sueños. Los sueños sueños son, sólo cuando nos quedamos mirando las estrellas, en lugar de intentar cogerlas. Esas oportunidades pasan, pero no te preocupes, porque como dice una gran persona, en esta vida nada es irreversible.


Si no has podido ir a ese país que flotaba en el vaso de tus mejores brindis, será porque el sitio del que te has de enamorar es otro... La belleza de vivir es que las baldosas del suelo no son fijas. van cambiando de forma. Cuando menos te lo esperas todo cambia de color. Pero lo que nunca cambia, lo que cada vez es más grande es la confianza, la esperanza, la alegría, el amor, lo natural, lo bueno. Si tú quieres.


Nunca dejes de mirar al frente, de levantar la vista cada vez que un golpe te haga agacharla. Que no te engañen las sonrisas de plástico, las monedas de cinco céntimos, las falsas promesas y las alegrías efímeras, no te aferres ni hagas de ellas algo más que pan para picar, para disfrutar y aprender, para que te lleve a saltar a reflexiones tan bellas como nunca habías pensado.


Y hacer locuras de vez en cuando. Porque la vida es un viaje, con un destino que en parte fijas tú, con vértigos, tormentas y días de sol. Y merece la pena embarcarse en tu aventura particular con los ojos vendados y las reglas básicas, dando la mano al cielo. Repito, Sonríe por favor.

jueves, 20 de enero de 2011

Yo sí me acuerdo de ti

Yo sí me acuerdo de ti. Y hoy cuando te he visto llegar atropelladamente algo ha saltado en mi cabeza, una sensación infantil e ingenua. Has abierto la puerta del recinto de mi casa porque tienes tu coche en el garaje, sin mirar hacia atrás. Pero cuando has vuelto la cabeza al oír que la puerta en vez de cerrarse se ha chocado con algo te has percatado que iba con la bicicleta por detrás. Un efímero contacto visual, un “perdón” de tu parte por no haberme sujetado la puerta y un “tranquilo” fugado de mi boca mientras nos alejábamos, tú al garaje, yo al portal.
Sigues igual o por lo menos como yo te recuerdo. Alto, moreno con pelo muy muy corto y unas entradas pronunciadas; unos ojos rasgados, de color claro creo y una boca grande pero no excesivamente carnosa. Trabajabas en el supermercado llevando los carritos de la compra y yo siempre esperaba que te tocase llevar el nuestro. Recuerdo tus pasos agigantados, tus manos fuertes y esa energía. Siempre lo hacías con ganas y eso deja huella.
Yo sí me acuerdo de ti y he estado a punto de acercarme y decirte en un tono nervioso y con una voz educada:

“Puede que usted no se acuerde de mi, pero yo sí de usted, Jose. Trabajaba en el supermercado llevando los carritos de la compra a las casas. Yo era pequeña. Me acuerdo porque parecía que solo llevase la comida a mi casa, siempre tan dispuesto y sonriente. Yo me acuerdo y ahora que le he visto me ha venido a la mente y solo quería decirle gracias”

martes, 18 de enero de 2011

La sombra



Al despertar de un sueño, buscas
Tu juventud, como si fuera el cuerpo
Del camarada que durmiese
A tu lado y que al alba no encuentras.


Ausencia conocida, nueva siempre,
Con la cual no te hallas. Y aunque acaso
Hoy tú seas más de lo que era
El mozo ido, todavía


Sin voz le llamas, cuántas veces;
Olvidado que de su mocedad se alimentaba
Aquella pena aguda, la conciencia
De tu vivir de ayer. Ahora,


Ida también, es sólo
Un vago malestar, una inconsciencia
Acallando el pasado, dejando indiferente
Al otro que tú eres, sin pena, sin alivio.







viernes, 14 de enero de 2011

Por las noches

Por las noches te acecha el vacío. En la soledad la oscuridad es más aterradora. Qué llegue pronto Morfeo y te abrace fuerte para huir de los pensamientos más tristes. Das vueltas en la cama buscando el trozo de almohada más fresco. Giras la colcha hasta que te encuentras con que la parte más larga cae por los lados de la cama y la corta no te llega a tapar los pies. Te visitan los nervios, te visita la luna por la ventana y te visitan esos pensamientos de los que huías. Abres los ojos y miras a un techo desnudo de una habitación silenciosa. Y todas esas sensación que habías mantenido a raya te atacan donde más duele. Te mantienen despierta y dudas y te reafirmas para luego caer en la típica pregunta de: ¿Qué habría pasado si...?

Pero si el pasado corre, el futuro va al galope y un presente lleno de fallos y pasos en falso se achanca. Junto con ese presente herido, tú y tus pensamientos nocturnos. No hiciste esa evaluación continua de tus actos y ahora vas repasando cada uno de tus pasos pero solo eres capaz de ver los errores. Y aunque ahora las equivocaciones parezcan colosos son solo una fina niebla y pequeñas gotas de rocío de la aurora de tu vida. Ya habrá tiempo al final, al atardecer de estimar todas tus acciones.

Y ahora, duerme.

¿Cómo te atreves?



Cómo te atreves a mirarme de esa forma, me obligas a recordar cuando todo lo que quiero es olvidarte. Cómo te atreves a decirme que me llamarías cuando sabes que necesito un poco de paz en mi mente.
Es ese áurea que te rodea, que me rodeaba, lo que me atrae. Son esos recuerdos teñidos de felididad, son esas palabras estancadas en el pasado, es esa tensión no resuelta. Orgullo, tal vez, sazonado con un poco de rabia y de melancolía lo que hace que me mantenga firme.
Los dos sabemos que solo hay una salida a este baile. La música de esa guitarra dolorida se desvanece y la última nota es el punto y final. Un saludo de cordialidad, una sonrisa tímida quizás y media vuelta al mundo real.

sábado, 1 de enero de 2011

Conceptos




La confianza es un arma de doble filo. Con ella se obtienen conversaciones fluidas, o silencios nunca incómodos. Se logra la sonrisa fácil, la comodidad y el conocer al herido por esta confianza. Pero la confianza puede hacer daño, desde coger cosas sin pedir prestado hasta meter la nariz demasiado. Y es que muchas veces pensamos que sabemos todo de esa persona, pero matamos el respeto y nos creamos derechos, como el de exigir, sentenciar o amenazar, y lo peligroso de esto es que a veces no nos damos cuenta. Pensábamos que sólo echábamos una mano, pero al final de ella estaba el cuchillo. La delicadeza en cambio es como una pluma, discreta, ligera y que se posa con paciencia, sin clavarse en el suelo confundiendo el lugar que le corresponde y ahogando la tierra dejándola estéril. La pluma alivia con su suavidad y hace cosquillas al triste. Ser pluma es muchas veces escuchar, intentar entender y olvidarse de sí antes de pedir o pasarse de listo. Es aconsejar suavemente en lugar de lanzar la cuchillada sin mirar ni donde atinamos, o arrollar con un consejo que es casi una imposición. Y la pluma como es callada y pura, a veces se confunde malamente con la cobardía. Pero es de sabios guardar el silencio conveniente y esperar lo que la vida pide para asentarse donde corresponda, para así no jugar a mover el brazo y que alguien sangre, aunque sea sin querer.