miércoles, 28 de septiembre de 2011

Caracol, col, col



No sé bien cuánto tiempo estuve ahí, tumbado, mirando al caracol. O más bien, la casa del caracol. Intentaba hacerme el distraído, con una mano en el bolsillo y la otra meciendo a mi yoyó, sin mirarlo más que alguna vez, de reojo. Aunque dentro de su casa redonda, parecía verme, pues sólo cuando me alejaba mucho, empezaba a asomar sus ojos largos color de alga. Cansado del juego, probé con otra técnica. Me acercé y canté esa canción, que oía siempre a mis hermanas. Pero no había sol. Qué absurdo, el caracol no es tonto. Además, como salga y vea que no hay sol, se enfadará y no volverá a visitarme nunca, como aquélla vez que apareció en mi mano, cuando desperté en la cubierta un día de lluvia. Después de mucho cantar, prefiero dejarle dormir. Igual no le gusta como canto. Como mañana no salga, lo aplasto.

domingo, 11 de septiembre de 2011

El kit de cerveza

Paseando por la ciudad de Columbia, Misuri, entré en lo que parecía una tienda de malabares buscando un diábolo.
INCOHERENCIA AMERICANA NÚMERO 1
- En aquella tienda vendían, además de diábolos, un kit para hacer tu propia cerveza. Hasta aquí todo suena normal. Dicho fantástico kit lo pueden comprar personas a partir de 18 años. La edad para beber legalmente no es hasta los 21.
Estupendo. Pueden conducir a los 16, esperan dos años y compran el kit para hacer su propia cerveza. Empiezan la cosecha. La dejan fermentar durante 3 largos años y cuando tienen 21 años, hartos ya de esperar se beben la cerveza mientras conducen.