18:04; el sol empezaba a esconderse.
Pedaleaba tranquilamente por la calle con giros suaves. Pasé al lado de un niño de unos 10 años con un bocata en la mano. Entonces aquel niño pensó que era una carrera, que le retaba a ganarme y empezó a correr.
Corría y comía el bocata a la vez. Yo aminoré la velocidad para dejarle ganar pensando que se cansaría enseguida. Esta equivocada.
Desde la plaza de Esquiroz hasta el comienzo da la avenida de Galicia. Solo paramos una vez y porque el semáforo esta en rojo.
Él por delante y mirando de reojo atrás para ver que le seguía. Él en cabeza ganando y yo pedaleando más lento que nunca.
Cuando nuestros caminos se separaron, él seguía corriendo por una bocacalle. Yo intenté alcanzarle por otro camino, pedaleé lo más rápido que pude. Pero no conseguí llegar antes.
El niño había ganado.
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viernes, 25 de marzo de 2011
La carrera
viernes, 30 de abril de 2010
La gran ovación

Es una enorme tapa negra que aplasta el ambiente que su majestuosidad. Es como si un humo negro inundase el techo y amenazase con atacar. Hoy el cielo me saca furiosas fotos y yo mojada huyo de sus aplausos. Una vez en casa me llama con ira exaltada, me silba y me ilumina como una gran faro celestial. Pero yo no hago caso y la contemplo desde mi cama con una estufa canina a mis pies.
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