lunes, 28 de marzo de 2011

Dos caras de una moneda


Los dos estaban sentados. Los dos con una copa en la mano y los dos las mismas manías. El más joven seguía haciendo preguntas.

-¿Y qué pasó después?- estrujó la colilla mientras el anciano tragaba dos pastillas de un golpe y bebía despacio.


-Ese fue el trabajo de mi vida. Y no lo digo precisamente en el sentido que puedes pensar. Ese trabajo me dió la vida y me la quitó al mismo tiempo. Llegar a casa cuando todos están dormidos, con "funcionario" escrito en la frente y reuniones aplazadas que algún día tendrían que llegar. Discusiones, mal humor, y un cansancio continuo eran parte de mí, anque quisiera arrancarlo y me odiara por ello. Veinte y treinta años después seguía sentado en la misma silla, por haber escogido el dinero en lugar de la ilusión.


-Pero lo hacías para mantener a tu mujer, para... - achinó los ojos forzando su corta vista para contar los hijos que posaban con expresión indiferente en un marco detrás del señor Fitzsgerald- para que tus tres hijos vivieran bien.


-Uno ha de hacer lo que quiere, sino no ayudará al resto. Me engañé, pensando que así los mantendría, pero no hay nada de bueno en que tu hijo, con un par de zapatos más en el armario, no pueda ver a su padre más que en misa los domingos.

El silencio se impuso de nuevo. El joven agachaba la cabeza, reflexivo, mientras su dialogante permanecía sentado, impasible y esperando nuevas preguntas.

-Tu mujer-. Suavizó el tono de voz, y miraba atento para ver en qué parte de sus sensibilidad caía la afirmación dudosa- nunca te dejó a pesar de todo. Me la has descrito y parece... perfecta


-Es perfecta. Es mi mujer. Y no, no me dejó. Sabía que yo estaba por ahí dentro, respirando e intentando salir- Se frotó los dedos amarillentos de la mano derecha con la mirada perdida- tenía fe en mi.


-Bien... - Thomas frotó las manos una contra otra, como si no quisiera dejar escapar la decisión que se cocía dentro de ellas. Apoyó sus manos en el lavabo, mirando al anciano que se ajustaba las gafas, sonriendo.- es todo cuanto quería saber.


-Adelante. Las mejores decisiones son aquéllas guiadas por una ilusión, no las que ya están resueltas. Recuérdalo siempre, y estáte atento a ese engaño.

Thomas cerró los ojos, un momento. Cuando los abrió y había dejado de pensar, en el espejo estaba sólo él. Realmente no quería ser ese sir Fitzsgerald. El era Thomas Fitzgerald, un luchador y no una víctima de los sillones de ala ancha, de esos que no te dejan ver nada.Para ti, amigo y alma gemela.

viernes, 25 de marzo de 2011

La carrera

18:04; el sol empezaba a esconderse.
Pedaleaba tranquilamente por la calle con giros suaves. Pasé al lado de un niño de unos 10 años con un bocata en la mano. Entonces aquel niño pensó que era una carrera, que le retaba a ganarme y empezó a correr.
Corría y comía el bocata a la vez. Yo aminoré la velocidad para dejarle ganar pensando que se cansaría enseguida. Esta equivocada.
Desde la plaza de Esquiroz hasta el comienzo da la avenida de Galicia. Solo paramos una vez y porque el semáforo esta en rojo.
Él por delante y mirando de reojo atrás para ver que le seguía. Él en cabeza ganando y yo pedaleando más lento que nunca.
Cuando nuestros caminos se separaron, él seguía corriendo por una bocacalle. Yo intenté alcanzarle por otro camino, pedaleé lo más rápido que pude. Pero no conseguí llegar antes.
El niño había ganado.

jueves, 24 de marzo de 2011

Ready to live?




El blanco se extiende ante ti. Una brocha en tu mano y un bote lleno de color.

Se oyen ruidos a ratos. Ruidos que se agrandan cuando cierras los ojos. Llevas tiempo imaginando esa obra de arte en tu cabeza, pero las garras del monstruo de tus miedos se han metido entre tu piel. Te mantienen rígida, no te dejan extender el brazo ni levantar la voz. Las arenas movedizas de tus complejos hacen que tiemblen tus pies finos y los malos recuerdos se alzan, borrándote la sonrisa y dibujando arrugas de tristeza en tus ojos.Lloras. Pero las lágrimas queman y te hacen pensar. Darte cuenta de que algo no va, de que alguna piececita de ti tiene que cambiar de dirección.

Bajas los brazos, y te preguntas quién domina a quién. Si ese lienzo está determinado a estar blanco siempre. Llora, llora más si te hace volver a ese sitio en el que nunca habías estado. Y mira, ahí estas.

Ahora mira al frente. Pinta. ¡Pinta! Hasta que no pintes no sabrás quién eres. Los ruidos están desatados, te cantan los dramas más tristes, intentan torcer tu gesto. Lentamente, tus lágrimas se secan mientras metes el brazo en el bote de pintura. La confianza del azul de aquéllos recuerdos y tu fe se chocan con la energía roja. Salen gotas de púrpura que salpican tu cara. Romántica, creativa, sigues pintando y empapando la brocha. Sigues viviendo. Creces, verde y más verde. Algunos pigmentos amarillos de la envidia y el rencor, pero entonces se combina con los demás y sale el oro. Fuerza. Y vuelves a cerrar los ojos. Ves negro, el negro de un silencio que amas y al que no tienes miedo.

Para que gritemos cuando haga falta, para amar siempre y para dar ese paso que nos impide el miedo, para darlo con más fuerza todavía. Es el paso de la victoria, el golpe de tu éxito, para que seas el dueño del ring.

lunes, 21 de marzo de 2011

Toc-Toc

Toc-toc, golpea los barrotes de hueso. Retenido por la cárcel de tus costillas.
Las venas lo amarran a la vida y al mismo tiempo lo envenenan con sueños.
Toc-toc, late más fuerte e intenta hacerse oír. Pero los rugidos de la mente lo acallan.
Dispara furia por el cuerpo. Prisionero inocente.

Esclavo de los cinco sentidos.
Por tu aroma enloquece.
En tu presencia se asusta y calla.
Tus palabras lo alteran.
Con tu caricia dormita.
Tus besos lo reavivan.

martes, 15 de marzo de 2011

Ser vulnerable

Que la aguja de la duda nunca cosa mis labios.

Que no huyan las palabras de mi mente.

Que no se irriten mis ojos de errores e injusticias.

"Temer a la muerte no es otra cosa que considerarse sabio cuando no se es, pues eso es creer saber lo que no se sabe"
Apología de Sócrates de Platón

lunes, 14 de marzo de 2011

Una margarita en tu pelo


Como la telaraña y la mosca, una margarita enredada en tu pelo. Atrapada en los hilos de caramelo de tu cabeza.
Una flor en tu cabello a la sombra de una luz de sobremesa. Los rayos a la búsqueda del corazón amarillo. Un sol sin salida.
Una margarita despistada. Aturdida. Raptada por cientos de brazos sin dedos que la acarician y retienen.
Sí me quiere. No me quiere. Tal vez miedo a querer. Quizás recelo a no haber querido lo suficiente. Pavor a dejarse amar.
Una margarita con los brazos abiertos enredada en tus pensamientos. Los pétalos no dan respuestas.

viernes, 11 de marzo de 2011

Chip


Tus dedos tocan el frío cristal, juntando mentalmente unas perlas de lluvia con otras. La nariz, congelada, juega con el cuello alto de color café, rodeándolo de lado a lado. Tus ojos color azabache descansan sobre la figura de un petirrojo que pasea sobre las copas de los árboles más pequeños del jardín.

Te gustaría pensar menos. Hace mucho que no dejas la mirada muerta en un punto cualquiera. y Lo echas de menos. Echas de menos no sacar conclusiones precipitadas, hablar masticando las palabras, degustar las que escuchas. Echas de menos pararte, simplemente pararte. Y por fin lo has hecho. El médico está tardando. Las batas blancas se cruzan unas con otras, como en un baile frenético y desordenado, como en un baile improvisado. Así eran tus planes antes, improvisados. Suspiras. Ojalá llegue pronto el verano.

Pero piensas en la cantidad de gente que guarda la calma enmedio de la tormenta, que no necesita pensar en el sol para aguantar las gotas de lluvia, sino que se destapa la cara ante ellas. En la cantidad de gente que exprime los limones amargos y les pone azúcar. Y después bebe de ellos. Y crece, y sonríe, gente guapa. Gente que hace de todas las cosas un abanico y guarda ratos para abanicarse el sudor del trabajo bien hecho. Pero esto no te mata, no te deprime. Tus ojos están más abiertos, y ante ti se abre un páramo, un reto.

Descruzas tus piernas. Delante de ti, el medico pronuncia tu nombre , y le sonríes. Le sonríes tanto que te vuelve a mirar con esa expresión inerte a través de sus gafas opacas. Pero que más da. Eres feliz, y el vaho del cristal ha muerto.

lunes, 7 de marzo de 2011

Mentiras matutinas



Olor a café caliente. Los cereales nadan por la leche chocolateada. Un león bostezando en medio de la cocina. Una gata estirando los brazos. Un par de tabas.
El ambiente es espeso, la luz estridente que se cuela por entre las cortinas.

-Yo no te quiero.
-Yo tampoco.
-Yo no pienso en ti nunca.
-Yo no puedo ni verte.

Besos de café y chocolate. Un abrazo animal. Mentiras matutinas que edulcoran el ambiente con su falsedad.