jueves, 20 de enero de 2011

Yo sí me acuerdo de ti

Yo sí me acuerdo de ti. Y hoy cuando te he visto llegar atropelladamente algo ha saltado en mi cabeza, una sensación infantil e ingenua. Has abierto la puerta del recinto de mi casa porque tienes tu coche en el garaje, sin mirar hacia atrás. Pero cuando has vuelto la cabeza al oír que la puerta en vez de cerrarse se ha chocado con algo te has percatado que iba con la bicicleta por detrás. Un efímero contacto visual, un “perdón” de tu parte por no haberme sujetado la puerta y un “tranquilo” fugado de mi boca mientras nos alejábamos, tú al garaje, yo al portal.
Sigues igual o por lo menos como yo te recuerdo. Alto, moreno con pelo muy muy corto y unas entradas pronunciadas; unos ojos rasgados, de color claro creo y una boca grande pero no excesivamente carnosa. Trabajabas en el supermercado llevando los carritos de la compra y yo siempre esperaba que te tocase llevar el nuestro. Recuerdo tus pasos agigantados, tus manos fuertes y esa energía. Siempre lo hacías con ganas y eso deja huella.
Yo sí me acuerdo de ti y he estado a punto de acercarme y decirte en un tono nervioso y con una voz educada:

“Puede que usted no se acuerde de mi, pero yo sí de usted, Jose. Trabajaba en el supermercado llevando los carritos de la compra a las casas. Yo era pequeña. Me acuerdo porque parecía que solo llevase la comida a mi casa, siempre tan dispuesto y sonriente. Yo me acuerdo y ahora que le he visto me ha venido a la mente y solo quería decirle gracias”

martes, 18 de enero de 2011

La sombra



Al despertar de un sueño, buscas
Tu juventud, como si fuera el cuerpo
Del camarada que durmiese
A tu lado y que al alba no encuentras.


Ausencia conocida, nueva siempre,
Con la cual no te hallas. Y aunque acaso
Hoy tú seas más de lo que era
El mozo ido, todavía


Sin voz le llamas, cuántas veces;
Olvidado que de su mocedad se alimentaba
Aquella pena aguda, la conciencia
De tu vivir de ayer. Ahora,


Ida también, es sólo
Un vago malestar, una inconsciencia
Acallando el pasado, dejando indiferente
Al otro que tú eres, sin pena, sin alivio.







viernes, 14 de enero de 2011

Por las noches

Por las noches te acecha el vacío. En la soledad la oscuridad es más aterradora. Qué llegue pronto Morfeo y te abrace fuerte para huir de los pensamientos más tristes. Das vueltas en la cama buscando el trozo de almohada más fresco. Giras la colcha hasta que te encuentras con que la parte más larga cae por los lados de la cama y la corta no te llega a tapar los pies. Te visitan los nervios, te visita la luna por la ventana y te visitan esos pensamientos de los que huías. Abres los ojos y miras a un techo desnudo de una habitación silenciosa. Y todas esas sensación que habías mantenido a raya te atacan donde más duele. Te mantienen despierta y dudas y te reafirmas para luego caer en la típica pregunta de: ¿Qué habría pasado si...?

Pero si el pasado corre, el futuro va al galope y un presente lleno de fallos y pasos en falso se achanca. Junto con ese presente herido, tú y tus pensamientos nocturnos. No hiciste esa evaluación continua de tus actos y ahora vas repasando cada uno de tus pasos pero solo eres capaz de ver los errores. Y aunque ahora las equivocaciones parezcan colosos son solo una fina niebla y pequeñas gotas de rocío de la aurora de tu vida. Ya habrá tiempo al final, al atardecer de estimar todas tus acciones.

Y ahora, duerme.

¿Cómo te atreves?



Cómo te atreves a mirarme de esa forma, me obligas a recordar cuando todo lo que quiero es olvidarte. Cómo te atreves a decirme que me llamarías cuando sabes que necesito un poco de paz en mi mente.
Es ese áurea que te rodea, que me rodeaba, lo que me atrae. Son esos recuerdos teñidos de felididad, son esas palabras estancadas en el pasado, es esa tensión no resuelta. Orgullo, tal vez, sazonado con un poco de rabia y de melancolía lo que hace que me mantenga firme.
Los dos sabemos que solo hay una salida a este baile. La música de esa guitarra dolorida se desvanece y la última nota es el punto y final. Un saludo de cordialidad, una sonrisa tímida quizás y media vuelta al mundo real.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Asomarse al mundo


Una tarea difícil: hacer que la bicicleta, esa que pesa nada más salir de casa, se esté quieta. La usa como taburete pero en realidad es el muro el que le ayuda a asomarse al mundo. Una rodilla sobre el sillín, los brazos sobre la piedra y unos ojos intrépidos miran el mar.
Una luz de las siete de la tarde edulcora el aire e inunda las nubes de un naranja rojizo con tal vez algún toque de color caramelo poco tostado en las cortezas de los árboles. El viento enfría esas mejillas rosas y esponjosas y convierte la punta de la nariz en la bombilla de Rudolf. Los rayos del sol ya no calientan y su intensidad ya no duele.

Asómate, niño, que el mar hoy ha dado tregua, que tu madre se ha despistado, que la rueda de la bicicleta tiene como tope una piedra, que la curiosidad te invade y te llama a mostrar tu cabecita por encima del muro de la ceguera infantil.

Pero no te tires, pequeño, que el golpe de la realidad es muy duro. Sigue en tu mundo de fantasía, donde lo factible es el surrealismo, donde los amigos imaginarios son como perros fieles. No digas que ya eres mayor y no te lo creas cuando tu madre te intenta chantajear. Sé un Peter Pan temporal. Aprovecha ahora que puedes de esa inocencia regalada porque luego el mundo te pedirá demasiado y llegará un momento en que no quede nada por ofrecer. Ríe y llora. Cree en lo imposible, pícate y no respires y haz lo que te salga de dentro. Espontaneidad. El primitivismo infantil en su esencia. Respira esta ingenuidad que te impregna la piel, no cierres los ojos llenos de candor. Vive estos años de completa impunidad.
Y solo asómate un ratito, que el agua no te moje o quedarás infectado ¡Corre tierra adentro!, que las mejores aventuras son aquellas en las que no sabemos el final .

Y por desgracia en la vida te dan el fin antes de que sepas por dónde vas a empezar.