sábado, 21 de junio de 2014

Personas II




Cercanías línea C8 hacia Nuevos Ministerios

>> (Por la mañana muy temprano). Una chica que llora en silencio mira el móvil cada pocos segundos. A mí también me apetece saber qué espera, pues no llega abrir el móvil. Seguramente una notificación, algún mensaje. No quiero adivinar más, ella no me deja. Es de esas personas a las que, sea bueno o malo, les sienta bien llorar. Aunque, precisamente por eso, quizá me inspire más piedad. 

>> (Por la noche, bastante tarde). Dos jóvenes sucios y con el pelo teñido de rojo cantan en el suelo del tren. Huele a tabaco. Puedo verlos en el reflejo del cristal con toda perfección, el paisaje negro del exterior da más claridad a la escena del vagón iluminado. Quedamos pocos en el tren, suele pasar en este viaje hacia la zona norte de Madrid y a estas horas... Pero sobre todo, suele pasar que no haya mucha gente cuando la zona en la que me encuentro la ocupa gente tan ruidosa como estos dos. Cambian de canción en un móvil que grita a pleno pulmón, la música ni siquiera se entiende, sus voces borrachas aplastan la melodía en un coro disonante que se interrumpe con risas estridentes. No puedo dejar de mirar, son muy diferentes. Me impresiona lo sucios que están, parecen haber bailado samba en el hollín de una chimenea. Visten de negro, sus ropas tienen un aire de harapo, llevan botas parecidas a las Martens. Son críos, no les pongo más de 18 años. Inofensivos a pesar de sus balanceos violentos, como simios sobre las sillas, colgándose de las barras y pegando saltos  de punks en un concierto, para acabar de nuevo en el suelo, me ven mirarles a través del cristal y sacan la lengua a modo de saludo, con simpatía. Me invitan a unirme, a lo que contesto con una sonrisa sin saber bien qué está pasando. Quiero levantarme, pero no quiero dar la espalda. Estoy incómoda porque me han descubierto, pero no me violentan, sencillamente es todo inesperado y queda poco para llegar a mi destino. Me dan algo de miedo. Inspiran cierto aire salvaje, cierta libertad extraña, cierta tristeza, cierto abandono, como los niños perdidos de Peter Pan. La fiesta se acaba cuando llegan dos cuerpos de Seguridad en el preciso momento en que me bajo del tren. 



Personas I


Img: Apuntes Metro Madrid, Sara del Valle

Línea Circular del Metro de Madrid

>>(A la vuelta del trabajo).Una pareja discutiendo. Él mira al techo mientras susurra palabras ilegibles, ella pone los brazos en jarra, sacude la cabeza con mil argumentos que se apelotonan y salen en cascada. No cabe en su cuerpo, estoy segura de que querría Digievolucionar como un verdadero pokémon, y ser un dragón para dejar al chico como una palomita, de esas que se quedan en el fondo del cartón.

>>(Yendo a trabajar).El chico del "eterno retorno" tatuado en su brazo, un año después de coincidir en el examen de conducir. Él aprobó y yo suspendí. Me pidió permiso para darme un abrazo, lo cual me extrañó -pues para hacer bromas y pedirme chicles momentos antes del examen no había tenido problema- pero un resultado lo puede cambiar todo. Estuve calmando el disgusto con él en la escalera de la DGT, creo recordar que en silencio. Después se alejó con su maleta al aeropuerto, camino de un campamento en Oxford donde se reencontraría con su novia, dos monitores enamorados. Estoy casi segura de que es él, pero no recuerdo su nombre, sólo su tatuaje. "Eterno retorno...al bar" decía achinando los ojos tras una risa despreocupada. Le he visto yo primero, rodeado de amigos y sujeto a la barra amarilla del vagón, pero estoy escuchando música y son las ocho y media de un dormido lunes. Además, en el metro cada vez se hace más difícil hablar, somos todos unos autómatas de cuidado. No me interesa que todo el vagón se entere del reencuentro, o peor: de que no me reconozca. Me mira, susurra algo a sus amigos, me cierro más a la posibilidad de saludar.Sé que sólo me está reconociendo, poco hace falta para que una persona me inspire cosas buenas. Pero es mi parada, y salgo a toda prisa.

>>(Siempre). Con sus manos extendidas, mientras miran a los ojos de los pasajeros con un valor que sacan de no sé dónde, pasan pidiendo limosna. Que pasen a pocos centímetros y decir que no, es... En fin, sólo tengo que mirar las expresiones incómodas de los que me acompañan. Te sientes peor persona. A pesar de no haber elegido nacer donde has nacido, tener lo que tienes y no estar tú con la mano abierta. A pesar de saber que ellos cuentan con ayudas, que haces lo que puedes en un trabajo que agradeces, los ves todos los días y no sabes cómo aún no te has acostumbrado. Es, para la mayoría creo, una bofetada de buenos días cada mañana. Intentan volver a leer las líneas de su libro pero sólo miran la página, esperando que pase el mal rato, les veo mirar las paradas del mapa que está encima de la puerta del metro aunque se las saben de memoria, veo cómo se miran unos a otros luchando por mantener el tipo. En el fondo, todos ceden un minuto inmortal mientras pasa la pobreza por sus narices.