lunes, 6 de abril de 2015

Volver



La casa ya no estaba. Quizá era demasiado cara, grande, perjudicada como para asumir arreglos, o llevaba demasiado tiempo abandonada y nada más. El caso es que, tras unos años criando vegetación de todo tipo, esta noche al salir a la terraza con pasitos cortos para despedir a la playa, me he dado cuenta, no hasta entonces, de que ya no estaba. Se podía ver la escena del crimen a la luz de la media luna: donde antes estaba la mansión de nuestras historias de niño inventadas, ahora se veía un suelo pálido, con ruinas aquí y allá.

Antes de meterme de nuevo en la habitación empujada por el viento frío, me acuerdo de esas historias, del monstruo que la habitaba, de que al levantarnos la casa se movía un poco, muy poco, porque estaba viva y disimulaba pero no calculaba bien su cuadrado de vuelta al amanecer, porque estaba demasiado borracha. Si la hubieran derribado hace años, hubiéramos dicho que la casa se había marchado, o que un gigante la arrancó, prendado de su belleza. 

Hay padres que dicen eso a sus hijos.  Unos, al oír esa historia se quedarán en silencio, evocando la escena de una casa de viaje a algún sitio. Otros se reirán tomándolo como un chiste, o se enfadarán, revueltos en su ser ensimismado, al sentirse insultados "¡No es cierto!"

Apreté el bastón con fuerza, sé que volver a ser un niño en todo es imposible, pero por un segundo me había dejado engañar, pensando que ya no podía ser quien había sido tanto tiempo, por estar vieja, arrugada y tantas veces cansada. Pretender parar el tiempo te hace viejo, los niños ni siquiera se preocupan por cuánto tiempo pasan haciendo cualquier cosa, sobre todo si les gusta. Miré de nuevo el espacio que una vez ocupó esa casa. Pensé en aquéllos que seguirían tirándose como croquetas duna abajo en la playa, en los que abren su boca a la lluvia y la nieve, a los del chocolate en las comisuras. 

Para ti, que ves antes una casa viviente que una casa abandonada 

5 comentarios:

  1. Consigues clavar emociones y sensaciones…resultándole difícil al lector no cerrar los ojos al leer, para buscar imaginar con más intensidad. Gracias.

    Tu post me recuerda a lo que una vez leí de Gastón Baquero:

    “Hoy he vuelto a la casa donde un día
    mi infancia campesina conociera
    el pavor y la extraña melodía
    de encontrar otra vez lo que muriera.

    Ya nada atemoriza, nada altera
    el ritmo de la sangre. Aquí vivía
    (cuando era mi vida primavera)
    la que a los niños en dioses convertía.

    Vacío el caserón, rotas las jarras
    que las rosas colmaron de belleza,
    en vano vine en busca de mí mismo:

    todo es inútil ya, perdidas las amarras,
    y vencedoras las ruinas, es la pobreza
    la única rosa nacida en el abismo.”

    Para mí, una casa viviente es aquella que, sustentándose en vigas robustas, necesita siempre de retoques e incluso, de vez en cuando, de grandes reformas, pues, ya sea una gotera que trepa por las paredes o ya sea un suelo torturado, los desperfectos siempre surgirán. Depende del dueño el que la casa evolucione, embellezca y se mantenga. Solo así es posible evitar la ruina, el conformismo. Todo ello permitirá pasar el testigo a aquellas generaciones venideras…para que rememoren lo que una vez vivimos de niños…y que ese “volver” sea siempre eterno.

    Pepper.-

    ResponderEliminar
  2. Gracias por compartir :) no conocía el poema, es precioso y un honor que te haya recordado, posiblemente al cerrar los ojos. ¡Qué encanto tienen las casas con alguna grieta! Brindo contigo, por "que ese “volver” sea siempre eterno". ¡Gracias Pepper!

    ResponderEliminar
  3. Como dice la canción, "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver".

    ResponderEliminar
  4. A veces volver es incluso imposible, ya ves que la casa se marchó. Una gran lección :) gracias por comentar

    ResponderEliminar

Qué me comentas, verdura: