sábado, 21 de junio de 2014

Personas I


Img: Apuntes Metro Madrid, Sara del Valle

Línea Circular del Metro de Madrid

>>(A la vuelta del trabajo).Una pareja discutiendo. Él mira al techo mientras susurra palabras ilegibles, ella pone los brazos en jarra, sacude la cabeza con mil argumentos que se apelotonan y salen en cascada. No cabe en su cuerpo, estoy segura de que querría Digievolucionar como un verdadero pokémon, y ser un dragón para dejar al chico como una palomita, de esas que se quedan en el fondo del cartón.

>>(Yendo a trabajar).El chico del "eterno retorno" tatuado en su brazo, un año después de coincidir en el examen de conducir. Él aprobó y yo suspendí. Me pidió permiso para darme un abrazo, lo cual me extrañó -pues para hacer bromas y pedirme chicles momentos antes del examen no había tenido problema- pero un resultado lo puede cambiar todo. Estuve calmando el disgusto con él en la escalera de la DGT, creo recordar que en silencio. Después se alejó con su maleta al aeropuerto, camino de un campamento en Oxford donde se reencontraría con su novia, dos monitores enamorados. Estoy casi segura de que es él, pero no recuerdo su nombre, sólo su tatuaje. "Eterno retorno...al bar" decía achinando los ojos tras una risa despreocupada. Le he visto yo primero, rodeado de amigos y sujeto a la barra amarilla del vagón, pero estoy escuchando música y son las ocho y media de un dormido lunes. Además, en el metro cada vez se hace más difícil hablar, somos todos unos autómatas de cuidado. No me interesa que todo el vagón se entere del reencuentro, o peor: de que no me reconozca. Me mira, susurra algo a sus amigos, me cierro más a la posibilidad de saludar.Sé que sólo me está reconociendo, poco hace falta para que una persona me inspire cosas buenas. Pero es mi parada, y salgo a toda prisa.

>>(Siempre). Con sus manos extendidas, mientras miran a los ojos de los pasajeros con un valor que sacan de no sé dónde, pasan pidiendo limosna. Que pasen a pocos centímetros y decir que no, es... En fin, sólo tengo que mirar las expresiones incómodas de los que me acompañan. Te sientes peor persona. A pesar de no haber elegido nacer donde has nacido, tener lo que tienes y no estar tú con la mano abierta. A pesar de saber que ellos cuentan con ayudas, que haces lo que puedes en un trabajo que agradeces, los ves todos los días y no sabes cómo aún no te has acostumbrado. Es, para la mayoría creo, una bofetada de buenos días cada mañana. Intentan volver a leer las líneas de su libro pero sólo miran la página, esperando que pase el mal rato, les veo mirar las paradas del mapa que está encima de la puerta del metro aunque se las saben de memoria, veo cómo se miran unos a otros luchando por mantener el tipo. En el fondo, todos ceden un minuto inmortal mientras pasa la pobreza por sus narices.



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