lunes, 10 de febrero de 2014

La muerta (de la que el tiempo se reía)






Dejaba pasar los días, esperando a la banda sonora perfecta, el ritmo adecuado y las circunstancias ideales para poder caminar. "¡Aún no!, ¡Aún no podemos!", le decía a su corazón que se quejaba, a su mente enloquecida casi por completo. Así los días pasaban dando los buenos días y las buenas noches a un cuerpo que se iba desgastando y que lloraba por dentro, esperando el punto de inflexión que nunca llegaría. 

4 comentarios:

  1. Cómo lo va a saber? Hay que esperar de otra manera. No crees?

    ResponderEliminar
  2. Siempre he pensado que la razón (mente) y el deseo (corazón) tienen que ir de la mano. Si manda uno sobre el otro al final se produce un desequilibrio.

    Si se sale de una relación tóxica, por ejemplo, y el deseo muchas veces ciego sigue inclinándose hacia esa relación pues es conveniente que la razón entre en juego y ponga un cierto equilibrio y cordura.

    De la misma manera, mi experiencia pasa por que normalmente, es mi corazón al que le cuesta reponerse más. La razón le empuja a seguir adelante, pero éste suele tener su momento de “duelo”, de “luto”. En este caso la mente debe dar espacio, pues es sano un cierto descanso, un volver a situarse tras varias vueltas sobre el mismo eje y su consecuente mareo.

    Lo que importa aquí, desde mi punto de vista, es qué tiene delante. ¿Es malo o bueno? Porque si es bueno, y el corazón, que es al que más le cuesta levantar la cabeza, está dispuesto, ¿qué hace la razón apagándolo? Pues precisamente eso, desgastando la vida y hacerle llorar.

    ¿Y a qué se puede deber esa forma de callar al deseo? A mí me ha pasado y suele responder, desgraciadamente, a uno de éstos factores:

    1. El estar mal hace que tenga más ojos sobre mi vida y por lo tanto me sienta más querido, más centro de atención.
    2. Miedo a vivir. Miedo a pasar página. Miedo a lo que me pueda encontrar.

    En ambos casos, salgo perdiendo. Pienso que la vida siempre habla cuando uno camina. Si estamos parados al final la Vida no tiene nada que decirte, pues no hay oportunidad para el error. Si caminas, puedes equivocarte, y ahí la Vida te guía, te habla a través de la gente que te rodea, de las circunstancias, de las decisiones que se van tomando. Y es precisamente esto lo que ha mantenido mi corazón y mi razón vivas, el caminar, a pesar de los golpes recibidos.

    ¿Esperar a la banda sonora perfecta? Bueno, yo creo que no existe, pero muchas veces es más cómodo quedarse quieto que salir a la aventura de la vida a arriesgar y buscar, a caerte y a aprender, a adquirir criterio sobre lo que queremos y lo que no.

    En definitiva, lo que no llego a entender es cómo la razón apaga al corazón si lo que hay delante es la vida. Y es por eso que el corazón se queja, y la razón no entiende ni por qué razón le para a vivir.

    De todas formas, no me hagas mucho caso. Te hablo siempre desde mi experiencia y por lo tanto lo que escribes pasa por el filtro de mi propia vida. Es posible que el filtro de esta persona, por su propia vida, sea distinto.

    ResponderEliminar
  3. Estoy de acuerdo en una cosa. Yo tampoco puedo entender cómo la razón puede parar al corazón, como dices en tu argumento. Es más, mi fugaz personaje tiene un miedo atroz, que lo que hace es bloquear la razón. Ésta última, queramos o no, se sujeta al corazón del dedo índice. Hablamos de equilibrio entre las dos, de que para unas cosas nos tira lo de arriba y para otras lo del pecho... Pero pienso, cuando algo no le encaja a alguno de los dos, se frenan mutuamente, sobre todo si se trata de algún trauma, o una experiencia como tu punto 2. de los factores. De todas maneras estoy mezclando razones concretas, conceptos generales y situaciones difusas. jajaja Una buena ensalada con un aspecto cuestionable.

    Lo que has escrito es un manual perfecto/ideal, no sé hasta qué punto descriptivo del hombre, pero en la práctica ya te digo que lo único que sé con certeza es que el hombre se encuentra más de una y más de mil veces sorprendiéndose a sí mismo. Un placer leerte, gracias por comentar Linvingstone

    ResponderEliminar

Qué me comentas, verdura: