domingo, 25 de agosto de 2013

¡Brr!




Hace mal tiempo. La marea está increíblemente baja y no se puede nadar ni pescar. No subirá hasta dentro de unas... cinco horas, siendo impacientes. A ratos hace sol pero la brisa es muy fría, así que el paseo puede esperar. ¿Leer? Acabo de terminarme un libro, por Dios. ¿Hacer pulseritas? He gastado mucho hilo, además, para hacer una buena pulsera hay que estar entregado a la causa para escoger los colores acertados y tener los dedos en caliente. Y otra cantidad de excusas que se me ocurren para entender cómo me encuentro mirando esas fotos, cómo estoy absorta leyendo esos mensajes. He abierto la caja del pasado reciente, y ha sido como mirar el paisaje desde un coche que va a toda velocidad. Las frases me llevan a aquéllos sitios, a lo que sentí en cada uno de ellos, igual que las fotos. Pero pasan tan rápido entre mis manos, que no llego a tocarlas del todo, y mi cuerpo se siente extraño mientras sigue pasando las hojas. De repente, en una punzada de indigestión, cierro la caja de golpe y porrazo. 

Mira tú por donde, que la marea no estaba tan tan baja, que las pulseras son algo más sencillo, que lo único que es cierto es que ahora me muero de frío. Mira que soy idiota. Eso último me hace sonreír por dentro, pero no me quita el frío. Será mejor que me vaya a tomar un café contigo. Pero no en la terraza del otro día, menudo robo francés. Esos sí que no me verán ni aunque quieran abrir su cajita personal.