sábado, 22 de junio de 2013

Vals en el jardín







No hacía frío, tampoco calor, ni siquiera soplaba la brisa. La temperatura hacía pensar que el tiempo estaba congelado. Los vecinos tenían cena, y desde su patio sonaba Louis Amstrong. 

Ella no sabía bailar. Pero quería bailar con él. Habían estado hablando durante horas, y al escuchar la trompeta, él le había invitado a la pista verde. Al poner la mano sobre su hombro, las preguntas se desvanecieron, las palabras no tenían espacio. Sus ojos femeninos de pestañas gruesas y largas asomaban por el hombro izquierdo, temerosos. Seguía sus pasos, despacio, como quien sigue una oración justo una palabra por detrás. Podría pisarle en cualquier momento, sonreía nerviosa al pensarlo. 

Una vuelta, alejarse por un momento, y volver a su hombro, con alivio. Sus tobillos se fueron abandonando, mientras salían del verde y giraban hacia el fondo del jardín, a través del pasillo de estatuas. Los ojos blancos de mármol les miraban al pasar. Estatuas de cuerpo perfecto, movimiento en sus vestidos, estatuas con los pies inmóviles, condenados a no bailar nunca.

4 comentarios:

  1. Despacio, como quien sigue una oración justo una palabra por detrás.
    Ah...

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  2. ES PERFECTA
    la frase final...sublime
    muy buena mery

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  3. Haces que parezca tan real... fantastica :)

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Qué me comentas, verdura: