domingo, 5 de mayo de 2013

Una noche más, una noche menos


La madera vieja cruje a ratos en el enorme piso de Madrid. La cocina, el salón de invitados, el gran comedor, los baños y las camas, todas las estancias están oscuras y vacías. Todas menos el salón más pequeño. Se oyen dos disparos y la melodía de una ópera a todo trapo. 

Sus uñas peinan el pelo blanco, despacio. Suspira y mata esa voz  de drama con el mando. Esa película le había resultado familiar desde el principio, hasta aburrirle. Pocas le parecían impredecibles, o al menos con un guión bien hecho. Pilar escucha el ruido de los coches que pasan por Velázquez, y mira por el ventanal. Las luces del edificio vecino se van apagando. Suelta el humo del cigarrillo, lo aplasta en el cenicero de porcelana mientras piensa en cómo rellenar el día de mañana. Se levanta, por fases, despacio, apoyada en el sillón, hasta levantar su alta y delgada figura en mitad del salón. 

Sus zapatillas pisan el parqué como algodón sobre piedra. Siguen crujiendo las tablas. Apaga la última luz. Desaparecen las caras conocidas de las fotos que cuelgan, se cierran los ojos de los cuadros, Pilar desaparece silenciosa en el gigantesco cuarto de recuerdos.  

4 comentarios:

  1. sabía desde la primera frase que ibas a hablar de ella y de esa casa!

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  2. Lo sé, ya le he dedicado más de una entrada en este blog aún así =) buen día Schaus!

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