domingo, 28 de abril de 2013

Splash



Portugal, 2012. 

Rocas. No se ven más que rocas antes de llegar a la espuma. Y no hay otra manera de alcanzar ese trozo de mar, que dejándote los pies en las rocas.

Es mejor ir sin zapatos. En ese terreno son inútiles. El pie se queja y crecen cayos, pero también se contornea, acoplándose a las formas de la piedra.

Y las rocas están muy bien, pero en las rocas no se ve nada más que roca. Puedes intentar montar un piknic con los cuadros del rojo más vivo, puedes tocar el instrumento que más te mueva el alma, puedes sonreír a los moluscos que duermen indiferentes.

Pero lo que no puedes evitar es el rugir de las olas, que te llaman a susurros desde el muro marrón en el que estás sentado.

Aún así, hay muchos que deciden quedarse cómodamente la piedra. Porque mojarse, amigo, entiendo que puede parecer incómodo de primeras.

Hasta luego, voy a pegarme un chapuzón.


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