miércoles, 3 de abril de 2013

Fantasma

Para los que se ahogan en el futuro o en el pasado. Para que vivan y pongan en marcha el HOY. 


"¡No puedo soportarlo más, de verdad! Es terrorífico. Tiemblo cada vez que veo sus dientes afilados. Todo el mundo habla de él con respeto..." Macarena juega con la servilleta blanca en la que tiene fijos sus ojos azules.

"Perdóname, pero más que respeto, yo diría un patético miedo, Maquita"

"Da igual, el caso es que no hay nadie que lo comente con naturalidad. Y  me pides que no tenga miedo. ¡Pero si vive para asustarme! Acecha detrás de cada puerta, se cuela por las rendijas, me susurra cosas horribles, Nemo, horribles"

"Jaja, ¿como qué?"-Nemo se escurre en la silla de metal, divertido. Está enamorado de Macarena. Y sus miedos son el chiste más tierno.

"No tiene ninguna gracia, prefiero no repetirlas. Sólo hace falta que se hagan realidad, vamos".

"Pero Maca, por favor. Cuántas veces te lo tengo que decir. Es un fantasma. Lo ves con tu pánico, lo sientes con tu terror, pero eso es precisamente lo que busca, ¡no seas tonta!"

"... ¿Tú lo has visto, Nemo?"

"Pues claro. Lo veo todos los días. Pero paso de él. No sabes cuánto además. Tú no, y por eso estás amargada, te controla que da gusto. Te tiene más conquistada que yo". Nemo se quita las gafas de sol y mira a una Macarena con el ceño fruncido.

"¡No es verdad! ¡No me tiene amargada! No sé para qué te cuento estas cosas... Para mí ese fantasma es un tema serio. Si tú no eres tan sensible no es mi culpa. Creo que tener miedo es bueno"

"Repite eso cuando estés medio loca, si es que puedes cuando llegue el día", que a este paso es dentro de poco piensa Nemo bebiendo el último trago de café, ya frío.

Macarena guarda silencio. Intenta imaginarse una vida conviviendo con el fantasma, mientras se seca las lágrimas. Ese fantasma es feo, no le aporta nada, se mete demasiado en su día a día y no le da soluciones. Es eterno. Pero no existe.

Hmm. Entonces, puede escuchar lo que dice, dejarle hablar sin más. Y puede coger lo que quiera, aplicar lo que le parezca conveniente. El fantasma a veces acierta, pero sobre todo el fantasma no puede obligarle a hacer, pensar o sentir nada, si ella no se deja. Puede asustarla que si ella se entrena, sabrá mirar a otro sitio, como por ejemplo los ojos de su novio o la paloma que gorronea las migas de la terraza vecina. El fantasma seguirá, cambiará de color, hará lo que quiera. Macarena está más tranquila.

"Anda, fuma". Nemo le extiende un cigarro y cierra los ojos disfrutando del sol.

"Tenemos que dejarlo" Macarena da una calada larga y sonríe. Nemo asiente y exhala el humo. El fantasma está sentado, preparado. Macarena también.



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