domingo, 21 de abril de 2013

El puzzle


Diana había terminado el puzzle. En su cuarto había un silencio que acompañaba a los rayos de sol, amarillos, quietos, fuertes. Elevó la bola del mundo entre sus manos pequeñas, con solemnidad. Quiso gritar a su madre que estaba en el salón, pero sólo pudo coger aire. Tenía miedo de que pasara algo, las piezas del puzzle hacían una bola perfecta, pero le parecían frágiles. Además, su madre estaría durmiendo la siesta. 

Acarició, uno a uno, los continentes, el mar, y los polos. Sus rizos platinos se volvieron hacia delante mientras puso su cabeza, suavemente, contra el planeta. 

"Con las pasiones uno no se aburre jamás. Sin ellas, se idiotiza"
Stendhal








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