jueves, 25 de abril de 2013

El poder


Michael siempre hace lo mismo. Cuando va perdiendo, cambia las reglas del juego. Pero no pasa lo mismo cuando yo estoy perdiendo y no me quedan cartas. "El que se quede sin cartas gana, el juego es así, porque lo digo yo". ¡Cómo me gustaría que lo dijera a mí! A mí cuando me queda una sola carta en el suelo de barro, y la cojo con las dos manos, boca abajo. O que no cambien las reglas nunca. Así, por lo menos, la mala pata la dejamos en manos de la suerte y de lo bien o mal que hemos jugado. Pero Michael es muy grande y gordo. Quedan lejos los intentos de lucha que una vez intenté. Ahora sólo me queda callar, o inventarme alguna excusa para largarme cuando no lo soporto más.


El poder está en todas partes, bajo muchas formas. Cuando uno tiene poder, tiene también fácilmente la capacidad de no reconocer sus errores y de intentar que la realidad cambie a su medida, para soliviantar sus faltas. 

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