domingo, 28 de abril de 2013

Científicamente muerto


Julián vaga por la casa como un fantasma. Mira al frente sin centrarse en nada concreto. Sus párpados están a media asta, sus brazos cuelgan muertos sobre el cuerpo , que avanza por el pasillo. Se choca con la puerta. Mira el pomo largamente, antes de girarlo, para entrar en el salón. Hay invitados. Julián, aunque nadie lo sepa, es en ese momento un salmón muerto en la corriente. Se deja caer en el sofá libre y saluda con el volumen que siente, puede dar a su voz (mínimo). 

Están gritando y hacen mucho ruido, siendo tan sólo siete. Parece que se han sentado de acuerdo. En un lado, los chicos ríen y vomitan teorías, en el otro las chicas gesticulan con exageración sus argumentos en contra. 

En mitad de una discusión de gente enfebrecida, el tema suele disolverse, hasta convertirse en discutir por discutir. Julián está cansado para moverse, está agotado. Ni siquiera puede seguir las frases largas que dicen todos, casi a la vez. El estudiante echa la cabeza atrás en el asiento, y se esfuerza por tararear alguna canción que le haga desaparecer de las venas hinchadas y las salivas cubiertas de ira. 

Cuando mandas demasiado, sobre todo a un aparato, se produce un fenómeno de rebeldía, que se hace llamar saturación. Julián tenía eso en su cabeza. Por los raíles de sus nervios habían pasado muchas imágenes, dudas, decepciones y emociones, mucha información. Y luego, pues eso, nada. Vuelta a la normalidad. A la nada más absoluta, al hambre moribundo de motivación, a la vuelta a la rutina. Y la rutina le ha encontrado sin fuerzas.

Julián ha entrado en ese túnel de difícil retorno. Cuanto más te adentras, más oscuro, hasta que no puedes ver ni tus propios pies. Julián había decidido no pensar. Así, no sabía lo que le pasaba. Todo, oye, todo y nada le pasaba. Aún así, a través de su pelo rizado tuvo un pensamiento. Quizá, después de luchar y ver que todo acaba, después de ver sus errores y ser un impaciente, le quedaba esperar. Esperar a que algo pasara, mientras el dejaba que la corriente le llevara, como a un pez muerto y boca arriba, mirando el cielo desde un salón con olor a tabaco y pollo al curry. 

"La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada. Y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo" 
Maurice Maeterlinck






Splash



Portugal, 2012. 

Rocas. No se ven más que rocas antes de llegar a la espuma. Y no hay otra manera de alcanzar ese trozo de mar, que dejándote los pies en las rocas.

Es mejor ir sin zapatos. En ese terreno son inútiles. El pie se queja y crecen cayos, pero también se contornea, acoplándose a las formas de la piedra.

Y las rocas están muy bien, pero en las rocas no se ve nada más que roca. Puedes intentar montar un piknic con los cuadros del rojo más vivo, puedes tocar el instrumento que más te mueva el alma, puedes sonreír a los moluscos que duermen indiferentes.

Pero lo que no puedes evitar es el rugir de las olas, que te llaman a susurros desde el muro marrón en el que estás sentado.

Aún así, hay muchos que deciden quedarse cómodamente la piedra. Porque mojarse, amigo, entiendo que puede parecer incómodo de primeras.

Hasta luego, voy a pegarme un chapuzón.


Petit déjeuner




-He traído café
-Oh, yo estaba haciendo... 
-¡Mary cómo has puesto el cuarto!
-Y aún caben sofás para las que faltan.

....

- Many, Many, ¿te apetece alguna canción en particular?
-¿Sabes lo que me apetece?
-...
-Estar una semana sin hablar
- A mí... A mí me gustaría estar una semana sola

....

-¿Me dejas escribir en tu diario?
-Claro
-Vale, pero pon canciones tranquilas
-(Risas)

.....


.....
-¿Ya has terminado?
-Sí, aunque he vuelto a leerlo y pensaba que lo había petado, pero buf. 
-Ay, qué ilusión, ¡dáme!
-Sí, pero léelo luego, ¿eh?
-Mmm, bueno.

.....

Diario, 28 abril 2013
"Buf, si me pongo a pensar en la cantidad de cosas que hemos vivido, me dan ganas de gritar y cantárselo al mundo". 



viernes, 26 de abril de 2013

Buenas noches


Me han robado. 
No era la cartera, tampoco las llaves, no. 

Hoy me han robado, y sólo espero que en el futuro se haga justicia. 
No me importa lo que haga el ladrón, ese sabe más que yo.
Pero, al menos...Que cuiden lo que ya no puedo ver,
que cuiden lo que me han robado de las manos. 

Aunque me lo encontré en unas escaleras, fue mío desde ese momento. 
Me han robado, he visto cómo lo hacían, y les he dejado.




To whom it may concern

Tiempo de




La mosca mueve sus alas de vez en cuando. Hace más ruido que el bar de la plaza. La miro de reojo, amenazante. Intento volver sobre los apuntes. La luz del cielo se está apagando, y tengo la lámpara rota. Bien. 


Notificaciones de todas partes en el ordenador. Son como los toques de los vecinos en la puerta. Comentarios y mensajes, como los que piden harina, huevos o que les preste mi aspirador última generación. Pero, por mi bien, tengo que dejarlos correr y contestar, por supuesto.

El móvil está apagado. A cada rato pienso en él, como si hubiera alguna llamada urgente, como si alguien necesitara mi ayuda. Pero el móvil está muerto, enchufado, engullendo energía. Ni me mira.

Más tabaco, más, más. Para inspirarme, para hacer un break de nada, intentando que fumar sea un cambio en mi letargo. Pero todos los cigarros son iguales. Se encienden, se acaban y se acabó.

Tengo hambre. ¿Tengo hambre? Quiero levantarme. Pero no me atrae la idea de ordenar el cuarto. Los platos se acumulan en el fregadero y no queda papel en el baño. Verdaderamente, ningún rincón me da la bienvenida en este apartamento. No me quedan uñas por comer, ni coletas más estiradas para concentrarme.

Tres horas. Se han pasado como tres horas de zapping recostada en un sofá. Igual. 

Hasta que por fin, me enfado. Me enfado con la mosca, con las redes, con los vecinos, me enfado con el tabaco y el desorden. Por fin. Cierro todo, mato a puñaladas a todos mis enemigos inocentes, y escucho el silencio. 

El cambio a veces es tan duro que exige un poco de teatro. El truco es reírse después de todo, para no caer en la trampa. Darse unas palmaditas, para no caer en el látigo. Y aumentar el ritmo, hasta correr a la velocidad de los minutos, de los ratos, del tiempo. Mirarnos cara a cara, y que tenga que sonreírme. 

Hasta que no valores el tiempo, no sabrás cuándo es bueno perderlo


jueves, 25 de abril de 2013

El poder


Michael siempre hace lo mismo. Cuando va perdiendo, cambia las reglas del juego. Pero no pasa lo mismo cuando yo estoy perdiendo y no me quedan cartas. "El que se quede sin cartas gana, el juego es así, porque lo digo yo". ¡Cómo me gustaría que lo dijera a mí! A mí cuando me queda una sola carta en el suelo de barro, y la cojo con las dos manos, boca abajo. O que no cambien las reglas nunca. Así, por lo menos, la mala pata la dejamos en manos de la suerte y de lo bien o mal que hemos jugado. Pero Michael es muy grande y gordo. Quedan lejos los intentos de lucha que una vez intenté. Ahora sólo me queda callar, o inventarme alguna excusa para largarme cuando no lo soporto más.


El poder está en todas partes, bajo muchas formas. Cuando uno tiene poder, tiene también fácilmente la capacidad de no reconocer sus errores y de intentar que la realidad cambie a su medida, para soliviantar sus faltas. 

lunes, 22 de abril de 2013

Buenos días




"It always seems impossible until it's done"
Nelson Mandela

Aplaudiendo hasta que las hormigas invisibles corran por mis manos, mientras sonrío inundado por la luz del escenario. Miro a los triunfadores, que reciben un trofeo pequeño, en una sala cuadrada, en una esquina del mundo. 

Yo no me dedico a eso, he ido como espectador, y desconozco a casi todo el mundo. Pero todos tenemos muchas, muchas cosas en común. En el fondo, somos todos parecidos. Los que están arriba, los que están sentados, los que nombran, los que sonríen y los que contestan mensajes con disimulo, aplaudiendo a ratos. Algunos con las patillas más largas, otras con tacones, muchos con pensamientos inconexos y muchos con mentes prácticas. Pero yo sé lo que es premiar un esfuerzo, igual que sé lo que es cantar en un concierto o que te den palmadas en la espalda. 

Tengo ganas de fumar, pero queda mucha gente por recibir premios en la hora y media que llevamos. Y me enganchan más sus caras que mi mono, más sus ojos brillantes y sus discursos torpes por la emoción. 

Enhorabuena, desconocidos. Yo también me levanto cada día persiguiendo algo invisible, que va cogiendo forma con las gotas de mi sudor. Yo también tengo fe en algo que parece no existir, apuesto por las locuras y me invento los mejores aparatos para ver desde un pozo en el que caigo. Yo también siento la emoción del premio cuando al final del día, me paro, y me doy cuenta de que para ser locura, ha sido bastante real. 

domingo, 21 de abril de 2013

El puzzle


Diana había terminado el puzzle. En su cuarto había un silencio que acompañaba a los rayos de sol, amarillos, quietos, fuertes. Elevó la bola del mundo entre sus manos pequeñas, con solemnidad. Quiso gritar a su madre que estaba en el salón, pero sólo pudo coger aire. Tenía miedo de que pasara algo, las piezas del puzzle hacían una bola perfecta, pero le parecían frágiles. Además, su madre estaría durmiendo la siesta. 

Acarició, uno a uno, los continentes, el mar, y los polos. Sus rizos platinos se volvieron hacia delante mientras puso su cabeza, suavemente, contra el planeta. 

"Con las pasiones uno no se aburre jamás. Sin ellas, se idiotiza"
Stendhal








martes, 16 de abril de 2013

Indiferente


Mis pies no llegan al suelo. Sentado en el copiloto, observo todo lo que hace mi padre mientras habla por el manos libres. Mete marchas, se ajusta la corbata, mira por el retrovisor, me guiña el ojo, pone el intermitente, "tic, tac, tic, tac". Impresionante. A mí, lo que me gusta es cambiar discos, tocar botones y mirar por la ventana. 

Llegamos a casa. Bajo del coche entre una nube de polvo y el olor a gasolina. La quietud del jardín es mortífera, ya no queda nadie, más que mi padre y yo, desde hace unos meses. No hay perro al que saludar, perro que te manche, madre a la que besar y que te bese, ni hermanos a los que hacer reír, hermanos que te chinchen. Todo sucede a cámara lenta. La maleta de mi padre ondeando el aire mientras rodea el coche, mis manos sucias del colegio, la leche en la puerta, caliente por el sol. 

La casa está oscura. Hace mucho calor fuera, y hay que mantener el "fresco" dentro, eso decía mi madre. Bajo un poco más las persianas, nunca del todo, y me lavo las manos. Me siento en mitad de un videoclip. El mío no tiene visitas, no tiene ficción. No busca nada, no conoce promoción. Es la pura, cruda, asquerosa realidad. Pero mis lágrimas reflejan, como espejos palpitantes en mi mejilla, al único que me queda. Sigue hablando por el móvil. 

Voy hacia él. Me sigue con la mirada, absorto. Salto y cojo su aparato, lo estrello contra suelo. Le miro indiferente. Me mira indiferente. Tengo todo el derecho a hacerlo. En el colegio me tratan raro, los niños me sonríen distinto. Me gustaba más la manía que me tenían los profesores. El único que es igual es Javi, con él sigo haciendo travesuras. Mi padre ha colgado el móvil, lo ha dejado boca abajo, castigado en la entrada. Tiene puesto el delantal, extiende el mío, y en silencio, saca los spaguetti mientras yo enciendo  la radio, de puntillas. 

lunes, 8 de abril de 2013

Momentos absurdos


Ahí es donde quería estar. Frente al mar.

Es muy típico. Es cobarde. Pero es lo que Miguel necesitaba. Desde fuera, podría parecer inspirado, descansando la mente, o pensando en cosas salteadas y sin orden, como los botes que hacían las piedras que lanzaba al mar. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La cabeza de Miguel llevaba unos días haciendo mucho ruido. Tanto como el grito de un niño cuando arranca a llorar, o las motos sin silenciador que pavonean sangrando gasolina por la calle. Miguel lo estaba pasando mal, a pesar de sus ojos tranquilos y su postura relajada. Se notaba, más aún en la fuerza con la que tiró las piedras, las ramas, el reloj y hasta su bastón al poco rato de posar para el paisaje. Ninguna piedra botó. El mar no le decía nada, el viento sólo le metía el pelo en los ojos. Las nubes ocultaban el sol dándole frío y las olas caían como lluvia sobre su ropa de invierno. "Gracias a todos".

El humor heredado de su padre, su madre y todo su árbol genealógico no le dejó  disfrutar del drama por mucho tiempo. Se le escapó una risa que le hizo mirarse los zapatos. Salió del arrecife vertiginoso que invitaría a suicidarse al más cuerdo. Entró en la playa, llana y quieta. Se descalzó, y empapó sus pies en la espuma de la orilla. "Son momentos", pensó. Sin reloj, se preocupó por la cena sin hacer, los mails sin contestar en todo el día. El viento le ayudó a respirar y soltó las piedras. Con una mano en el bolsillo y la otra agarrando los zapatos, caminó de vuelta a su rutina favorita.



miércoles, 3 de abril de 2013

Fantasma

Para los que se ahogan en el futuro o en el pasado. Para que vivan y pongan en marcha el HOY. 


"¡No puedo soportarlo más, de verdad! Es terrorífico. Tiemblo cada vez que veo sus dientes afilados. Todo el mundo habla de él con respeto..." Macarena juega con la servilleta blanca en la que tiene fijos sus ojos azules.

"Perdóname, pero más que respeto, yo diría un patético miedo, Maquita"

"Da igual, el caso es que no hay nadie que lo comente con naturalidad. Y  me pides que no tenga miedo. ¡Pero si vive para asustarme! Acecha detrás de cada puerta, se cuela por las rendijas, me susurra cosas horribles, Nemo, horribles"

"Jaja, ¿como qué?"-Nemo se escurre en la silla de metal, divertido. Está enamorado de Macarena. Y sus miedos son el chiste más tierno.

"No tiene ninguna gracia, prefiero no repetirlas. Sólo hace falta que se hagan realidad, vamos".

"Pero Maca, por favor. Cuántas veces te lo tengo que decir. Es un fantasma. Lo ves con tu pánico, lo sientes con tu terror, pero eso es precisamente lo que busca, ¡no seas tonta!"

"... ¿Tú lo has visto, Nemo?"

"Pues claro. Lo veo todos los días. Pero paso de él. No sabes cuánto además. Tú no, y por eso estás amargada, te controla que da gusto. Te tiene más conquistada que yo". Nemo se quita las gafas de sol y mira a una Macarena con el ceño fruncido.

"¡No es verdad! ¡No me tiene amargada! No sé para qué te cuento estas cosas... Para mí ese fantasma es un tema serio. Si tú no eres tan sensible no es mi culpa. Creo que tener miedo es bueno"

"Repite eso cuando estés medio loca, si es que puedes cuando llegue el día", que a este paso es dentro de poco piensa Nemo bebiendo el último trago de café, ya frío.

Macarena guarda silencio. Intenta imaginarse una vida conviviendo con el fantasma, mientras se seca las lágrimas. Ese fantasma es feo, no le aporta nada, se mete demasiado en su día a día y no le da soluciones. Es eterno. Pero no existe.

Hmm. Entonces, puede escuchar lo que dice, dejarle hablar sin más. Y puede coger lo que quiera, aplicar lo que le parezca conveniente. El fantasma a veces acierta, pero sobre todo el fantasma no puede obligarle a hacer, pensar o sentir nada, si ella no se deja. Puede asustarla que si ella se entrena, sabrá mirar a otro sitio, como por ejemplo los ojos de su novio o la paloma que gorronea las migas de la terraza vecina. El fantasma seguirá, cambiará de color, hará lo que quiera. Macarena está más tranquila.

"Anda, fuma". Nemo le extiende un cigarro y cierra los ojos disfrutando del sol.

"Tenemos que dejarlo" Macarena da una calada larga y sonríe. Nemo asiente y exhala el humo. El fantasma está sentado, preparado. Macarena también.