jueves, 21 de febrero de 2013

En un rincón del ser



El miedo es puramente instintivo. Animal. La víctima, a no ser que esté entrenada (y a veces esa carta no cuenta) pierde toda perspectiva. El contexto desaparece, la cabeza se congela. El monstruo de la adrenalina se despierta y ruge haciendo a la sangre bajar a torrentes por el cuerpo. Los músculos se tensan, preparados para cualquier cosa. Los ojos lo quieren captar todo, las cejas se levantan, los dientes se juntan con fuerza. El cuerpo está alerta, puede sonar una palmada cerca, que saltará en un espasmo completo. Muere la razón. Todo se rige por impulsos, respuestas que no controla el subconsciente. Qué arma más potente, el miedo, qué arma tan peligrosa.

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