lunes, 21 de enero de 2013

Encuentro fortuito



No niego que su sonrisa fuera sincera. Tampoco que era lo que siempre había visto. Pero esos dientes negros...

Esa risa en los momentos más grotescos, ese silencio al decidirse entre lo malo y lo peor, dejaban poco que desear. Al margen, muy lejano, de inspirarme compasión o tormento por ver el camino tan oscuro que para mí llevaba y a expensas de se juez de nadie, directamente no podía ni acercarme a él. Su forma de moverse, sus ojos de lince y su aire violento, hacían que mi cabeza enseñara la nuca al cielo, cualquier gesto era propenso a provocar un altercado en aquélla hoguera que se estaba apagando.

Un bosque, dos personas, y varias bestias respirando a unos kilómetros alrededor. Le sirvo agua, fumamos mientras parlotea en mi silencio. A la mañana siguiente se había ido, con su caballo y un cambio de botas poco afortunado para mí. Pero bastante suerte había tenido, que por miedo ni huir de su compañía había podido y los encuentros en los largos caminos, los que los recorren lo saben, son así.

2 comentarios:

  1. Brutal, yo era uno más sentado a la hoguera. Enhorabuena por tu arte al escribir!

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