sábado, 17 de noviembre de 2012

Diario de una avería, día 1



Nos hemos quedado sin gasolina. Llevábamos horas sin hablarnos, pero se podía llevar con música de fondo, con el viento, con el sonido del motor, qué se yo. Ahora toca bajarse del coche. Has soltado dos tacos mirando la luna del coche. Con la mano aún en el contacto, tu mano izquierda agarrando el volante y más tarde tus rizos negros. Y yo mirando, de reojo y a ratos. Sólo a ratos. Después hago como que miro el maldito elefante azul, que se balancea en el retrovisor, ajeno a todo.

Si tenemos que hablar, que sea de cuestiones técnicas. Qué falta en el motor, por qué el coche ha muerto así de repente... Toca que me hables de cosas que no sé, como cuando nos conocimos y yo te miraba extasiada, admirando. Pero ahora te miro y me río. No sabes nada. Y tú también te ríes mientras nos sentamos en el suelo, apoyados en el coche. Por eso te quiero. Que tarde lo que quiera la grúa. Para mí, ahora, el tiempo, lo de menos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Qué me comentas, verdura: