miércoles, 28 de noviembre de 2012

Plomo y zumo





Basta. 
Sal del vaso.
eres galleta que se empapa,
que en el zumo se queda blanda. 

Todo el mundo sabe esta verdad, el cristal corta, se rompe y es frágil. A veces veo gente de cristal, en la calle, en mi espejo. Cristal soplado, como ése que se ve en los mercados, que van moldeando. Precioso,  transparente, vulnerable, tanto que lo miras con miedo a que tu mirada lo rompa.  Es una locura pero algunos días noto como el mundo lo es. Sobre todo cuando te apoyas en él como si no hubiera mañana. ¡Mal! ¡Fatal! ¡Crack!

Soldadito de plomo, la gravedad nos empuja al subsuelo cada maldito día. Voy a fundirme. Hala, así. Ya que hacemos tantas tonterías, voy a probar. Me voy a hacer redonda, voy a ser bala que corte el aire. Dolerá bastante. Aún no sé cuánto. No necesito muchas razones para hacer lo que hago. Prefiero cerrar mis ojos en el plomo y dejarme llevar. Desaparco de mi sitio en el parking de las quejas y los llantos. El aire sabe, sabe más que yo y que tú y me lo  ha demostrado muchas veces. Me despeina, me quita las ideas, me alivia su brisa cuando ando arrastrando los pies. 

Pero mi plomo no romperá el cristal. Podemos convivir. Sólo se trata de volar en un plano distinto. 

domingo, 25 de noviembre de 2012

Física



Explotó el globo
la brisa me hizo llorar, 
tanto secó mis ojos el soplo, 
que tuvieron que llorar más. 


martes, 20 de noviembre de 2012

Con quien me cruzo




Me lo he cruzado varias veces. Casi cada día. En el paso de cebra de la farmacia, en el lado ancho de la acera, sentado en algún banco. Siempre con un pitillo entre sus dedos, la cara ajada y los ojos hacia abajo. No contará más de 35 años.

La primera vez que le vi fue en ese bar al que fui con mi padre a comer algo rápido antes de su reunión. Ese bar al que han cambiado el nombre tantas veces. Ese bar que cada vez gusta menos. Hay una barra, comida estándar, camareros agradables, y una máquina tragaperras. Ahí le vi, sentado, jugando. Sólo se movía su brazo, tocando botones y metiendo monedas. Sus ojos estaban clavados en las ruedas que daban vueltas, y le enseñaban fracasos. "Otra vez será, chaval". Al poco, salía, fumaba en un minuto escaso, y volvía a su labor. Así el rato que estuvimos. Así los ratos en los que he estado en ese bar.

¿Le habrá tocado la lotería? ¿Se habrá muerto su familia? ¿Trabajará con dinero negro? Cómo puede alguien empeñar sus días en dos vicios tan caros y seguir vivo.

El bar tiene un cristal, y a veces, cuando paso, le veo y  me ve. Su expresión es extraña. Nunca me ha dado tiempo a saber cómo es. Por razones obvias de educación, y porque con mirarle un poco me basta para sentir frío. Que yo puedo ser idiota, pero las cosas no son por casualidad. El día que hablemos él y yo, veréis. Sé que tiene algo que decir, no a mi, en general,  pero lleva mucho tiempo callado. Espero que algún día hable, respire, y se vaya lejos, aunque sea un poco más de la calle general de esta ciudad

sábado, 17 de noviembre de 2012

Diario de una avería, día 1



Nos hemos quedado sin gasolina. Llevábamos horas sin hablarnos, pero se podía llevar con música de fondo, con el viento, con el sonido del motor, qué se yo. Ahora toca bajarse del coche. Has soltado dos tacos mirando la luna del coche. Con la mano aún en el contacto, tu mano izquierda agarrando el volante y más tarde tus rizos negros. Y yo mirando, de reojo y a ratos. Sólo a ratos. Después hago como que miro el maldito elefante azul, que se balancea en el retrovisor, ajeno a todo.

Si tenemos que hablar, que sea de cuestiones técnicas. Qué falta en el motor, por qué el coche ha muerto así de repente... Toca que me hables de cosas que no sé, como cuando nos conocimos y yo te miraba extasiada, admirando. Pero ahora te miro y me río. No sabes nada. Y tú también te ríes mientras nos sentamos en el suelo, apoyados en el coche. Por eso te quiero. Que tarde lo que quiera la grúa. Para mí, ahora, el tiempo, lo de menos.

Agua


Con el agua al cuello,
Pensamientos secos,
se escurren los sentimientos, 
Y en medio, flotando mi respirar. 




viernes, 9 de noviembre de 2012

Por tantas cosas

Se reclina en el respaldo y escucha, mientras ladea la cabeza y sus rizos negros caen sobre el hombro. Asiente de vez en cuando, y de repente, eleva el tono de voz mientras argumenta con fuerza. Sus ojos verdes se han abierto, y después de hablar, sigue pensando. Cuando pasa esto, las comisuras de sus labios se curvan un poco, su expresión hacia abajo, hacia dentro.

Lana, anillos y una risa a pleno pulmón. El centro de la ciudad está contento. Porque Marina pasea por sus calles y acaricia sus puertas. Café por las mañanas contigo, vino tinto por la noche para celebrar que vivimos. Nos van a echar de menos, las calles que nos han visto pasear y hablar de las tonterías más grandes, las plazas que nos han visto tomar helado y pasar el rato hasta asarnos de calor. Para ti, por tantas cosas.

martes, 6 de noviembre de 2012

Fuegos artificiales



Para ti

Fuegos artificiales y después, calma. 
El humo dibujando en el negro cielo
por dentro, sigue habiendo brillo
siguen el color, los fuegos. 

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Me han cambiado los ojos
tu sonrisa es diferente, 
los abrazos son de verdad
qué bien, qué bien verte.

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Hemos vencido, amigo
¿Cuándo hubo negro? 
¿Dónde están las palabras?
Me gusta decir: no me acuerdo

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Mis ojos sin escamas te dicen adiós,
Pero no he hecho más que saludarte
Hemos visto los fuegos, mirado al cielo
Te alejas, y cada vez se te ve más grande. 

Tierno


El árbol tenía frío y el musgo se apiadó.