viernes, 19 de octubre de 2012

Renacer premeditado

Los copos de nieve caen sin hacer ruido, a veces sin avisar.  Pero hoy sabía que caerían. A cero grados, en horizontal, sobre el césped, esperé. Y me cubrió toda. Apreciando mis lágrimas, las convirtió en cristal para que duraran más. Dulce mi dormir, sin ver más que negro, se fue apagando mi respiración.

No había temblor en mis manos. El sol iba a salir en cualquier momento. Y la nieve fue agua al rato, que se mezcló con la sal de mis párpados. La sangre se despertó de nuevo y el calor quemaba mi piel. Cuando mi boca dejó de ser azul, rompió a cantar.

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