martes, 11 de septiembre de 2012

Space

Cada vez teclea más fuerte. Sin darse cuenta, rellena hojas y hojas en la pantalla, mientras clicka para subir el volumen de la canción en otra pestaña, porque pasan los minutos y siente como si un duende virtual le robara sangre del volumen de "Youtube". Gotitas lentas caen de su frente a las letras N, V y "space" provocando una pequeña fuente al volver a golpearlas. Goofy se cansa de esperar algún mimo y deja que su dueño mantenga sú unica atención en el ordenador. Con sus patas peludas y suaves marca el paso fuera del salón, lanzando algún ladrido a media voz, casi como un gruñido. El joven se quita las gafas y masajea sus pupilas. Sigue tecleando un poco más, ya más calmado, mientras gira la cabeza para hacerla crujir. Sonríe, cada vez sonríe más anchamente, y al final estalla en una carcajada mientras se recuesta en la silla negra y bebe un buen trago de mojito, con más hierbas que líquido.
En la pantalla, todas las páginas eran una sucesión de letras sinsentido, agolpadas, con espacios, entre paréntesis sin cerrar, con signos incoherentes. Por cada letra, eliminaba un consejo envidioso del trabajo. Por cada frase, el estrés iba menguando. Cuando pensaba en su enfado, la discusión y el paro, tecleaba más fuerte. Por su mujer... espacios sin control, huecos en blanco. Una rabieta, unos caracteres que habían calmado a la bestia. Un trago más, y el chico comienza a pensar. Al rato el ordenador se duerme, agotado, y su luz se apaga gradualmente. Al mismo tiempo, los párpados van tapando unos ojos marrones y la mano baja a nivel de suelo, ofreciendo las últimas gotas a un Goofy que agradece la amabilidad de su amo.

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