sábado, 10 de diciembre de 2011

En el hueco de un suspiro



Todo parece más desierto ahora. El silencio suena a muerto y mi mente está entrando en un sueño, como si quisiera escapar de la realidad. No te dejes caer. No tengo frío, tampoco calor. Hoy la luz del sol me molesta. Junto las cejas con expresión seria mientras aprieto la boca. Boca bien cerrada. Hoy los niños no me dicen nada y los mayores me resultan un incordio. Hoy me siento menos, como si me hubieran amputado una pierna, como si me hubieran pegado un guantazo. Mi corazón se ha movido, llevaba tiempo apoltronado. Pero ya basta, traidor de color rojo. Como si te hubieras dislocado, te he devuelto al hueco de antes, aunque duela el proceso. Las calles están sucias. Chicles, bolsas de plástico insulsas y alguna moneda en la acera. Abrigos de todos los colores. Cada cual más feo. Ya la gente no huele a perfume, o será que ya no alcanzo a olerlos. Sé pocas cosas, cada vez menos.

Como aquél planteamiento que entre risas me decías "a más queso, más agujeros, a más agujeros menos queso. Entonces... a más queso?". Si, así me gusta, menos queso. Cuanto más sé, menos sé. Me doy cuenta. Y no quiero hablar, por eso aprieto mis labios. No por frío, que ya he dicho que no tengo. Simplemente, hay algo que no sé donde meterlo. Quizá ese algo es simplemente tristeza embotada, que quiere llenarme y acurrucarse, un buen rato, un rato largo. Ojalá hubiera un restaurante de esos que a veces he imaginado. Cuanta tontería. Nada más sentarme en la mesa, y poniéndome la servilleta: "un jarro de agua fría, para matar esta melancolía, por favor". O quizá, seguramente nunca entraría. Me apetece escucharte. Quiero conocerte. Todas tus obras de arte, todas tus creaciones... Quiero que al mirar el cuadro me diga lo mismo que a Ti. Porque me da la gana. Porque contigo el chicle gris de la acera, es lo que una niña de mofletes rosados masticó mientras decía a su madre "Mamá, ¿Por qué esta señora habla tanto?".

3 comentarios:

  1. Sin más. Tan solo una sombra en un mundo de luces. No quiero generalizar, atisbos con los que muchos se sientan ofendidos. Intentaré transformar ideas vagas en algo bello, muchas veces poco entendible, suponiendo un esfuerzo digno de admiración: traspasar el hilo de lo imaginario haciéndolo tan real, que empape de una sensación a todo aquel que se atreva a probar este dulce amargo.

    Nunca he creído en el poder de la indiferencia. Olvidar el fin y apartar todo aquello que se escape de la rutina. He aprendido a apreciar el valor de un intercambio de palabras sin querer vislumbrar ninguna conclusión, ningún cambio de opinión o, en definitiva, nada razonable. Dejar que hable el calor y sentir que todo tiene sentido. Como estar tumbado en la hierba con los ojos cerrados oyendo el agua caer, constante. Abrir la mente y dejar que fluya cualquier aliento. Una melodía en la que no puedes distinguir los instrumentos, pura armonía.

    Deja que tienda mi mano. Deja que por un momento no piense. Deja que me enamore de algo que ni siquiera sé si volverá. Ojala no hubiese despertado de ese sueño. Sentir como se encabrita y no poder controlarlo. “¡Dale rienda suelta!”, me digo en uno de mis múltiples diálogos. Y como un niño pequeño pongo mis mejores morritos al querer coger el mejor caramelo de la bolsa.

    Quien me lo diría.

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  2. Raindrops keep fallin' on my head
    But that doesn't mean my eyes will soon be turnin' red
    Cryin's not for me
    'Cause I'm never gonna stop the rain by complainin'
    Because I'm free
    Nothin's worryin' me

    (“Raindrops keep falling on my head”, BSO "Dos hombres y un destino")

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