domingo, 18 de diciembre de 2011

Héroes






Todo está quieto, por fin. Como el final de una pieza encabritada, mientras el director de orquesta cierra los brazos despacio. El ritmo frenético sólo permanece en mi respiración. Me dejo caer en la roca más cercana. E intento calmarme, a pesar del frio, el miedo, la lluvia y la flecha en mi espalda.

Todo por fuera es cada vez más borroso. Los árboles pronto son sombras y los sonidos llegan acolchados. La luna me guiña su ojo, llorosa. Mi cara reposa en la hierba, sobre el rocío de la mañana. El cielo gris parece oscuro, cada vez más. Y sin embargo, nunca ha habido tanta luz aquí dentro.

sábado, 10 de diciembre de 2011

En el hueco de un suspiro



Todo parece más desierto ahora. El silencio suena a muerto y mi mente está entrando en un sueño, como si quisiera escapar de la realidad. No te dejes caer. No tengo frío, tampoco calor. Hoy la luz del sol me molesta. Junto las cejas con expresión seria mientras aprieto la boca. Boca bien cerrada. Hoy los niños no me dicen nada y los mayores me resultan un incordio. Hoy me siento menos, como si me hubieran amputado una pierna, como si me hubieran pegado un guantazo. Mi corazón se ha movido, llevaba tiempo apoltronado. Pero ya basta, traidor de color rojo. Como si te hubieras dislocado, te he devuelto al hueco de antes, aunque duela el proceso. Las calles están sucias. Chicles, bolsas de plástico insulsas y alguna moneda en la acera. Abrigos de todos los colores. Cada cual más feo. Ya la gente no huele a perfume, o será que ya no alcanzo a olerlos. Sé pocas cosas, cada vez menos.

Como aquél planteamiento que entre risas me decías "a más queso, más agujeros, a más agujeros menos queso. Entonces... a más queso?". Si, así me gusta, menos queso. Cuanto más sé, menos sé. Me doy cuenta. Y no quiero hablar, por eso aprieto mis labios. No por frío, que ya he dicho que no tengo. Simplemente, hay algo que no sé donde meterlo. Quizá ese algo es simplemente tristeza embotada, que quiere llenarme y acurrucarse, un buen rato, un rato largo. Ojalá hubiera un restaurante de esos que a veces he imaginado. Cuanta tontería. Nada más sentarme en la mesa, y poniéndome la servilleta: "un jarro de agua fría, para matar esta melancolía, por favor". O quizá, seguramente nunca entraría. Me apetece escucharte. Quiero conocerte. Todas tus obras de arte, todas tus creaciones... Quiero que al mirar el cuadro me diga lo mismo que a Ti. Porque me da la gana. Porque contigo el chicle gris de la acera, es lo que una niña de mofletes rosados masticó mientras decía a su madre "Mamá, ¿Por qué esta señora habla tanto?".

viernes, 2 de diciembre de 2011

Un día más




Los coches hacen bailar de nuevo a las gotas de lluvia. Cháchara, todavía resuenas en mi cabeza. El sol vuelve a salir, esta vez tras un velo de nubes bajas, que calan los huesos. Abrigos de piel, agua en la punta de tus zapatos. Suena una canción, de esas que, parece, siempre has oído en segundo plano. Un hombre de negro, con sombrero y una guitarra a la espalda, tabaco mezclado con colonia. Y más, más agua. Vidas entre ladrillo y cristales, historias en un bloque. La concentración de un rostro bello en un par de hojas o tres, llenas de números y ecuaciones. Jerseys de lana, grecas y un pompón en lo alto de una cabeza que camina cuesta arriba, bolsa en mano. Invierno, frío y chocolate. La oscuridad abraza la tierra una vez más, haciendo que los cuerpos se abracen y los párpados se agachen. Una copa de vino y un himno al silencio. Buenas noches, hasta mañana si Dios quiere.