miércoles, 2 de noviembre de 2011

Espárrago




Para una persona con la que comparto lo más valioso que el hombre puede dar.

Imagino que tus ojos rasgados y oscuros lo observan todo. De aquí para allá, mantienes tus ideas y tu corazón bien alimentados. No sé si sigues cantando por la calle, en las tiendas y en la oreja de alguien que no sea yo. Sonrío y me pregunto si sigues mandando callar en clase, por muy grande que sea, con un sonoro "shh!"

Hoy, no me preguntes por qué, me he acordado de aquélla noche en que bajábamos la cuesta de la morea, como si los frenos de tu bicicleta nunca hubieran existido. Y de tu comprensión. Aunque fuera una tontería, posabas tu mano en mi hombro. Sobraban las palabras. Sin duda uno de los innumerables mejores fue el de la cafetería de bibliotecas. Todavía guardo el vídeo de ti intentando hacer silbar a un papel de caramelo.

Se mantiene viva en la memoria la manzana que íbamos comiendo a trozos. En clase todas las botellas son de agua, agua nada más. Nada de tés indios. Nada de bayas. Voy a comprar un globo de color carne, le voy a poner unas gafas verdes de pasta con pegatinas en las patas. Voy a ponerle una peluca ondulada y cortita, labios naranjas y que escriba con la izquierda, por supuesto.

¿Servirá? Qué pregunta más tonta.

Sé que me echas de menos. No, rectifico: sé que no puedes vivir sin mí. Pero estamos aguantando, lo estamos haciendo muy bien. No sé como harás tú, pero yo de momento tengo nuestras breves actualizaciones, notitas por doquier de estos dos años de amistad, y a ti en mi corazón. No es poco.

Por ti, brindo y me emborracho.

2 comentarios:

  1. Es extraño ver hacia arriba, al final de la clase y no ver dos portátiles juntos, que sólo dejaban ver dos melanas, una corta y otra larga. Ya no están los portátiles. Tal vez se deba a que compartían un mismo alimentador de energía y sin uno no funciona el otro. Las estrellas como los cometas muchas veces brillan por su ausencia.

    ResponderEliminar

Qué me comentas, verdura: