martes, 15 de noviembre de 2011

Noviembre


Dentro de poco sonará cerca de la leña, los bombones y las sonrisas. Lo único que me da miedo es que después me duela escucharla del buen recuerdo que va a grabar en mi memoria. Correré el riesgo.


Duermevela


El coche está lleno de polvo y el suelo es arena seca, muy seca. Bajo y me pongo mi mano de visera. El horizonte es un mar de fuego, la gasolinera que en su día fue roja. Ruedas deshinchadas duermen para siempre, unas encima de otras. Todavía hay manchas de chicle en la zona de asfalto. La veleta de vez en cuando se mueve, tímida y oxidada. Ruidosa. Un paso, dos, cierro los puños y me olvido del calor. Tengo frío y la piel de gallina. Una brisa y una carta, amarilla, limpia. Una carta para mi.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Ruido, silencio y lucha

Va pasando el tiempo. El reloj sigue su curso, impasible o indiferente, como se quiera ver. Las cosas comienzan a ser nítidas. Se vislumbra una historia. Hay un planteamiento, un sentido. Te tapas la boca, la cara y la vergüeza cuando piensas en éso que hiciste, en lo insensata que fuiste, en lo ciega que estabas. Te hundes en la silla. Pero te incorporas. Quieres saber más. Y recuerdas. En el daño que hiciste y en lo feliz que érais. En lo malo del correr y en lo cansado de andar sin dirección. No pensar, fuerza bruta por la boca. No apreciar la belleza.

¿Cómo puedes querer a alguien así? Te pregunto.

Es la sinceridad con uno mismo y el darse tiempo. Me faltábais, amigos. Me culpo y os culpo. Y ahora sólo busco perdón. Puedo seguir caminando. Pero al principio de ése raíl queda una silueta de mí. Se puede ver a través de ella. Es como el humo. Yo me voy alejando, pero yo soy ella al mismo tiempo. Siempre ahí, aunque de la sensación de desvanecerse en cualquier momento. Tic, tac.

No pasa nada, nunca pasa nada, sé que sonreiré por esto, hay cosas peores en la vida, apechuga, estás donde tienes que estar, lo estás haciendo bien. ¡Silencio!

Tira esa colilla, no sabes nada. Hay que ser fuerte. Hay que luchar por lo que uno pueda. Y en otras cosas, todavía no estás preparada. No compres un coche que no puedes empujar. Pero poco a poco. Pulgada a pulgada, como decía Al Pacino. "Porque la suma hará la diferencia entre ganar o perder, entre morir o vivir".

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Espárrago




Para una persona con la que comparto lo más valioso que el hombre puede dar.

Imagino que tus ojos rasgados y oscuros lo observan todo. De aquí para allá, mantienes tus ideas y tu corazón bien alimentados. No sé si sigues cantando por la calle, en las tiendas y en la oreja de alguien que no sea yo. Sonrío y me pregunto si sigues mandando callar en clase, por muy grande que sea, con un sonoro "shh!"

Hoy, no me preguntes por qué, me he acordado de aquélla noche en que bajábamos la cuesta de la morea, como si los frenos de tu bicicleta nunca hubieran existido. Y de tu comprensión. Aunque fuera una tontería, posabas tu mano en mi hombro. Sobraban las palabras. Sin duda uno de los innumerables mejores fue el de la cafetería de bibliotecas. Todavía guardo el vídeo de ti intentando hacer silbar a un papel de caramelo.

Se mantiene viva en la memoria la manzana que íbamos comiendo a trozos. En clase todas las botellas son de agua, agua nada más. Nada de tés indios. Nada de bayas. Voy a comprar un globo de color carne, le voy a poner unas gafas verdes de pasta con pegatinas en las patas. Voy a ponerle una peluca ondulada y cortita, labios naranjas y que escriba con la izquierda, por supuesto.

¿Servirá? Qué pregunta más tonta.

Sé que me echas de menos. No, rectifico: sé que no puedes vivir sin mí. Pero estamos aguantando, lo estamos haciendo muy bien. No sé como harás tú, pero yo de momento tengo nuestras breves actualizaciones, notitas por doquier de estos dos años de amistad, y a ti en mi corazón. No es poco.

Por ti, brindo y me emborracho.