miércoles, 28 de septiembre de 2011

Caracol, col, col



No sé bien cuánto tiempo estuve ahí, tumbado, mirando al caracol. O más bien, la casa del caracol. Intentaba hacerme el distraído, con una mano en el bolsillo y la otra meciendo a mi yoyó, sin mirarlo más que alguna vez, de reojo. Aunque dentro de su casa redonda, parecía verme, pues sólo cuando me alejaba mucho, empezaba a asomar sus ojos largos color de alga. Cansado del juego, probé con otra técnica. Me acercé y canté esa canción, que oía siempre a mis hermanas. Pero no había sol. Qué absurdo, el caracol no es tonto. Además, como salga y vea que no hay sol, se enfadará y no volverá a visitarme nunca, como aquélla vez que apareció en mi mano, cuando desperté en la cubierta un día de lluvia. Después de mucho cantar, prefiero dejarle dormir. Igual no le gusta como canto. Como mañana no salga, lo aplasto.

5 comentarios:

  1. ¿Quién es María L.? ¿Dónde está Mary Lach? Carrot cambiando de nombre... bueno. Además, cambiando de tema, sí de tema, jaja. Bien. Por cierto, esto demuestra que hay más de una supuesta neurona congelada por culpa de la ventana o de la disposición de la cama.

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  2. hay mil maneras de que el caracol salga!!jaja(babas jejejeje) no lo aplastes todavía jejeje

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Qué me comentas, verdura: