sábado, 7 de mayo de 2011

Finisterre



Me acabo de acordar. Ha sido al comerme esa zanahoria, olvidada entre frutas y otros recuerdos.

No,no. Ha sido porque estaba sonando esa canción que empieza con temblorosos acordes de un piano vestido de polvo y negro. Te he visto conmigo, mirando las ardillas, a través del silencio y de las rendijas de un baúl de mimbre roto, y de juguetes efímeros. La ardilla se acercaba, palmeando el suelo a la vez que nuestro corazón. Pero éramos impacientes. Yo lo era. Tú mantenías la mirada fija en aquél animal, pequeño, imitabas su sonido.

Dos vasos vacíos por la mañana. Huele a tabaco y alcohol. Sonrío. Fue un día de no olvidar, de confesiones y prometernos no abandonarnos nunca. Primas, hermanas, que más da. Dos almas gemelas, dos corazones unidos por la edad, la risa, los más y los menos, especialmente juntas en los menos.

Un abrazo, una torta, miradas heladas, y sonrisas interminables han pasado de una raqueta a la otra, y siempre seguirán bailando. Y no quiero cambiarlo. Porque me gustan los enfados. Acuérdate, cuanto más grandes son, más bellas son las reconciliaciones. Sí, verdaderamente, la vida está muy bien hecha.

Barney,hach, llorar por nada y por todo, reír por algo que sólo tu y yo entendemos. Que batallemos cada una nuestros complejos, esos que siempre resultan absurdos, pero humanos en definitiva. Y luchar juntas, aunque cada una contra un mostruo distinto. Ofrecer el hombro, compartir lo bello. Déjame levantar esa copa, y... yo que sé. Brindar porque nos queremos.

2 comentarios:

  1. Qué tierno.....me has hecho retroceder muuuuuchoooos añoooossss.Gracias Amore!!!

    ResponderEliminar

Qué me comentas, verdura: