lunes, 11 de abril de 2011

OPEN DOOR

Otro ramo de rosas. Otra carta de pocas líneas, que pesa tanto. Me abrocho el botón de la americana, mientras me acerco a la puerta con la pintura desconchada. Tiene que acordarse de mí. Por fin la he encontrado.

Pero ha pasado mucho tiempo. Quizá esté casada, quizá haya muerto, quizá la dirección es falsa y he pagado bocas hambrientas a las que les da igual lo que se aleje un poco de sus dientes. Obvio, por otro lado. Y quizá...

Aplasto pesadamente mi cabeza contra la pared, mientras observo las tuberías que se retuercen, como mis pensamientos. Un impulso para darme la vuelta y enfrentarme a la puerta que me separa de mi sueño. Es el quinto día que me acerco al número 7, el quinto en el que todo lo grande que me estaba haciendo se esfuma, mis palabras me vuelven pequeño. Y otro día más bajo el nudillo, miro al suelo y dejo el ramo de rosas en el felpudo, que no tiene la culpa de que yo no me sienta bienvenido. Miedo, me estás matando. Se supone que el amor es más fuerte que tú.

Pero aquél día se abrió la puerta detrás de mi. Y me arrepentí de todo. Qué tonto. Su sonrisa era la puerta mejor abierta que se ha visto nunca. Estoy seguro.

Perdón, gracias, te quiero.

1 comentario:

Qué me comentas, verdura: