jueves, 24 de marzo de 2011

Ready to live?




El blanco se extiende ante ti. Una brocha en tu mano y un bote lleno de color.

Se oyen ruidos a ratos. Ruidos que se agrandan cuando cierras los ojos. Llevas tiempo imaginando esa obra de arte en tu cabeza, pero las garras del monstruo de tus miedos se han metido entre tu piel. Te mantienen rígida, no te dejan extender el brazo ni levantar la voz. Las arenas movedizas de tus complejos hacen que tiemblen tus pies finos y los malos recuerdos se alzan, borrándote la sonrisa y dibujando arrugas de tristeza en tus ojos.Lloras. Pero las lágrimas queman y te hacen pensar. Darte cuenta de que algo no va, de que alguna piececita de ti tiene que cambiar de dirección.

Bajas los brazos, y te preguntas quién domina a quién. Si ese lienzo está determinado a estar blanco siempre. Llora, llora más si te hace volver a ese sitio en el que nunca habías estado. Y mira, ahí estas.

Ahora mira al frente. Pinta. ¡Pinta! Hasta que no pintes no sabrás quién eres. Los ruidos están desatados, te cantan los dramas más tristes, intentan torcer tu gesto. Lentamente, tus lágrimas se secan mientras metes el brazo en el bote de pintura. La confianza del azul de aquéllos recuerdos y tu fe se chocan con la energía roja. Salen gotas de púrpura que salpican tu cara. Romántica, creativa, sigues pintando y empapando la brocha. Sigues viviendo. Creces, verde y más verde. Algunos pigmentos amarillos de la envidia y el rencor, pero entonces se combina con los demás y sale el oro. Fuerza. Y vuelves a cerrar los ojos. Ves negro, el negro de un silencio que amas y al que no tienes miedo.

Para que gritemos cuando haga falta, para amar siempre y para dar ese paso que nos impide el miedo, para darlo con más fuerza todavía. Es el paso de la victoria, el golpe de tu éxito, para que seas el dueño del ring.

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