lunes, 28 de febrero de 2011

Una balada absurda


Para Holden

En la soledad de la noche, cantabas a mi oído, sacando de mi los acordes más bellos. Uno tras otro, los ibas uniendo. Y de repente, te parabas disfrutando del silencio. Mis cuerdas dejaban de vibrar, cayendo en un sueño para luego despertar al igual que tus ojos, que perseguían esa melodía que tu alma gritaba desde dentro. Alguna vez volviste a dejarme en el rincón, contrariado, y observabas a la gigante luna, como si ella tuviera la respuesta.

En verano todos nos miraban extasiados. Éramos una pareja perfecta. Comenzaste a firmar sobre mi cuerpo. Los parches, los olores en mi madera y los rasguños, algunos de triunfo y otros accidentados. Todos merecían la pena. El calor de tu espalda me hacía saber que estaba bien mientras andabas. Mi ojo ha visto cientos de hogeras, ha escuchado demasiadas conversaciones, y todo lo he guardado en mi corazón vacío y resonante. Y de todo pareces haberte olvidado.

Ahora estoy sucia. El polvo y el abandono donde antes hubo brillo, las humedades del desván se posan en mis curvas donde antes tu mano descansaba entre inspiraciones y obras maestras. Llegarán las termitas, intentaré gritar. Pero no tengo voz, sin tus dedos estoy muda y ahora sólo puedo seguir escuchando. Desde la penumbra oigo una voz femenina que te roba más de lo que te sobraba. Si sólo con el corazón roto vuelves, que así sea, sé que es egoísmo, que es drama. Al fin y al cabo queda algo de la melancolía que metiste en mi caja vacía y pura, en aquéllas baladas adolescentes y que ahora llamas absurdas.

2 comentarios:

  1. La última frase es un magnífico colofón, Lach, su rima blanca hace de este escrito una auténtica maravilla. ¡Bravo!

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  2. Con Carlota...digo BRAVO!!
    Me recuerda a Juan Ramón Jiménez. Tienes algo de su estilo.QWué gozada cuánto me haces disfrutar.

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