jueves, 11 de noviembre de 2010

Más allá de los números



Se ha escondido. Me pregunto dónde la ha metido. Igual en el cepillo de dientes, olvidada en los últimos granos de azúcar de la cuchara, o tal vez en el viento de esta mañana, que está dando un paseo de la mano de árboles y de cabellos despeinados. Lo único que sé es que hoy la sonrisa no está en su sitio.

Sentado justo en diagonal,me deja observarle. Puedo contar las veces que levanta los ojos del papel, con expresión seria, que no concentrada. Normalmente se levanta cada rato para merodear por ahí y saludar entablando conversaciones agradables. Hoy no. Se frota las sienes, pero sé que no es el cansancio. Intenta reunir todos ésos fantasmas que revolotean, intenta ponerles nombre. Luego baja la mano, rápido, como queriendo espantarlos. Aunque cada vez hablamos más, no tengo la confianza para preguntar. Intento tranquilizarme, pidiéndo que el aburrimiento le aplaste la cabeza y le haga salir de la sala, aunque sólo sean unos minutos.
Solemos reír. Me da miedo lo que me conoce en tan sólo unos meses. Pero es un miedo que me gusta, me da seguridad. Me atrevo a calcular y me doy cuenta de que yo también le conozco algo. Eso creo... Ay, nosé. Intento concentrarme en los números. Aburridos, tremendamente aburridos. Ahí, quietos, sin decir nada. El ocho se cruza de brazos y el siete está de perfil, huyendo de mis ojos, parece que no van a entrar hasta que me levante de la silla y solucione lo que realmente ocupa mi mente. Levanto la cabeza para bostezar mejor y me doy cuenta de que él acaba de terminar de hacerlo, frotándose los ojos.

Salgo a por un zumo de naranja. Después de pelearme con la máquina y de volver con un batido de chocolate no deseado, me lo encuentro en el pasillo. Su respuesta cuando le pregunto directamente, es que está cansado. Ya, y yo desayuno puros con leche condensada. Giro la cabeza mientras le miro, como si desde otro ángulo fuera a ver algo nuevo o iluminador, pero está claro que lleva puesto un yelmo de acero sobre la cabezota, y que no me lo va a decir. Bueno, no soy quien para decirle lo que tiene que guardarse y lo que no, pero si es dolor cuanto antes se vomite, mejor.

No compensa tragar cosas sin haberlas ni siquiera masticado. Y tiene pinta de que el chico se ha pegado más de un atracón esta semana. Unas palmaditas en la espalda, y giro sobre mis pies para volver a mis ahora sumisos números, que memorizo con el ceño fruncido. Al rato se sienta quitándose el abrigo, que respira tabaco por los cuatro costados. Me mira y sonríe. Al menos la muy pilla ha salido de su escondite, no tengo por qué preocuparme. No está mal, nada mal, digo mientras redondeo repetidamente el resultado de mi operación. Compruebo y correcto.

6 comentarios:

  1. Lach...creo q no lo trmino de pillar...!!jajaja

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  2. Mary qué enigma, se trata de alguien q conozco?...Es interesante...

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  3. sylvia ;) es medio enigma medio experiencia medio ficcion y medio observacion... un mix. gracias por las visitas!

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  4. Merylach (imagino que te llamas maria), te ha salido muy bien el eufemismo del puro con leche condensada, menuda picarona...

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  5. te aconsejo un lavado de cerebro con lejía. viene bien para las mentes sucias. =)realmente eres anónimo, te queda bien.

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Qué me comentas, verdura: