martes, 9 de noviembre de 2010

Lo que recorre un pensamiento




Sus ojos de carbón están puestos en la nada mientras sostiene el teléfono. Pregunta por ella. Al otro lado de la línea, la secretaria se lima las uñas mientras bosteza. Cerca, un chico repeinado con una gomina que no consigue ponerle un puñetero año más de sus escasos 17, come con sus colegas a poyado en una ventana, tras la que se aprecia el parque de entrada. Por él, la chica de falda corta y labios brillantes mira de reojo a cualquier sitio que le asegure un buen reflejo para su figura, desde las lunas de los coches de segunda mano del parking hasta cualquiera de las pintarrajeadas mamparas que rodean la zona de recreo. Gira la esquina donde un par de niños intercambian cromos en el suelo, rodeados de polvo. Un negocio en el que siempre uno de ellos sale perdiendo.

En otro grupo chicos y chicas ríen mientras se reparten globos de agua. En el baño, los papeles mojados cuelgan del techo regalando gotas de jabón al suelo embarrado, y cerca en una clase se juega con plastilina. Los colores se mezclan y a veces salen muñones grisáceos que acaban rodando en la papelera de plástico e infancia. En el piso de arriba huele a raíces cuadradas, y luego está el pasillo del fondo. En él cuelgan fotos de clases graduadas.Uniforme verde, pelos generalmente oscuros y caras poco fieles pero en cualquier caso inmortales. La época de exámenes es la madre de gritos histéricos, mal humor y discusiones absurdas. Hoy es miércoles, y en 2º de letras la gente espera al profesor de la última clase. El fin desemana, un enfado, opiniones, problemas, consejos y chácharas sobre nada en especial flotan entre carpeta y mochila. Y en una mesa cualquiera, ella apoya la mejilla blanca en su mano, al lado de un idiota que saca punta a un lápiz de mina rota. Y ella piensa, piensa en unos ojos negros y en la noticia que se esconde tras ellos.

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