martes, 16 de noviembre de 2010

Hielo



Está ahí, de pie, mirandome. Me río por dentro, me río de su truco de niños. Sé todo lo que pasa por su cabeza, sus gestos le traicionan, hace tiempo que le arranqué el escudo que ahora se apoya en la esquina del olvido y el recuerdo. Y no es porque sea listo, es porque la conozco. Y punto.

El daño es ya un puño que se arroja sobre piedra, las lágrimas se han congelado y sólo queda un duro hielo y frío, un helador cinismo del que me siento orgulloso en mi penosa silla ocre. Y sé que a ella no le importa. Ha estado a tiempo, y ha perdido el tiempo. De él solo queda una pasa oscura que no masticamos ninguno de los dos, y que descansa sobre el aburrido suelo, huérfana de casi todo. ¿Hay algo que se pueda rescatar entre todas estas hojas de otoño? Seguramente sí, todo es ponerse. Pero el tema es que no me da la gana. Mi cuerpo, mis ganas y mi orgullo me inclinan a mirarle con la expresión más neutra del cero absoluto. ¿Llora? Que llore, sólo me hace sentir más fuerte.

Me levanto de mi sitio, paso por delante y la ocasión me regala una sonrisa, que ella sabe igual que yo, es de plástico. Pero entonces el frío de mi mano al tacto de su suave brazo siente morir. Me retiene y yo enfadado descubro que mis ojos, que no la miran, lloran de nuevo. Me está pidiendo el cielo, me pide una palabra que mi boca se niega a crear en este aire cargado de blancos, negros, azules...sus ojos como el cielo aplastan el mio, me abren uno nuevo, que curiosamente... es el que tanto echaba de menos.

4 comentarios:

  1. me encanta... cunatas veces nos escondemos en esas sonrisas de plastico... xq es?¿por nuestro bn?por el suyo?o simplemente x no sufrir o por educacion?¿mu wena!!

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  2. gracias michu, =) creo que por todas ellas.

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  3. Lo mejor es hacer borrón y cuenta nueva, olvidar el pasado aceptándolo, para que esas sonrisas no sean forzadas...

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