miércoles, 9 de junio de 2010

Cuando me siento


Es mi paseo favorito. Cada tarde me sorprendo más de lo que me gusta el juego de luces proyectado en la piedra del paseo, la fuente que emana un chorro dorado propio de las siete de la tarde, y los bancos blancos a cada quince metros, que enseñan el inmenso mar. El tabaco, apelmazado a causa de la humedad, es de un oscuro hipnotizador.

Enciendo la pipa, despacio, mientras escruto la orilla con ojos cansados, que se han parado en un par de niños. Con pantalones cortos de tirantes y gorra redonda con visera de color ocre, juegan con su perro gris. No paran de reír. Son como las personas mayores, sólo que éstas ríen por dentro. Me recuesto en el asiento de madera. Si, es cierto, cuando pensamos en el anciano, nos vienen las quejas a lo nuevo, la autoridad, las manías...pero eso es sólo el tiempo y sus secuaces. En realidad, los viejos somos nosotros, soy yo, el jovencito.

Sonrío mientras encajo la pipa fuertemente entre mis dientes, estirando los brazos. Lo sé, tenemos un corazón pequeño, el pobre s ha acostumbrado a recibir, recibir y recibir. Y no le hemos enseñado a dar. Tiene un miedo atroz a darse, tiene miedo al fracaso, pero en realidad sé que su mayor pérdida es quedarse sin jugar, sin apostar por nada. Porque, a ver ¿qué es una vida si no se entrega? Me encanta filosofear, soltar palabrejas complicadas o sentenciar, pronunciarme apoteósicamente entre mis colegas, desgraciadamente una negación es más convincente que la afirmación bondadosa de muchas cosas. Pero a la hora de actuar... qué cobarde he sido. Todos nosotros soñamos con la libertad. A veces parezco idiota. De verdad que sí. Sé demasiado bien, que la libertad está hecha para darla, sino no vale ni el cordón de mis zapatos sucios. La confundo con el egoísmo caprichoso, que sólo obedece a mis instintos más inmediatos. Ydespués, ¿qué? Llorar, hacernos los que no entendemos nada, que la vida es injusta, que a unos tanto y a otros tan poco... Era todo tan fácil, y nos empeñamos en hacerlo todo más complicado, hasta que se vuelve en nuestra contra, entonces alzamos los brazos, ofendidos. Todavía no he conseguido echarme la culpa de muchas cosas.

Pero todo esto me gusta. En una mano tengo mis errores, y en la otra las oportunidades. He aprendido, ya sean muchas o pocas cosas. Aún así, noto que estoy nervioso, el tiempo no perdona, y tan pronto tengo veinticinco como tendré cincuenta, se habrá esfumado más de la mitad de mi vida. Todavía puedo rescatar esas personas a las que quiero, decirle a ella que la quiero, y escribir el resto del libro que tanto me gusta. La entrada de la noche me enfría la cabeza. A ver, yo... ¿a qué tengo miedo, todas esas veces que mis pies, mi lengua o mi cabeza se han parado en seco? Miro mis manos. La vida está cobrando un sentido diferente, de repente vale más que nunca. Es un regalo enorme que me ha puesto en estas dos manos.

Estoy solo, sólo si quiero. Soy mi único miedo. Me levanto lentamente, escuchando la melodía sorda de un acordeón en la lejanía. La última humareda de mi pipa huele distinto. Bajo una tormenta de verano, corro en la victoria de ser el dueño.

5 comentarios:

  1. Tiene un miedo atroz a darse, tiene miedo al fracaso, pero en realidad sé que su mayor pérdida es quedarse sin jugar, sin apostar por nada.

    Aquí está lo complicado de la vida !!

    como siempre... inmejorable. Enhorabuena a las 2.

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  2. POR FIN ME METO EN LOS VEGETALEEEEEEEEEEEEEEEEEEESSS!!!!!!!!!!1

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  3. Muy buena mery! Por un momento se me ha venido a la cabeza el mito de lo viejo y lo nuevo y el libro de las "últimas notas para la humanidad de..."

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  4. siii es tal cual, cuando habla de las manias del mitico viejo. a mi me encanta la del violin, aunke no aparezca registrado el comentario que te he puesto..

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