lunes, 10 de mayo de 2010

Desde mi peldaño




Era uno de esos días en los que el sol comienza a estar justo arriba, calentando las coronillas. El ceño fruncido, además de proteger sus ojos oscuros, cargaba con pensamientos espesos , de frases largas, con puntos suspensivos.


Preguntas y más preguntas. A la puerta de exámenes finales, no salía de la biblioteca más que para fumar, llamar o abandonarse en un diálogo fácil. Hasta aquéllas dos semanas se había olvidado de lo que era estudiar enserio, con presión y peso. Sentía sus neuronas en funcionamiento, y el despertar de continuos porqués que buscaban una respuesta. En cuestión de minutos, su cabeza rascaba filosofías profundas para luego irse a los pensamientos más vagos y absurdos, en un popurrí de ideas.


La biblioteca estaba casi desierta. Los inteligentes y los bobos con suerte estarían disfrutando de una piscina propia del mes de Junio. Y ahí estaba ella, carpeta en la mano y lápiz en la oreja. Miraba algún punto por encima de las montañas, sin ver nada más que su pintoresca desgracia. Prefería reírse de su suerte antes de que ella. La burla sería insoportable. ¡Si al menos hubiera sido aquélla asignatura gorda y difícil! Tendría más sentido, pero no, era la más fácil, predadora de la gente confiada.


El sentido le lleva a pensar qué cosas de su vida llevan ese apellido; de ahí a darse cuenta de los resultados, de su desgracia o de su simple pesimismo. Y llegó a la frontera, cambiar su modo de pensar. Menuda estupidez. La comodidad aprieta sus neuronas y no le deja pasar, a ese mundo que atisba. Puf, ese otpimismo es demasiado alegre, parece ruido, no es real. Pero a saber qué entiende ella por real. Se ríe, ocultando su sonrisa en el hombro turquesa de gasa.


Y bueno, no pasa nada por atisbar un poco ese mundo que a veces ve y desprecia. La cabeza entre las manos, y los ojos bien abiertos. Si, hay más gente que ella en el mundo. A su lado hay una chica, sentada un peldaño más arriba. Escribe sin levantar los ojos de un folio color ocre. Qué color más feo. Sacude la cabeza y mira a su izquierda. Dos chicos fuman despacio, visten con el mismo estilo. Además se parecen. Sí, deben ser hermanos. Hablan de un partido de fútbol(Qué típico) de una serie de humor de la que se ríen demasiado alto (¿Se puede ser más patético?) y del jersey que su madre ha encogido al más guapo de ellos. Poco a poco se empieza a dar cuenta del color de sus pensamientos y de la tonalidad de sus opiniones. Son tan... ¡Grises!
Pero por hoy ya ha visto demasiado. De repente la idea de volver a los apuntes llenos de números se hace más agradable. Se levanta con los pies ardiendo, pero más ligeros. Poco a poco. En el fondo sabe que lleva tiempo intentándolo, y detrás de un paso hay otra baldosa. "Bah, que el optimismo me espere sentado, un rato".


6 comentarios:

  1. Mery...!!muy gracioso! La verdad es que no sé porqué pero me he reído mucho!Sigue así!que sepas que lo voy siguiendo eh!?1bs!

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  2. =) martita es lo mejor que podia pasar con la entrada!

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  3. "En cuestión de minutos, su cabeza rascaba filosofías profundas para luego irse a los pensamientos más vagos y absurdos, en un popurrí de ideas"

    Creo que este pequeño relato es el mejor reflejo de exámenes que he leído en mucho tiempo.

    ¡Ánimo con lo que queda!
    Un saludo!!

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  4. gracias raquel! y pr cierto QUIERO el nombre de tu blog!!

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  5. Hay muchas historias que se pueden contar de conversaciones en las escaleras de la biblioteca... Ojalá pongas alguna más, que están bastante bien.

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  6. jaja la verdad es que si, a veces me encantaría sacar ese tiempo que todos buscamos y nadie sabe dónde está, para escribir el arte de la gente normal...

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